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La universidad catalana, tomada por «matones» ideológicos

Los estudiantes se unen en la UAB para contrarrestar la omnipresencia de grupos independentistas y antisistema

BarcelonaActualizado:

Cada año, los estudiantes que pisan el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona por primera vez observan con curiosidad el sinfín de pintadas, pancartas y carteles partidistas que les dan la bienvenida. No hay que rebuscar mucho para percatarse de la cantidad de propaganda, sobre todo de corte nacionalista y de extrema izquierda, que llena espacios comunes como la Plaza Cívica, tradicional punto de encuentro del campus, donde muchos estudiantes toman cafés al sol.

La propaganda también ocupa aulas, bibliotecas, baños y hasta los pasillos donde están los despachos de los profesores. Mención aparte merece la labor que prestan las oficinas bancarias que hay en la UAB, blanco recurrente de los grupúsculos anticapitalistas que lideran buena parte de la actividad reivindicativa del campus. No hay manifestación o protesta que se precie sin su prescriptiva arremetida contra los cajeros automáticos de la universidad. En un solo trimestre no es raro que los empleados de estas sucursales tengan que limpiar, cambiar o reparar cajeros y cristaleras en varias ocasiones.

La presión que ejerce el nacionalismo más radical en todos los espacios de las universidades catalanas en general, y en las públicas como la UAB en particular, vive su máxima expresión en facultades más «politizadas», como derecho, sociología o ciencias políticas.

María Domingo, estudiante de políticas y miembro de «S’ha acabat!» –la única entidad constitucionalista de la Autónoma– no duda en afirmar que en las universidades catalanas hay auténticos «matones» ideológicos. «A través de las pintadas y la intimidación intentan que nos sintamos incómodos en nuestra propia universidad», relataba ayer a ABC poco después del escrache protagonizado por decenas de estudiantes convocados por organizaciones vinculadas a la CUP, como el omnipresente «Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes» (SEPC).

Entre las pintadas que resumen la ideología imperante en la Autónoma, dos: una que reza «Socialismo» y que ha sido pintada y repintada en repetidas ocasiones y otra que presenta el rostro paternal de Oriol Junqueras. También hay decenas de carteles a favor de los «presos políticos y exiliados». «Con este panorama hay mucha gente que directamente prefiere no opinar, no pronunciarse y así ahorrarse dolores de cabeza. Los hay que respaldan iniciativas como ‘S’ha acabat!’ pero que luego no se atreven a venir a nuestros actos», lamenta Domingo.

Excluidos del día a día: quienes no congregan con el secesionismo no participan en muchos actos y eventos

Los estudiantes constitucionalistas o que, por lo menos, no comulgan con la causa del secesionismo también reconocen que a menudo se sienten excluidos del día a día de la universidad. No en vano, organizaciones más o menos ligadas al citado SEPC canalizan gran parte de la agenda festiva de las universidades públicas del Principado. Julia Moreno, estudiante de derecho y políticas asegura que quienes se reivindican como contrarios a las injerencias nacionalistas en la universidad no acostumbran a acudir a las fiestas y eventos por miedo a ser señalados.

«Están esperando a que nos rindamos. Saben que somos los únicos que representamos el ‘no-independentismo’ entre los jóvenes universitarios pero llevamos demasiado tiempo luchando y por eso nos toca quedarnos levantando la voz», afirma por su parte Josep Lago, presidente de esta entidad creada hace menos de un año. Al ser preguntados sobre cuál ha sido el momento más grave que han vivido en el campus de la UAB, desde «S’ha acabat!» mencionan el acoso al que fueron sometidos cuando montaron una carpa informativa para promocionar este evento. «Lo más grave ha sido esta semana, nos han lanzado vasos, latas de cerveza y bombas fétidas», explican. A pesar de todo, los estudiantes consultados por este diario insisten en señalar que aunque el aspecto del campus y la presencia omnipotente de los más radicales lo secunde, los independentistas y los antisistema no son «mayoría» en el las facultades. «Sí que son los que hacen más ruido», añaden.

Los capítulos que muestran cómo el independentismo campa a sus anchas por la universidad son variados. Además de regalar vistosas imágenes de piquetes, rostros cubiertos y columnas de humo a primera hora de cualquier huelga que convoque el secesionsimo catalán, las organizaciones nacionalistas que controlan los campus han lanzado otras imaginativas iniciativas ante la pasividad del rectorado.

Los estudiantes constitucionalistas denuncian la «pasividad» del rector con los radicales

Sin ir más lejos, en enero del año pasado el SEPC encendió un agrio debate entre los alumnos del campus con su cartel de Carnaval. En esta ocasión la polémica no la motivó ningún eslogan ni imagen, sino la política de «admisión» que marcaron los organizadores del evento con el beneplácito de las autoridades universitarias.

Según prometieron desde el sindicato –cantera de la que proviene un gran número de dirigentes de la CUP– los «españolistas» estaban vetados del evento. «No admitiremos ningún tipo de actitud machista, racista, lgtbifòbica, fascista ni españolista», especifican los organizadores de la cita. Esta comparación indignó a organizaciones como Societat Civil Catalana, que llevan tiempo denunciando la «pasividad», cuando no «connivencia» con estas actitudes discriminatorias que tienen rectores y responsables oficiales.

Más allá de la libertad de expresión que unos y otros dicen defender, desde «S’ha acabat!» piden acabar con la politización de las aulas. También exigen que el rectorado garantice, por lo menos, la seguridad en sus actos, no obstante, afirman que desfallecer no está entre sus planes. «A veces piensas; ¿Porqué merezco todo esto? Y te planteas dejarlo, pero no lo haremos», resume Julia. Hoy, le tocará volver a las aulas.