El llamado Claustro de los Reyes, en el Monasterio de San Esteban, en Salamanca
El llamado Claustro de los Reyes, en el Monasterio de San Esteban, en Salamanca - D. ARRANZ

Octavo centenario de los DominicosTras las huellas del «revolucionario» predicador

La antigua Castilla tuvo un gran peso para la Orden de Predicadores. La primera etapa del camino de Domingo de Guzmán está en el corazón de España. Hoy, Caleruega, su lugar de nacimiento; San Esteban, en Salamanca; o la Cueva de Santo Domingo, en Segovia, son algunos de los rincones en los que sigue presente el carisma del santo burgalés

ValladolidActualizado:

La predicación, hasta que él comenzó reservada a los obispos, y su compromiso con el estudio, la educación y el pensamiento fueron los principios que llevaron a Santo Domingo de Guzmán (1170-1221) a fundar su entonces «revolucionaria» orden. Hijo de una familia de sangre regia acomodada en el municipio burgalés de Caleruega, entonces feudo, fue en la localidad próxima de Gumiel de Izan donde aprendió sus primeras letras. Años después, sus ansias de conocer le llevaron a Palencia, donde culminó su formación universitaria antes de comenzar su ministerio sacerdotal en Burgo de Osma. Hoy, 800 años después, sus discípulos siguen manteniendo viva la forma en que este burgalés entendió la vida espiritual y religiosa en monasterios y conventos, algunos fundados por él y otros -la mayoría- nacidos de la rápida expansión de la Orden de los Predicadores, sobre todo, en la antigua Castilla.

Es el caso del Convento de San Esteban en Salamanca, hoy «la casa más importante, grande, magnífica y monumental que han tenido y tienen los dominicos en España», en palabras de su archivero, Lázaro Sastre, quien recuerda que es «el único convento-iglesia que permanece en propiedad de los dominicos españoles desde el siglo XIII, salvando los años de la exclaustración (1835-1880)».

«El Convento de San Esteban, en Salamanca, es hoy la casa más importante, grande, magnífica y monumental que tienen los dominicos en España»

La orden nació con un afán «urbanita», apunta el dominico Jesús María Palomares, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid. Su aparición se enmarca en el momento de crecimiento de las ciudades y del nacimiento de las universidades, en plena Edad Media: «Es lo que hace que en Castilla, que entonces monopolizaba las principales instituciones, haya una floración enorme de conventos». Sólo en el siglo XIII, desde el nacimiento de la orden con la bula de Honorio III (1216) se establecieron trece monasterios. El primero, el de Santa Cruz de Segovia (1618), ya desaparecido.

Cueva de Segovia

Aunque hay otros cuatro conventos que por tradición atribuyen su fundación personal al Santo -Palencia, Zamora, Santiago y Barcelona-, es este segoviano, junto al conocido como Santo Domingo el Real en Madrid, de monjas dominicas, el único que figura en los documentos en poder de la Orden, detalla el archivero de San Esteban. Fue cerca de la fiesta de Navidad cuando el Santo llegó a la ciudad del Acueducto, donde escoge una cueva a las afueras para orar. Del custodio de ese lugar, hoy transformado en capilla, se encargan hoy las dominicanas contemplativas del Monasterio de Santo Domingo el Real: «Este año no sólo celebramos el Jubileo de los dominicos, sino también el año de la Misericordia y esto no es una feliz coincidencia. Lo vemos como signo de la Providencia», apunta la hermana Rita María.

Cueva de Santo Domingo, ubicada en el Monasterio de Santo Domingo el Real
Cueva de Santo Domingo, ubicada en el Monasterio de Santo Domingo el Real - A. TANARRO

Fue once años más tarde, en 1229, cuando el papa Gregorio IX, por medio de una bula, pide a los fieles de Salamanca que ayuden en la construcción de un nuevo convento calificado como «suntuoso», es decir -explica el archivero salmantino, «con buen número de frailes y gran desarrollo de sus actividades de estudio y predicación». Asolado por una riada años más tarde, el entonces obispo salmantino Don Pedro Pérez dio a los dominicos la parroquia de San Esteban, ya dentro de las murallas de la ciudad. Dos cosas tiraron de la Orden para ir a la capital del Tormes: «Una población en crecimiento necesitada de la Palabra de Dios, y la creación del Estudio General o la universidad fundada en 1218 por Alfonso IX de León».

«La provincia de España fue la más poblada. Llegó a tener 92 conventos y unos 2.000 frailes»

Algo parecido ocurrió con el Convento de San Pablo en Valladolid (1276), cuyos mecenas estuvieron relacionados con el mundo académico: «Fray Luis de Valladolid es el que consigue a principios del siglo XV, en 1418, que lo que era el Estudio General tenga la facultad de Teología, transformándose en Universidad», explica el catedrático Palomares, quien recuerda, además, los importantes papeles que jugaron muchos dominicos mecenas del convento en instituciones de la época: «Fue Fray García de Loaysa, quien presidió el Consejo de Indias -ubicado en la actual Casa del Estudiante- quien construyó la sacristía, mientras que Alonso de Burgos, confesor de la reina Isabel, fue el impulsor de San Gregorio».

