La expresidenta del Parlamento catalán Carme Forcadell, en el pleno del 6 y 7 de septiembre de 2017
La expresidenta del Parlamento catalán Carme Forcadell, en el pleno del 6 y 7 de septiembre de 2017 - Efe

El secesionismo se olvida del pleno de la «desconexión»

Se cumplen dos años de las sesiones en las que se aprobó la Ley del Referéndum

Barcelona Actualizado: Guardar
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El pleno del Parlament del 6 y 7 de septiembre de 2017 señaló el camino de no retorno para el proceso soberanista. En dos sesiones que acabaron de madrugada, la mayoría independentista del Parlament, pasando por encima de la oposición y retorciendo el reglamento a conveniencia, consumó un atropello democrático para aprobar primero la ley del Referéndum y luego la de Transitoriedad Jurídica —las llamadas leyes de desconexión—, supuesta cobertura legal para lo que vendría en las semanas siguientes.

Aunque con sordina, parte del independentismo ha reconocido que esas dos jornadas dañaron de manera irremediable la imagen de un proceso que presumía de valores democráticos y pulcritud en los procedimientos: nada que ver con lo que se vivió en esas jornadas nefastas. Es quizás por ello que, a diferencia de la efeméride del 1 de octubre, el aniversario de aquellos plenos parlamentarios sea más bien una fecha incómoda por la que se pasa de puntillas. Apenas alguna escaramuza en Twitter a cuenta del papel que tuvo en ese pleno Joan Coscubiela (comunes) —aquellas jornadas desmarcándose de las maniobras del secesionismo y ganándose el aplauso de Cs, PSC y PP— recordaba qué pasó en el Parlament hace dos años.

Fue ayer únicamente el presidente de Cs, Albert Rivera, el que rememoró aquel pleno, asegurando que «desde Tejero no se veía un ataque a la democracia española de tal magnitud». En una comparecencia ante las puertas del Parlament junto a la portavoz de Cs en el Congreso y exlíder de la formación en Cataluña, Inés Arrimadas, y todo el grupo del partido en la Cámara autonómica, defendió que ese pleno se debe recordar por «memoria democrática» y advirtió al presidente, Quim Torra, de las consecuencias que tendrá si quiere repetirlo. «Puede escoger: acatar y cumplir y, por tanto, ser demócrata, o no ser demócrata e incumplir y pasar a ser un delincuente, y acabar como probablemente acabarán sus compañeros si finalmente son condenados».