Puigdemont pierde la confianza en su equipo en Barcelona

Cree que Elsa Artadi, Damià Calvet y Eduard Pujol no han estado a la altura

Salvador Sostres
BarcelonaActualizado:

Los mensajes entre Puigdemont y Comín han sido deliberadamente filtrados por sus autores para crear una tensión dramática que les favorezca en el victimismo, pero reflejan sus auténticos sentimientos, lo que piensan de su futuro político y de cómo les están tratando los suyos. Si Comín está resentido con Esquerra, Puigdemont se siente defraudado por el equipo en que tenía depositadas todas sus esperanzas. Elsa Artadi, Damià Calvet y Eduard Pujol, que le deslumbraron durante la campaña electoral y le ayudaron a ganarla, a la hora de hacer política no han estado a la altura y como equipo negociador han irritado tanto a Esquerra como a la CUP, por no hablar de sus hermanos del PDECat, a los que directamente han tratado de humillar: y justo en el momento que más apoyos y complicidades necesitaban, más solos se han quedado.

Pero además de decepcionado, Puigdemont se siente también traicionado por ellos. Primero porque le han ido prometiendo que habían llegado a unos acuerdos con cuperos y republicanos que al final se ha visto que no existían, pero sobre todo porque tiene la sensación de que no todo ha sido torpeza sino un plan para «sacrificarle» y lanzar a continuación la candidatura de Elsa Artadi, culpando por el camino a ERC de la falta de acuerdo.

Tal como el presidente Rajoy tiene más enemigos en Madrid que en Cataluña, y más fieros detractores en el entorno mediático de la supuesta derecha que en el de la izquierda, los que están apuntillando al forajido son sus más cercanos colaboradores. Puigdemont entiende que la única posibilidad que tiene de intentar hacer algo que no sea resignarse a quedarse de juguete roto el resto de su vida en Bélgica es bloquear la política catalana y forzar la repetición electoral hasta que «España acepte la democracia» es decir, hasta que el Gobierno le busque una salida personal a cambio del desbloqueo. Es una estrategia, además de desesperada, poco halagüeña, porque el presidente Rajoy ha entendido que con los delincuentes le sale mejor aplicar la Ley que tratar de negociar. También porque puede ser que algún día algunos miles de catalanes dejen de votar contra sus más elementales intereses, y caiga la mayoría independentista en el Parlament.

Pero sobre todo porque ni su propio equipo está dispuesto a sacrificar su carrera política a la espera de nadie sabe –ni el propio Puigdemont- muy bien qué. Por su parte, el president del Parlament, Roger Torrent, está igualmente poco dispuesto a tirar a la basura el magnífico horizonte político que se le ha despejado, y es muy poco probable que se arriesgue a propiciar una investidura que no va a ninguna parte y que el Gobierno no se tendría ni que molestar en impugnar porque simplemente no constaría en ningún documento oficial ni válido.

En este contexto, Esquerra cree que la próxima semana Junts per Catalunya y el PDECat presentarán a otro candidato a la investidura, muy probablemente a Elsa Artadi. Brillante economista por Harvard, quien sobre todo ha loado en los últimos tiempos su extraordinaria capacidad de trabajo ha sido Roberto Bermúdez de Castro, secretario de Estado para las Administraciones Territoriales y artífice del artículo 155, que mientras la tuvo a sus órdenes, como directora de la Coordinación Interdepartamental, la consideró su más eficaz y diligente colaboradora del Gobierno en Cataluña.

Tal vez Puigdemont tendría que haber calculado que quien por no renunciar a su salario público es capaz de ser la reina del 155 de día y la más radical independentista por las noches, no iba a renunciar nada menos que a la presidencia de la Generalitat por guardar lealtad a un fugado de Gerona que hasta él se ha dado cuenta de que su vida política tiene los días contados.

Salvador SostresSalvador SostresArticulista de OpiniónSalvador Sostres