Ricas, en la presentación de su último libro
Ricas, en la presentación de su último libro - A. Redondo
ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Materia inerte

«Invisible en la piedra», el último poemario de María Antonia Ricas

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El decurso lírico de María Antonia Ricas (Toledo, 1956), formado por veinte entregas en un paréntesis temporal de más de cuatro décadas, comienza en los años setenta. Adquiere fuerza y singularidad en 1990 con el poemario Fuera de sí la rosa, trabajo que consiguió el Premio R. Tagore. Era el mediodía de un legado verbal que va sumando aportaciones, entre las que sobresalen El libro de Zaynab, Idolatrías, Jardín al mar, Cielos de Toledo, Conectada, El cretense y Salir de un Hopper. Son ecos de una voz vibrante que otra vez suena en el poemario Invisible en la piedra (Editorial Celya). El título sugiere quietud y permanencia, frente al signo más característico de la identidad del sujeto que es su pasar transitorio, pero también una cualidad inadvertida en apariencia que necesita un buceo intimista.

La escritora emplea como introito una cita del ensayista Roger Callois, recogida en Piedras, libro editado por Siruela en 2016. Callois recurre a ese elemento natural para argumentar sobre el lenguaje y su función abarcadora. Las palabras dan soplo a la observación intelectiva. Conceden a la piel fría de la materia un camino de introspección capaz de propiciar un diálogo con lo inerte.

Textura similar tiene el enfoque de Invisible en la piedra, cuya propuesta reflexiva escoge como estrategias comunicativas algunos poemas en prosa y composiciones breves, que buscan lo esencial. Cada texto conforma un destello de lucidez inteligente. Los poemas muestran una sensibilidad estética que indaga en los itinerarios creadores del silencio y la contemplación. En el asombro de quien hace suyos esos sustratos se definen cualidades, características formales y ese estar quieto que, sin embargo, nutre una disparidad de sensaciones.

En lo moldeado por las manos del azar, habita la perfección. Se enuncia, con escueto desarrollo, en el poema «Diamante»; o en apuntes que enlazan la belleza de las piedras preciosas con nombres propios, ya convertidos en referentes culturales definidores de un tiempo histórico. Pero en los versos también cabe la reflexión filosófica, el apunte lírico, que deja hermosos poemas como «Dorado claro» y «Rojo cereza», la expresividad evocadora del recuerdo, capaz de rescatar la pérdida personal del padre, la cicatriz existencial o la mirada sobre la marcha terca de los días. Todos son planos que conforman el espacio textual.

María Antonia Ricas hilvana en Invisible en la piedra un libro de hondo sentido orgánico. El estar fijo de la materia también es resistencia. Así el lenguaje; en el despliegue de su percepción va sembrando señales e impresiones que permiten expandir la realidad, hacer más soportable lo fugaz, dejar en la mirada el invisible afán de lo que dura.