La gran historia del comandante de la Armada Rafael M. Navarro en Canarias

Reglamentó en 1911 el «cambulloneo», palabra surgida en las islas para refirse a comercio con buques desde pequeñas barcas

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

En los primeros años del siglo XX el movimiento portuario en Canarias proliferó debido a la construcción de los muelles, a la condición de puerto de refugio internacional y a la edificación de almacenes, que facilitaban el tránsito de buques de diferentes banderas por las aguas insulares.

El aumento del tráfico de vapores trajo consigo una nueva forma de comercio, que era habitual en estas islas, y que se había generalizado en las últimas décadas del siglo XIX. Esta variante mercantil, que se conocía con el nombre de «Cambullón», consistía en la compra venta de productos al costado de los buques, vendiendo o cambiando artículos del país, o bien mercadeando a bordo de los propios navíos.

El once de septiembre de 1911, el Comandante Militar de Marina, Rafael M. Navarro, abrió un expediente con el fin de reglamentar el cambullón, exponiendo que ya desde el año 1885 databa el establecimiento de esta industria marítima. Cuando él llegó a las islas para ocupar su empleo, desconocía el significado de la palabra «cambullón», ignoraba que el término procedía del portugués «cambulhao» (pronunciado cambullón) que significa cambalache o trueque de cosas de poco valor. De ahí que fuese peyorativo el término si se aplicaba a un comerciante que pretendía hacer grandes transacciones.

Evitar y prevenir los desórdenes

Sin embargo, el comandante pensaba que podría derivar del término «cambujo», es decir, el hijo de negro e india, así como por el hecho de que esta industria la solían practicar entonces los indios malabares y coromandeles, que abundaban con y sin establecimiento abierto en la zona portuaria de la ciudad.

El comandante de Marina refería que la palabra cambullón se empleaba aquí para designar a todos aquellos que, capacitados para ejercer industrias de mar, se dedicaban a ellas en la especialidad de verificar cambios y ventas de efectos marítimos, víveres, entre otros, a bordo de sus botes, y con los pasajeros y dotaciones de los buques que frecuentaban nuestro puerto. De «cambullón», decía, deduciremos «cambio»; y por lógica aplicación deducía que «cambullonero» era aquel que se dedicaba a este tráfico.

En su informe aseguraba que en el año 1888 había más de un centenar de botes dedicados al cambullón, que habían ido en aumento hasta el punto que, en 1891, siendo Comandante de esta Provincia marítima don Antonio Moreno de Guerra (que por la fecha en que redactaba esta notificación ya había fallecido) se vio en la necesidad de regularizarlo, reglamentando este tipo de tráfico; para evitar y prevenir los desórdenes a que en el Puerto daban lugar diariamente.