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En vídeo: El camino a la repetición electoral

Las posiciones inamovibles de los partidos y el fracaso de Sánchez para lograr los apoyos necesarios dificulta la formación de Gobierno

Madrid Actualizado: Guardar
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La misma noche del 25 de junio, tras la investidura fallida, en una entrevista en Telecinco el presidente en funciones, Pedro Sánchez, sostuvo que «entre las exigencias de Iglesias y mis convicciones, me quedo con mis convicciones». Desde Podemos, la portavoz Ione Belarraafirmó el día 26 de julio que su partido mantiene la mano tendida «para construir juntos un gobierno de coalición con lealtad». Ese mismo día, la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxle Batet, comunicó al Rey Felipe VI que la investidura de Pedro Sánchez ha fracasado. Los puentes tendidos entre PSOE y Unidas Podemos en los últimos días estaban rotos. A pesar del ofrecimiento de Belarra, la vicepresidente Carmen Calvo expresa el mismo 26 de julio que la vía de la coalición estaba cerrada. Ambas formaciones aseguraban querer evitar la repetición electoral, pero su retorno a las casillas de salida bloquea un posible nuevo intento de investidura.

Descartada la opción del Gobierno de coalición, el PSOE se propuso «explorar otras vías». Podemos endureció su postura tras esta decisión de Sánchez. El 29 de julio, el secretario de Acción Política de UP, Pablo Echenique, dijo que el PSOE no quería negociar sino que necesitaba «una coartada» para buscar «el apoyo de los amigos de VOX». Mientras tanto, algunas voces dentro de UP, provenientes de IU y Anticapitalistas, planteaban apoyar la vía portuguesa, es decir, un Gobierno en solitario del PSOE con apoyo parlamentario de UP. Pablo Echenique rechazó rotundamente esta vía el día 30 de julio. Las posiciones eran claras: Sánchez defendía un Gobierno del PSOE en solitario e Iglesias, la coalición. El 1 de agosto, el presidente en funciones Pedro Sánchez, comenzó una ronda de reuniones con asociaciones y colectivos de la sociedad civil, con el objetivo de confeccionar un programa que presentaría a Podemos en busca de su apoyo.

La formación de Gobierno en Navrra afectó al tablero nacional. La socialista María Chivite fue investida presidenta de la Comunidad Foral con la abstención de Bildu, lo que provocó el rechazo total de la derecha. La portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, avisó a Sánchez. «Que se olvide de pedir al constitucionalismo la abstención». En este sentido, al día siguiente la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, afirmó: «Pedimos lo mismo que se nos pidió e hicimos por proteger la institución» en referencia a la abstención socialista en la investidura de Mariano Rajoy.

El 5 de agosto, el rey Felipe VI, alentó a los partidos a encontrar una solución para evitar la repetición electoral durante su tradicional posado en los jardines del palacio de Marivent, en Palma de Mallorca. El secretario general del PP, Teodoro García Egea, apostó entonces por proponer otro candidato a la investidura. José Luis Ábalos respondió con firmeza: «Si tienen alternativa de Gobierno que la presenten pero si no la tienen que dejen que haya Gobierno». Ese mismo día, Sánchez explora el apoyo de Compromís. El portavoz de Compromís, Joan Baldoví, manda un mensaje a Sánchez: «No juguemos con fuego y hagamos lo que tenemos que hacer».

El 7 de agosto, Sánchez se reunió con el Rey. Tras dicha reunión, el presidente en funciones aseguró que la desconfianza que había manifestado Podemos era «recíproca». Al día siguiente, los sindicatos y la patronal, en sendas reuniones con Sánchez, le instaron a formar Gobierno cuanto antes. Finalizada la ronda de reuniones, Sánchez anunció la formalización de un programa para presentarlo a sus potenciales socios. Con este panorama, Pedro Sánchez se tomó un respiro en Doñana mientras el plazo para ser investido seguía corriendo. «Es un ser humano y también tiene derecho a unos mínimos días de descanso», defendió la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio el días 12 de agosto.

El día 20 de agosto, PSOE y Podemos retomaron el diálogo. UP trasladó una propuesta que los socialistas vieron «inviable». El 22 de agosto, Ione Belarra destacó que «la pelota está en el tejado del PSOE». El 27 de agosto, la portavoz de Noelia Vera, expresó su esperanza de conformar un gobierno de coalición. La portavoz socialista, Adriana Lastra, culpó a Podemos de romper la opción de la coalición. El divorcio era evidente, pero aún había tiempo. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, animaba al acuerdo: «El horno no está para bollos». El 3 de septiembre, Sánchez presentó un documento con 370 medidas y una nueva propuesta para Podemos: puestos en la administración pero fuera del Consejo de ministros. Pablo Iglesias vio un esta propuesta «un paso atrás» y el 5 de septiembre insistió en el gobierno de coalición. Ese día, PSOE y Podemos volvieron a reunirse sin avances. Podemos consideró el documento del PSOE un «programa electoral». «Hemos constatado diferencias, pero hemos quedado en seguir», dijo Adriana Lastra. El 9 de septiembre, Podemos explicó que si se retomaban las negociaciones donde se dejaron en julio, «en horas hay acuerdo».

Pablo Casado avisaba a Sánchez: él sería el culpable si hay repetición de elecciones. Las reuniones entre PSOE y Podemos seguían, sin acercamientos en sus posicionamientos. El 11 de septiembre, ambos partidos escenificaron su desacuerdo en el Congreso. El día 12, Carmen Calvo confirmó que Pedro Sánchez no se sometería a una segunda investidura si no contaba con los apoyos necesarios. Iglesias y Sánchez conversaron por teléfono y el líder de Podemos propuso un Gobierno de coalición «a prueba» durante un año. La propuesta fue rechazada en minutos.

Tras meses autodescartado de las conversaciones sobre la formación de Gobierno, Albert Rivera sorprendió con una propuesta al PSOE el día antes de la ronda con el Rey: proponía la abstención conjunta de su partido y del PP si Sánchez aceptaba tres condiciones. Sánchez, contestó por carta, explicando que cumplía las condiciones exigidas por Rivera (no indultar a los presos independentistas, romper con Bildu en Navarra y no subir impuestos) y que, por tanto, no existía un motivo real para que C’s y PP no se abstengan en su investidura.

El Rey ha constatado este 17 de septiembre que Pedro Sánchez no cuenta con los apoyos necesarios para la investidura. No ha propuesto, por tanto, a ningún candidato. A continuación, Pedro Sánchez ha confirmado lo inevitable: la convocatoria de unas nuevas eleeciones el 10 de noviembre.