José Villarejo
José Villarejo - ABC

Villarejo, el comisario que quiere desafiar al Estado

En prisión preventiva y armado con un arsenal de grabaciones comprometedoras, ha llegado a chantajear a la Corona

MadridActualizado:

«Yo puedo con el Estado». Esta frase lapidaria, pronunciada en una comida ante varios policías, demuestra hasta qué punto el excomisario José Villarejo, en prisión desde hace ya casi un año, se creía impune. No le importó enfrentarse al CNI; tampoco desafiar a la Corona... él podía con todo, porque pensaba que con la información que acumulaba nadie podría con él.

Villarejo ha estado involucrado en la redacción del informe Véritas y en las andanzas del «pequeño Nicolás», pasando por otros focos de polémica más lesivos para el buen nombre de la Policía. Paralelamente, se le conoce un patrimonio surgido a rebufo de un complejo entramado de empresas que hizo compatible con su estancia en puestos relevantes en la seguridad del Estado cuya remuneración no daba para tanto.

«Montó una trama que le funcionaba a la perfección. Tenía dinero, y poder. Muchos le admiraban, y muchos más lo temían. Pero se equivocó en lo más evidente; al Estado no se le desafía, porque es mucho más fuerte que cualquiera», explica de forma gráfica un mando policial que lo conoce bien y que siempre ha mantenido con él la distancia adecuada «para no tener problemas».

La detención junto a otras cinco personas hace casi un año marcó el principio del derrumbe de su fortaleza. La figura más polémica de la jerarquía policial en los últimos treinta años era acusada de lucrarse con «servicios especializados de inteligencia y de facilitar la entrada ilegal de ciudadanos no comunitarios en territorio español».

La implicacion, aunque luego fue absuelto, en la operación Emperador del comisario de Barajas, Carlos Salamanca, anticipó su detención. Villarejo lo vivió como una amenaza, no solo porque afectaba a su «tronco» -a uno de ellos-, sino porque el aeropuerto es uno de esos destinos que permite adquirir relaciones privilegiadas. El excomisario desplegó una actividad brutal para desprestigiar a uno de los fiscales del caso, que pasó a ser una de sus obsesiones.

El comisario principal Marcelino Martín-Blas, entonces jefe de la Unidad de Asuntos Internos, le comenzó a investigar poco después del caso del pequeño Nicolás. De nuevo su reacción fue furibunda y consiguió que el entonces director Adjunto Operativo, Eugenio Pino, lo apartase del cargo.

Pero para entonces Villarejo había perdido uno de sus principales activos: la discreción. Salir en los medios de comunicación -a pesar de ser una de las principales fuentes de alguno de ellos-, le perjudicó de forma notable. Un «agente encubierto», como se definía a sí mismo, no puede exponerse públicamente, incluso en televisión. Y él lo hizo, de nuevo porque se sentía impune. Había acumulado un conocimiento casi cartográfico de las llamadas «alcantarillas del Estado», tan de moda sobre todo en los noventa.

Pero las revelaciones periodísticas sobre su patrimonio y andanzas, y sobre todo su choque frontal con el director del CNI, Félix Sanz, terminaron de hacerlo más vulnerable. Pero ni siquiera así pudo imaginar que un día agentes de la Unidad de Asuntos Internos, dirigidos por dos fiscales Anticorrupción ajenos a la operación Emperador, le pusieran las esposas, y menos que un juez lo encarcelara.

Al principio pensó que aquello sería cosa de pocas semanas, y así se lo dijo a varios allegados. El paso de los meses, y la acumulación de cada vez más pruebas contra él, le desconciertan. Todas sus peticiones de libertad han sido rechazadas. Y él, ahora, pasa al ataque. Primero fue Don Juan Carlos; ahora Dolores Delgado.

Ya son tres días consecutivos los que el digital Moncloa.com lleva publicando audios de un almuerzo de la entonces fiscal de la Audiencia Nacional con Villarejo, el exjuez Baltasar Garzón y otros mandos policiales que probarían la relación cercana de Delgado con el excomisario. En los audios, la hoy ministra realiza comentarios misóginos y homófobos y llega a llamar «maricón» al hoy titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.