Isabel Bonig y Alberto Fabra, este domingo en la sede del PPCV
Isabel Bonig y Alberto Fabra, este domingo en la sede del PPCV - MIKEL PONCE
Tras el 28A

Ciudadanos disputa al PP el liderazgo de la oposición en la Comunidad Valenciana

La tensión interna en los populares no augura por ahora una salida de Isabel Bonig

VALENCIAActualizado:

Los resultados de las elecciones en la Comunidad Valenciana dejaban el domingo como claro perdedor al PP, que no se recuperaba de la anterior cita con las urnas. Con el batacazo de 2015 perdían el poder en las grandes instituciones y municipios en un territorio en el que habían sido la fuerza hegemónica durante 20 años. Partido de mayorías absolutas históricas, el goteo continuo de casos de corrupción, la desmovilización y fuga de su electorado y la irrupción en el panorama político de otras marcas les pasaba factura.

La situación tuvo consecuencias a nivel interno. Isabel Bonig relevó en la presidencia a Alberto Fabra y cogió las riendas del partido en un complicado momento, como ella misma ha admitido en multitud de ocasiones. A ello se le sumó el estallido de escándalos como el caso Taula, que todavía ahondaría más en la herida. La reconstrucción no ha llegado a ser completa en todo este tiempo pese a los intentos de Bonig, quien incluso se llegó a plantear la refundación del PPCV en 2016 pero Génova le paró los pies. Aunque ha apostado por una renovación de los cargos y una presencia constante en las sedes y los municipios, ni este trabajo ni la contundencia mostrada por la líder de los populares valencianos ante las malas prácticas -que le han valido numerosos disgustos internos- han resultado suficientes.

Aunque tras estas elecciones autonómicas se mantienen como primera fuerza del bloque de derechas, padecen la mayor caída de su historia en la Comunidad Valenciana, ya que cuando se presentaron por primera vez con sus siglas, en 1991, consiguieron 31 escaños (ahora tendrán 19 con poco más de medio millón de votos).

El pretendido pacto a la andauza con Ciudadanos y con Vox no podrá ser repetido en la Generalitat. Y a ello se une, por si fuera poco, otro elemento, y es el de la formación naranja. Su aumento de 13 a 18 escaños -con casi tres puntos más de apoyo respecto al obtenido por Albert Rivera- fue uno de los resultados más destacados de la noche electoral. Pasan a situarse, por tanto, a tan sólo a un diputado del PP, que hasta el momento ostentaba con una amplia diferencia el liderazgo de la oposición.

El escenario ha cambiado y ayer mismo Toni Cantó aprovechó para dejarlo claro. «Ciudadanos se ha consolidado como la verdadera alternativa al tripartito», destacó, achacado al «hundimiento» de los populares el no poder sustituir a la izquierda en el poder.

Con esta situación, la tensión interna en el PPCV se disparó en la noche del domingo. Muchas voces no ven suficiente que Bonig, en su comparecencia, atribuyera la victoria de la izquierda únicamente a «la fragmentación del voto de centro derecha». También comentaba que los dos bloques tienen «prácticamente el mismo numero de votantes» y auguraba un Consell «más sectario y radicalizado».

Sin movimientos

Ayer no hubo reacciones a la espera de una reunión hoy, pero fuentes consultadas no ven probable una dimisión de Bonig, quien ganó unas primarias en marzo de 2017 para presidir el partido. Aunque el estado de la formación es delicado, entienden que no existe otro perfil lo suficientemente legitimado como para sustituirla y que desde Génova no se forzará una salida puesto que los resultados de Pablo Casado son similares.

Aun así, como lectura de estos comicios, fuentes populares creen que se tiene que seguir dando un proceso para consolidar la regeneración y que también les ha penalizado el discurso llevado ante el miedo a Vox.

Precisamente esta formación irrumpe con 10 diputados en Las Cortes Valencianas. Ayer, su candidato a la Generalitat, José María Llanos, avisó de que, a patir de ahora, «la película no es la misma» y las «cosas van a cambiar pero en gran manera» en el Parlamento autonómico. En este sentido, remarcó que estarán ahí «para censurar, controlar y decir alto y claro lo que hacen mal» los miembros del Gobierno valenciano porque, según él, hasta ahora, «nadie les ha levantado la voz».