Imagen de archivo del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en La Moncloa
Imagen de archivo del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en La Moncloa - Ángel de Antonio

Sánchez no asume su debilidad e insiste en culpar a la oposición del «bloqueo»

El líder socialista se abre a «negociar» la abstención de PP y Cs y, para empezar, les propone reformar la Constitución

El PSOE no contempla un adelanto electoral, pero advierte a Podemos de que no hay «segundas oportunidades»

MadridActualizado:

En el PSOE pretenden dar marcha atrás y rebobinar los contactos después de más de dos meses de bloqueo institucional sin entenderse con Podemos ni persuadir a la oposición para que facilite su investidura. El tiempo apremia en Ferraz y en La Moncloa. Tanto, que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, dentro de la homogeneidad de las últimas jornadas, dio un paso nuevo y propuso «negociar» la abstención del Partido Popular y Ciudadanos para que no le fuercen a «depender» de los independentistas.

PP y Cs «no dejan de hablar de constitucionalismo y sentido de Estado, pero impiden la constitución de un Gobierno», inquirió ayer Sánchez durante una entrevista a primera hora de la mañana en TVE. Los balones, fuera. «España necesita un gobierno progresista que no dependa de las fuerzas independentistas, por eso llamamos a PP y Cs para que faciliten la investidura», expresó después. Por ello, el líder del PSOE se ofreció a «negociar» con sendas formaciones la abstención. Aunque no abundó en los temas que está dispuesto a poner en la mesa.

Como primer gran pacto, eso sí, Sánchez ofreció a sus homólogos Pablo Casado y Albert Rivera la reforma del artículo 99 de la Constitución —referente a la investidura— para evitar el bloqueo y la repetición de elecciones, como ocurrió en 2015 con Mariano Rajoy y como puede volver a pasar. Sánchez propone ahora que gobierne la lista más votada si no hay acuerdo de investidura ni alternativa. Es decir, asumir el modelo existente en los ayuntamientos. «El artículo 99 no funciona, hay que reformarlo. [...] Este es el primer acuerdo de país que voy a ofrecer al conjunto de fuerzas parlamentarias», sostuvo.

Pero esas declaraciones sirvieron para que la hemeroteca sacara ayer a relucir la doble moral del candidato socialista. Tras las elecciones autonómicas y municipales de 2015, Rajoy propuso una reforma de la ley electoral para que gobernase la lista más votada. Sánchez, precisamente, criticó en aquel momento la «soberbia» del PP y expresó que «la lista más votada no es sinónimo de mayoría».

Por su parte, Casado y Rivera se han negado facilitar la investidura de Sánchez durante las últimas dos semanas. Al conocer la oferta, fuentes del PP apuntaron ayer a ABC que «afrontar ahora una reforma constitucional puede generar mayor inestabilidad por la posición del independentismo y el populismo sobre la inexistente nación catalana o sobre la Monarquía». Sí apoyan, en cambio, modificar la ley electoral «estableciendo una prima al partido más votado» o marcando plazos que eviten que las investiduras se alarguen.

Desde Cs rechazaron «eliminar el principio de proporcionalidad que recoge la Constitución» y acusaron a PSOE y PP de haberse «aprovechado» de «la ausencia de pautas que regulen qué debe ocurrir desde que se convocan elecciones hasta la investidura». Su apuesta sería imponer una barrera electoral del 3% para evitar que los partidos nacionalistas estén sobrerrepresentados.

Desde el PP consideran además que Sánchez pretende negociar una abstención «mientras sigue deshojando la margarita con Pablo Iglesias sobre si forma o no un gobierno de coalición o de colaboración, o le da un ministerio o una secretaría de Estado». No descartan, no obstante, ofrecer «estabilidad» a la legislatura mediante pactos de Estado, algo que Casado ha trasladado a Sánchez en las últimas cuatro citas.

«¿Apoyaría Iglesias el 155?»

Ayer por la tarde Sánchez llamó a Iglesias para intentar «volver al punto de partida», consciente de que, como explicó por la mañana, «el método de negociación es evidente que no ha sido el conveniente». Sin embargo, la conversación terminó por dinamitar la relación entre ambos. Iglesias quiere un Gobierno de coalición, y el PSOE solo ofrece un acuerdo programático y una posible entrada de independientes.

«He llamado a Pablo Iglesias para negociar primero el programa y, después, la composición del Gobierno. Debemos hablar de contenidos y conocer el grado de consenso. Lamentablemente ha rechazado la propuesta. Seguiremos intentándolo», expresó Sánchez en Twitter. Podemos aguantó la mirada. Fuentes del entorno de Iglesias explicaron que le transmitió la «necesidad de llevar a cabo una negociación integral de gobierno de coalición sin líneas rojas ni vetos», pero no es posible porque Sánchez «sigue inamovible».

«Es evidente que hay puntos de coincidencia, pero un Gobierno tiene que gozar de cohesión interna», expresó el presidente del Gobierno en funciones, que señala «discrepancias muy serias» sobre la vía para solucionar el conflicto territorial catalán. A pesar de que Podemos y En Comú Podem renunciaron a incluir como línea roja la demanda de «un referéndum de autodeterminación» en Cataluña, en el PSOE siguen sin confiar ni ver garantías.

Incluso Iglesias aseguró que si entran en el Ejecutivo «asumirían con lealtad el liderazgo del PSOE en la cuestión catalana». Las palabras, sin embargo, no les sirven a los socialistas. «¿Unidas Podemos va a apoyar al Gobierno de España en la aplicación hipotética, que yo no deseo, del artículo 155 de la Constitución?», había preguntado Sánchez, que insiste que «se paralizaría» un Gobierno de coalición que se asiente sobre esas diferencias. A once días de la investidura, el PSOE solo tiene asegurado al diputado de PRC.