Por provincias

Pronto el crecimiento de la orden fue tan enorme que tuvo la necesidad de dividirse en provincias para un buen gobierno: «La provincia de España fue la más poblada. Llegó a tener 92 conventos y unos 2.000 frailes». Entonces, el convento de Esteban siguió siendo «el más importante e influyente de toda España», confirma Sastre: «Entre 1486 y 1499 profesaron 111 frailes, y entre 1500 y 1599, fueron 1254». No obstante, fue el XVI el Siglo de Oro para San Esteban: «por él pasaron catedráticos de la universidad, profesores en Roma, teólogos en el Concilio de Trento, obispos y arzobispos, un cardenal que le faltaron tres votos para ser Papa, consejeros y confesores de reyes, riadas auténticas de misioneros a América y Filipinas...».

Siglos antes San Esteban había sido ya testigo del acontecimiento más grande para el convento y su ulterior expansión científica, opina el archivero salmantino: «El elevar los estudios de San Esteban a la categoría de Estudio General de los dominicos en España, en 1299». Fruto de ello fue el desarrollo no sólo de la teología, sino de ciencias como las matemáticas, geografía y astronomía en el siglo XV -dominicos como San Raimundo de Peñafort, Sal Alberto Magno o Santo Tomás de Aquino ejercen hoy de patrones de Derecho, Ciencias y Teología-. Además, recuerda otro hito histórico: «El que Colón viniese a consultar su proyecto de navegación a las Indias y encontrase el apoyo de la Orden, especialmente de fray Diego de Deza».

Jesús Palomares, en la biblioteca del Convento de San Pablo, ubicada en la antigua sacristía
Jesús Palomares, en la biblioteca del Convento de San Pablo, ubicada en la antigua sacristía - F. HERAS

El convento se volcó con el descubrimiento de América y, según detalla el archivero, fueron cientos los dominicos que se marcharon a evangelizar las poblaciones descubiertas: «denunciaron los abusos que se cometían con los indígenas, buscaron leyes justas, crearon conventos, provincias, universidades...», siempre siguiendo sus preceptos de protección de los Derechos Humanos y difusión de la fe. Del paso de Cristóbal Colón por San Esteban fue testigo el Salón Profundis, una de las bellas estancias conservadas hoy de este convento. El claustro de Procesiones, «mal llamado de los Reyes» -en opinión del archivero -, la iglesia, la sacristía, la Escalera de Soto o el pórtico de entrada al convento son otras de sus estancias destacables. «Fueron los mismos frailes quienes principalmente construyeron y financiaron el inmenso conjunto». Fray Martín de Santiago, Fray Domingo de Soto o Fray Pedro de Herrera son algunos de sus autores.

San Esteban es el único convento que permanece desde el siglo XIII en propiedad de los dominicos

En opinión de Palomares, fue el hecho de que los dominicos fueran los propios mecenas lo que ayudó a que se levantaran esos imponentes monumentos arquitectónicos como el de Valladolid (San Pablo y San Gregorio -actual Museo de Escultura-; Soria (Santo Domingo); Ávila (Santo Tomás); Segovia (Santa Cruz); Palencia o el ya desaparecido de Burgos. Simón de Colonia, Gregorio Fernández, Juan de Álava... Siempre contaron con los artistas más señeros del momento.

El Monasterio de Caleruega, en Burgos, está levantado sobre la cuna del santo
El Monasterio de Caleruega, en Burgos, está levantado sobre la cuna del santo - R. ORDÓÑEZ

El carisma de Domingo de Guzmán al fundar la Orden -predicación, contemplación y estudio-sigue vigente en esos conventos y monasterios. Afectados también por la crisis de vocaciones, lejos quedan el centenar de frailes que habitaban San Esteban -incluso después de la exclaustración-. Ahora el convento salmantino cuenta con una treintena de dominicos, mientras que el de San Pablo, en Valladolid, que tiene la misión de acoger a los prenovicios -la etapa previa al noviciado, que se lleva a cabo en Sevilla- apenas cuenta con dos decenas. No obstante, siguen trabajando por mantener el legado que les dejó el santo: «La defensa de los derechos humanos, la cultura y la predicación más allá de los muros de la Iglesia», recuerda Jesús María Palomares, quien considera que esta postura «ensambla muy bien» con los postulados del actual Papa. Ese legado tratarán de recordarlo con más ahínco este año con motivo del VIII centenario de la efeméride, apunta Jesús Martín, el bibliotecario de la pequeña comunidad de Caleruega, monasterio levantado sobre la cuna del fundador que llegó a tener 80 frailes en su época de mayor esplendor: «Pretendemos vivir lo mejor que podemos nuestra liturgia. Cada uno, en su oficio», sostiene este fraile, el más veterano del monasterio burgalés, que acoge desde hace tiempo una casa espiritual.