Imagen de Ximo Puig tras ser investido presidente - ROBER SOLSONA
Política

Ximo Puig, investido presidente de la Generalitat con los votos del PSPV, Compromís y Podemos

El dirigente socialista formará el primer Gobierno tripartito de la historia de la Comunidad Valenciana

La sesión ha estado marcada por los reproches de Mónica Oltra, un crecido Toni Cantó y un polémico debut de Vox

ValenciaActualizado:

«Final feliz». Así resumía un destacado dirigente de la izquierda la jornada de este jueves en las Cortes Valencianas. Tras semanas de negociaciones entre PSPV, Compromís y Podemos-EU, con ruptura incluida, el socialista Ximo Puig ha sido investido presidente de la Generalitat con los 52 votos a favor de estas tres formaciones frente a los 47 en contra del PP, Ciudadanos y Vox. Reedita así su mandato y formará un Gobierno tripartito por primera vez en la historia de la Comunidad Valenciana junto a Compromís y Podemos, que ocuparán sendas vicepresidencias.

«Ya respiramos tranquilos», se comentaba entre las filas del PSPV al acabar. Y es que hubo un momento durante los últimos días en el que temieron que el resultado de la votación no fuera favorable y tuvieran que recurrir a una segunda vuelta. La causa era el bloqueo del pacto entre el tripartito, que llegó a su punto álgido el pasado martes por la noche. Faltaban pocas horas para la sesión de investidura prevista inicialmente el miércoles, que se tuvo que suspender 24 horas hasta hoy pese a haber cerrado el pacto previamente, con el que se cedía una vicepresidencia a Podemos.

Los enfrentamientos por el reparto de poder -pese a haber hecho hincapié hasta la saciedad en que lo importante era el contenido del acuerdo- se unían a otros problemas como el deterioro que se percibe en la relación entre Ximo Puig y Mónica Oltra después de que el primero decidiera adelantar las elecciones autonómicas con su socio Compromís en contra.

El discurso de la vicepresidenta del Consell ha sido la confirmación de la interpretación de que el retraso en la investidura de Puig era una forma de «venganza» y de muestra de fuerza. En este sentido, se ha atribuido la «lealtad» dentro del Gobierno -«a diferencia de ustedes», le ha faltado decir en voz alta- evidenciando que todavía no ha olvidado el anticipo de los comicios. «La lealtad es cerrar filas, cubrir las espaldas siempre, buscar el sí hasta la extenuación y discutir el no. A veces un silencio con los dientes apretados. Es decirse mirándose a los ojos lo que uno piensa, especialmente las decisiones importantes», ha afirmado, en referencia a este hecho.

Oltra ha pedido asimismo extender el Pacto del Botánico entre las fuerzas de izquierdas a municipios como Sueca u Oliva. La solicitud ha tenido respuesta casi inmediata, y PSPV y Compromís mandaban un comunicado esta tarde para advertir de que expulsarán a aquellos concejales de sus formaciones que reciban el apoyo de un partido de la derecha para lograr alcaldías.

Imagen del grupo socialista en las Cortes Valencianas
Imagen del grupo socialista en las Cortes Valencianas - ROBER SOLSONA

Previamente al discurso de la líder de Compromís, tenían lugar los del PP y Ciudadanos. En el primer caso, la portavoz, Isabel Bonig, ha tratado de reflejar su ubicación en el centro-derecha del nuevo hemiciclo -en el que ha entrado Vox- después de que en numerosas ocasiones durante la pasada legislatura Puig le recriminara que se situaba en un extremo de la derecha. Así, ha cargado contra el «pacto de sillones» y el «juego de tronos» del tripartito «que va a costar mucho dinero» por la «superestructura» de Ejecutivo que han creado (de diez a doce consellerias).

La síndica popular ha bromeado con la «vicepresidencia verde» otorgada a Podemos -«creía que entraba Vox»-, a los que ha criticado. «Lo importante era visualizar el poder y el tamaño del sillón. ¿Pero no venían a rescatar personas?», ha espetado a los morados. Igualmente, ha avisado a Puig de que será «rehén» los próximos cuatro años de la confluencia, de «los comunistas de toda la vida con iPhone». En el capítulo de la gestión, le ha recriminado las listas de espera sanitarias, los impuestos, la falta de libertad educativa, el aumento de altos cargos o la creación de agencias. El presidente de la Generalitat ha aprovechado su réplica para echarle en cara que es la «responsable» del «peor resultado electoral de la historia del PP valenciano».

