El toledano Juan López, en el Miradero
El toledano Juan López, en el Miradero - Ana Pérez Herrera

El curioso caso de Juan López

A sus 73 primaveras, este mecánico jubilado solo lleva siete años quemando zapatillas, en los que ha logrado grandes triunfos. El último, en la exigente Behobia-San Sebatián

ToledoActualizado:

«No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor» (Benjamin Button, interpretado por Brad Pitt).

Juan López García (Toledo, 1944) desconoce ese monólogo de la película «El curioso caso de Benjamin Button». No ha visto esta cinta de David Fincher, en la que un hombre que nace con el cuerpo de una persona de 80 años va rejuveneciendo con el paso del tiempo. «Mi hija Noelia me dice que la tiene, pero no me cuenta de qué va para que me sorprenda más al verla», dice Juan (162 centímetros de altura y 59 kilogramos de peso).

Hugo de la Cruz y Juan, el más joven y el más mayor del CAT
Hugo de la Cruz y Juan, el más joven y el más mayor del CAT- CAT

A sus 73 años (el 8 de enero cumplirá uno más), está saboreando el triunfo, en su rango de edad (más de 70), en la exigente carrera de 20 kilómetros entre Behovia y San Sebastián. El pasado domingo, dejó el cronómetro en 1:30:00 al entrar en meta, a una media de 4:30 el kilómetro, y ocupó la posición 3.502 en la general (casi 25.000 atletas llegaron a meta). Solo siete días antes, había corrido la media maratón de «baja montaña» Cigarra Toledana (21 kilómetros), en la que paró su reloj en 1:57:00. «Me faltó combustible y pinché en los últimos kilómetros», se justifica Juan, quien entró tres minutos después del talaverano Antonio Mohedano Rodríguez (71 años), amigo y uno de sus principales rivales en los campeonatos.

Hace solo siete años que Juan empezó a correr, después de una vida dedicada a su taller de mecánica. «Era autónomo y tenía que echar todas las horas necesarias. Nunca pensé en correr». Como afición, tenía la de conducir su famoso «seat 600» trucado con un motor de 200 caballos, con el que quitaba la hierba en las curvas en los campeonatos.

«Tienes fondo»

Ya jubilado, a los 63 años, decidió ponerse a caminar. Al año siguiente, hizo el Camino de Santiago desde Francia: 800 kilómetros entre pecho y espalda en 20 días. Luego participó en una marcha de 100 kilómetros, de Madrid a Segovia: 18 horas y media fue su tiempo.

Eva, una de sus cuatro hijas, le animó para que corriera. «Nunca había corrido desde niño, cuando jugaba al fútbol», puso como excusa. Pero Eva, una reconocida deportista de escalada deportiva, le insistió: «Tienes fondo». Y Juan, como Forrest Gump, empezó a trotar. Era 2010, pesaba 68-70 kilos. «Lo veía imposible. Cuando no has corrido nunca, se te hace un mundo inalcanzable», recuerda.

Ese año participó con su yerno José Manuel en la carrera «Ponle freno» en Madrid. «Me gustó, aunque los 5.000 metros se me hicieron muy largos». Y corrió también su primera San Silvestre Toledana, a la que ya no falta cada año.

¿Sus secretos? Potencial genético, disciplina y capacidad de esfuerzo, las tres claves de su admirable rendimiento

Ricardo Ortega, entonces médico de cabecera de Juan y afamado exatleta, le alentó a que diera el paso para competir: «Con tus registros, podrías estar entre los cuatro o cinco primeros de su rango de edad».

En efecto, llegaron los triunfos en los campeonatos nacionales, con ritmos de 4:06 el kilómetro, y en la maratón de Sevilla en 2016. Cruzó la meta después de 3 horas y 25 minutos corriendo, un registro que no está al alcance de muchísimos corredores populares a los que Juan, campeón de España de 1.500 metros en pista cubierta este año, dobla en edad.

¿Por qué este atleta de 73 tacos, abuelo de cuatro nietos (de 25, 18, 9 y 6 años), ha despuntado ahora? Ricardo Ortega dice: «Todos tenemos un potencial deportivo; esto es, independientemente de lo que entrenes, ese potencial te dura un tiempo. Juan no ha desgastado antes su potencial deportivo para correr. Quizá, si hubiera hecho esto antes, probablemente habría sido bueno corriendo».

A esto hay que añadir la genética de cada uno y de cómo se haya cuidado. Lleva una vida normal, bebe alcohol ocasionalmente y su mujer, María Luisa, siempre ha hecho una comida muy variada. «Ella lleva cuatro años superando una leucemia. ¡Eso es otra maratón!», se lamenta Juan, quien tuvo que cortar su participación en campeonatos este año después de que María Luisa se fracturase un brazo.

Juan no pisa la consulta de su fisioterapeuta desde hace un año y pico porque su cuerpo no se lo pide. En cambio, no falla en los reconocimientos en Medicina Deportiva desde que se lo recomendaron. «Se asombran por la flexibilidad que tengo a mis años», recalca orgulloso.

«Nunca se es mayor»

Su hija Eva, doctora en Ciencias del Deporte e investigadora, revela que Juan tiene un potencial genético bueno, disciplina y capacidad de esfuerzo, las tres claves de su admirable rendimiento. «Se marca un objetivo y lucha por cumplirlo, no le vence la pereza», añade.

Su padre entrena con la asociación Fondistas Toledanos, «un grupo estupendo» —afirma Juan—, si bien corre con los colores del Club Atletismo Toledo (CAT) porque tiene que estar federado para competir. «Es muy buena persona, luchador, amigo de todos y muy querido por todos», asegura el presidente de su club, Julián Martín Garrido, diecinueve meses más joven que Juan, el atleta más maduro del CAT (Hugo de la Cruz, con 5 años, es el más joven).

Este domingo, en su ciudad, tiene su próxima cita, el cross Espada Toledana, en la que parte como favorito en su grupo de edad. «La gente dice que es mayor para correr. Yo empecé con 66 años. Nunca se es mayor. Si no tienes problemas físicos, hay que intentarlo». Juan, que no ha visto la película de David Fincher, se ha aplicado la filosofía de Benjamin Button sin saberlo: «Nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser».