Santiago Sastre

La hotelización del Casco

«¿Por qué no se abren hoteles en los barrios de fuera, más allá de las murallas, para frenar el despoblamiento del casco?»

Santiago Sastre
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Parece ser que en el casco histórico de Toledo van aumentando los hoteles y los apartamentos turísticos, es decir, los lugares que facilitan el alojamiento a los turistas. Al lógico atractivo cultural de Toledo (que hay que cuidar y que se puede potenciar más) quizá este aumento se deba al reclamo de la próxima apertura de Puy du Fou, que permitirá que muchos de esos visitantes pernocten en Toledo. Precisamente este era un dato relevante que había que tener en cuenta a la hora de valorar el impacto que tendrá en nuestra ciudad la inauguración de este parque temático francés.

¿Es negativa la proliferación de lugares de alojamiento en el casco? Depende. Desde un punto de vista económico es positivo. Pero no siempre hay que valorar las cosas desde el enfoque de la economía. No siempre lo que proporciona rendimiento económico es lo mejor.

Si queremos que el casco tenga vida, es decir, que sea habitado por vecinos, me parece que esta medida presenta problemas. ¿Por qué? Porque no proporciona el tejido social que sostiene a una ciudad, pues son personas que entran y salen y no tienen ninguna implicación con la ciudad.

La proliferación de hoteles acelera que el casco histórico se convierta en una ciudad muerta, sólo habitable por personas que van y vienen. ¿Por qué no se abren hoteles en los barrios de fuera, más allá de las murallas? Se debería de considerar esta opción para frenar el despoblamiento del casco. Para ello sería importante una buena conexión de los barrios con el centro gracias al transporte público. Y las ayudas que se conceden para restaurar pisos o viviendas con dinero público deberían ir dirigidas a incentivar que los que las soliciten realmente vivan en ellas. De lo contrario al final se concede una ayuda para restaurar el patrimonio, sí, pero al mismo tiempo se contribuye a erosionar la visión del casco como un lugar de vida ciudadana. Se produce algo así como el efecto cobra. Con éste se alude a un gobernante asiático que, con el fin de acabar con la abundante población de cobras, decidió pagar una recompensa a aquel que se presentara con las serpientes. Pero sucedió lo contrario: muchos decidieron criar cobras en sus casas para luego embolsarse el dinero. No sólo nos interesa restaurar las casas sino sobre todo conseguir que haya personas que habiten en ellas porque el objetivo final es que el centro histórico sea un barrio vivo y no lugar bien acondicionado pero de cartón piedra, solo de cara a la galería, pero sin vida.

La excesiva hotelización del casco tiene su riesgo. Conviene pensar en ello ahora que a pasos agigantados muchos inversores ven una oportunidad de oro para engrosar sus bolsillos con el negocio de los turistas.

POR SANTIAGO SASTREPOR SANTIAGO SASTRE