Jesús Maroto y Jesús Guío

Don Cleo

«Es la suma del ángel fieramente humano y del hombre bueno»

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Hay paisajes que al contemplarlos te acarician los párpados. Su pacífico perfil te acoge, te amansa y te sientes como en casa.

Así son los contornos humanos de Don Cleo, la cariñosa reducción de Cleofé que utilizamos cuando el alma olvida las jerarquías y se queda sólo en alma. Con Don Cleo es fácil la charla. Cuando damos rienda suelta a la parrafada es dificil concentrarse en sus palabras, porque los ojos se distraen con el baile de sus manos sosteniendo un cigarrillo (cuando fumaba) y el precario equilibrio de la ceniza a punto de caer. Se habla de todo y nada. De lo que uno quiere y lo que uno debe. De lo de aquí y lo de allá. De lo que nos ocupa y nos preocupa.

El sacerdote Cleofé Sanchez
El sacerdote Cleofé Sanchez - J.GUÍO

De lo que se espera y lo que desespera. De la vida...«una sucesión de picoteos de pájaros a la intemperie". La existencia. Esa enorme palabra que no deja de dar codazos a sus compañeras del diccionario para que la dejen sola. Con Don Cleo se aprende que el secreto de la existencia es que no tiene secreto alguno. Que la existencia es un saber Ser y un saber Estar con un punto de esperanza en el final. Por eso, cualquier lección de vida la reduce a una anécdota, y uno tiene la sensación de que todos los filósofos que son y fueron lo único que hicieron fué marear una perdiz llamada sencillez. Algunas veces, se adivina un susurro de tristeza en sus ojos. Como el agua de los aljibes, que se presiente, se oye lejana y no se ve, la tristeza de Don Cleo se diluye en la melancólica conformidad del que sabe lo inútil que es parar las aspas de los molinos de la ignorancia y la mediocridad. Y luego asoma una sonrisa de perfil en su boca. Y se olvida de los molinos. El gigante es él. Don Cleo es la suma del angel fieramente humano y del hombre bueno, como ya dijeron los poetas.Un Padre sin hijos carnales y un Padre para todos los hijos.Así lo pienso , así lo siento y así lo digo.

Quiero que la ceniza se siga acumulando en el cenicero.Y quiero que sigas abriendo los ojos a los que sin estar ciegos,sin embargo,no vémos.

Sólo éstas líneas que son tan poca cosa.Porque las palabras se quedan tan pequeñas y vacías para lo que uno piensa.

Y lo que pienso y lo que siento, siempre será más grande que cualquier gramática que pueda contenerlo.

Pero al fin y al cabo, terminaré con unas simples palabras...Don Cleo te quiero.

Encontrar unos versos

que digan lo que siento es lo que quiero.

No quiero un poema más.

No quiero parecer un extraño.

No quiero provocar preguntas amargas.

No quiero palabras que resulten falsas.

Ni metáforas confusas que hagan daño.

No quiero hablar de cosas que no me has contado.

Tampoco, inventarme nada.

No quiero que por lo que escriba derrames una sola lágrima.

Tan sólo que me quieras por ello.

Seguiré buscando esos versos,

y cuando digan exactamente

lo que ahora siento por ti,

te los mando.