Cantó, protagonista de la oposición

Posteriormente le ha tocado el turno a un Toni Cantó crecido y en ocasiones chulesco que ha arrebatado el protagonismo a Bonig, ha generado complicidad entre los populares y ha desquiciado al tripartito, cuyos miembros se indignaban en la bancada y sus simpatizantes comentaban la jugada en redes sociales. El portavoz de Ciudadanos ha repartido a todos. Desde el PP por la corrupción al PSPV por el caso Alquería, el «despilfarro», el «enchufismo», la gestión de À Punt o por «dar alas al nacionalismo». También ha reprendido a Puig por no reivindicar la financiación justa con Pedro Sánchez en el Gobierno central.

Uno de los momentos más polémicos ha sido cuando ha entrado en la «imposición lingüística» del valenciano por parte del Consell. «Miguel Hernández no hubiera podido publicar porque no hubiera tenido ni una sola ayuda por hacerlo en castellano, y tampoco podría haber estudiado en esta lengua». «Quienes no le dejaban publicar son algunos de sus socios», ha respondido Puig en su réplica.

Cantó se ha enfadado cuando el presidente de Las Cortes, Enric Morera, le ha pedido que debatiera con Puig y no con otros síndicos -«yo debatiré con quien me dé la gana», le ha contestado- y le ha preguntado al jefe del Consell con qué Ximo Puig se va a encontrar en esta legislatura: «¿Con el que nos llama extrema derecha o con el que nos da la alcaldía de Alicante a cambio de que los apoyemos en la Diputación?».

Rubén Martínez Dalmau, Ximo Puig y Mónica Oltra
Rubén Martínez Dalmau, Ximo Puig y Mónica Oltra - ROBER SOLSONA

Ya por la tarde ha llegado el turno de Podemos y de Vox. El portavoz de los morados, Rubén Martínez Dalmau, ha realizado un recorrido por la historia de Podemos, ha prometido aportar «sentido crítico» al Botánico II con el reto principal de «construir un proyecto real de país y, como aspiración, que el Consell tenga «una posición clara y firme ante las multinacionales interesadas en asentarse en el territorio valenciano».

El discurso de Vox ha sido, sin duda, el más comentado. En su debut en las Cortes Valencianas, la portavoz, Ana Vega, ha afirmado que no están aquí para unirse a los «consensos de amiguetes» del actual Gobierno, sino para combatir «el marxismo cultural y las ideas que lo sustentan» y para «desmontar este chiringuito autonómico», con un aviso: «Vox no es el PP». Una afirmación que en la bancada de los populares generaba algún gesto de alivio.

En materia lingüística, ha aseverado que el valenciano es «el caballo de Troya» con el que «socialistas, comunistas y nacional-socialistas valencianistas» transmiten su ideología, pero ha alertado: «Se acabó la paz del corral». En cuanto a inmigración, ha indicado que acoger el buque Aquarius fue encender «irresponsablemente la mecha del polvorín de la inmigración ilegal», y ha dicho que para la izquierda los inmigrantes «ilegales» son «todos bienvenidos, pero ninguno acaba acogido en sus casas». Sobre feminismo, ha cuestionado las leyes «de ideología de género» y que se «criminalice al 50% de la población simplemente por haber nacido hombres». Ha criticado, del mismo modo, las políticas de Memoria Histórica.

«Me duele en el alma una parte de su intervención. Esto no es un corral, es el Parlamento valenciano, y nunca se había oído lo que se ha oído hoy sobre la inmigración. Lo que ha dicho usted ha hecho mucho más daño a la democracia que todo lo de esta mañana», ha remarcado Puig después. «¿A usted le daría igual la Memoria Histórica si su abuelo estuviera en una fosa?», le ha cuestionado. A lo que el diputado José María Llanos ha saltado desde su escaño. «¡A mí sí! ¡Yo lo tengo!».