Teresa Giménez Barbat - Agenda Europea

Ultimátum a Cataluña

Al asumir esta figura de un «relator» en Cataluña, el Gobierno de Sánchez tocó fondo

Teresa Giménez Barbat
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El «relator» –en inglés «special rapporteur»– se refiere a una figura mediadora endeterminados conflictos internacionales. Si hay un problema serio de derechos humanos en países como Burundi, Camboya, Haití o Camboya, la ONU o la Unión Europea designan «relatores» para informar y mediar.

El «relator» internacional aparece allí donde fracasan flagrantemente la ley y las instituciones, tal como se encargó de recordar hace poco Fernando Savater en San Sebastián, en un acto organizado por Maite Pagazaurtunduval para denunciar la «letra pequeña» en el llamado proceso de paz y el fin de ETA, y al que asistió mi colaborador Eduardo Robredo Zugasti.

Al asumir esta figura de un «relator» en Cataluña, el Gobierno de Sánchez tocó fondo. No en vano, ello supone la deslegitimación del propio Gobierno, así como un punto de no retorno en su degeneración política, moral e ideológica que sólo confirma su profunda impotencia.

Lo que los separatistas preferían llamar «mediador», suponiendo además que no fuera de nacionalidad española, prueba también lo que ya sabemos: que no confían en el resto de los españoles.

En realidad, esta demanda nacionalista de mediación exótica no es fácil de satisfacer. ¿Por qué conformarse con que el «relator» o «mediador» enviado a Cataluña no sea español? ¿Y si no fuera del planeta Tierra? Ha ocurrido en la literatura. En el film de ciencia-ficción Ultimátum a la Tierra, dirigido por Robert Wise en 1951, es un extraterrestre llamado Klaatu quien ejerce como «relator» o «mediador» exquisitamente neutral entre las dos principales potencias nucleares de la guerra fría, poniendo un poco de orden en el jardín de infancia humano.

Pese al frecuente pataleo propagandístico en sentido contrario, España sigue siendo una democracia consolidada según los principales rankings internacionales, y no necesitamos mediadores exóticos venidos de otros mundos. Nuestras leyes y nuestras instituciones son suficientes. Lo único que necesitamos es un Gbierno normal capaz de defenderlas.

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