Jordi Sànchez, expresidente de la ANC, durante una rueda de prensa desde la cárcel de Soto del Real
Jordi Sànchez, expresidente de la ANC, durante una rueda de prensa desde la cárcel de Soto del Real - Reuters

La ANC pone las bases teóricas para el «momentum» de Torra

La entidad aprueba hoy su «hoja de ruta» y traza el camino a la secesión unilateral

BarcelonaActualizado:

Lejos de asumir la realidad, más de un año y medio después del referéndum ilegal de 2017, con los líderes del procés bien en la cárcel bien fugados de la Justicia y la intendencia del mismo en procesos judiciales recién iniciados, la Assemblea Nacional Catalana (ANC) mantiene la venda en los ojos y la apuesta por la vía unilateral para que Cataluña se convierta en un nuevo país independiente.

Hoy se celebra en Tarragona la VII asamblea general de la ANC con el objetivo de aprobar una nueva hoja de ruta del secesionismo. En el acto intervendrán el consejero de Educación, Josep Bargalló (ERC), y el expresidente autonómico Carles Puigdemont, por videoconferencia; y asistirá el presidente de la Generalitat, Quim Torra, dando así apoyo a una entidad que, con el paso de los meses, pierde influencia en los centros de poder autonómico.

La ruta señalada por la ANC servirá de guía teórica, entre otros, para Torra, quien desde que tomó posesión de su cargo como máximo responsable del Estado en Cataluña anunció que el empuje nacionalista del 1-O se volverá a intentar (sin especificar cómo) cuando se encuentre el momento adecuado, lo que se conoce como el momentum, en palabras del propio Torra.

Así, la ponencia sobre la nueva hoja de ruta (2019-2020) que la dirección de la ANC pretende aprobar este domingo (ciento sesenta y dos puntos y solo trece enmiendas vivas) se centra en conseguir el objetivo fundacional de la entidad: que Cataluña sea un nuevo Estado, al margen del conjunto de España. Para ello, la ANC plantea «tres posibles escenarios», pero solo desarrollan uno, el «más probable», que es el de la «vía unilateral».

Hechos consumados

Descartados los escenarios «ingenuo» (secesión tras un «referéndum pactado con el Estado español») y «muy poco probable» (independencia tras un «referéndum pactado con el Estado español, forzado por algún organismo internacional»), la ANC centra sus esfuerzos en explicar la tercera opción, porque «una parte relevante de la sociedad movilizada catalana ya es suficientemente madura para afrontar una independencia unilateral».

La asociación, que preside Elisenda Paluzie desde marzo de 2018, cuando sustituyó en el cargo a Jordi Sànchez, ya entonces en prisión preventiva acusado de rebelión, defiende «culminar» el proceso que se puso en marcha sin retorno el 1-O de 2017 y, para ello, cabe «revalidar la declaración de independencia en el Parlamento y publicarla en el BOPC y en el DOGC», publicaciones oficiales que entonces hicieron mutis por el foro.

Seguidamente a estas publicaciones, la ANC propone que se haga «una proclamación solemne de la República catalana ante el mundo, bajando la bandera española del Palacio de la Generalitat y del Parlamento de Cataluña, pedir el reconocimiento internacional de la independencia de Cataluña, y constituirse en Estado».

Una vez se haya constituido el nuevo país, sería el momento de desarrollar la legislación y llevar a cabo políticas acordes con la situación. Es decir, las autoridades de la Cataluña escindida deberían «publicar los decretos de desarrollo de la Ley de Transitoriedad Jurídica, dejar en libertad a los presos políticos y organizar el retorno de los exiliados». Y, sobre todo, tener el control total del territorio que, si las instituciones no son capaces de llevar a cabo, se haría mediante «la sociedad civil».

Cuarto referéndum

Pese a todo, la ANC se ajusta tanto al milímetro de la actualidad que en la misma «vía unilateral» desarrollada en la hoja de ruta se valora la posibilidad de que Torra convoque en breve (tras el fallo de la sentencia del Tribunal Supremo a los líderes no fugados del procés) unas elecciones autonómicas. Si fuera así, estas servirían como un nuevo referéndum para el imaginario nacionalista, otro más tras los celebrados el 9-N de 2014, las plebiscitarias (autonómicas) de 2015 y el propio 1-O de 2017.

Sin embargo, en este punto, el redactado de la ponencia se deja suficientemente ambiguo como para entender que bastaría con la mitad más uno de los votos en las próximas elecciones autonómicas o solo la mitad más uno de los diputados del nuevo Parlamento autonómico: «Si los partidos o coaliciones indudablemente independentistas alcanzaran más de la mitad de los votos del Parlamento de Cataluña, se podría culminar por la vía unilateral el proceso iniciado el 1 de octubre de 2017».

Por lo tanto, el camino llevaría al mismo fin que tanto la ANC como Òmnium Cultural defienden desde que a partir de 2012 la Generalitat, primero en manos de Artur Mas y luego bajo control de Carles Puigdemont, se puso manos a la obra: la vía unilateral, es decir, o independencia o independencia, y ya, sin esperar más tiempo. O en palabras de la ANC: «Ampliar la base social no es una estrategia ni un escenario en sí mismo».

"Tímido paso de Sánchez"

El documento que hoy aprobará la asamblea general de la ANC, además, incorpora otros aspectos a tener en cuenta y que flotan en un ambiente de venda permanente de la realidad. Al margen de criticar a los gobiernos catalanes de Puigdemont (por no defender la declaración de independencia del 27 de octubre de 2017) y de Torra (por no restituir al gobierno autonómico fulminado tras la puesta en marcha del 155) la entidad reconoce que es necesario ampliar el número de socios.

En paralelo a la descripción de una situación de «represión» constante contra Cataluña, por parte de las instituciones nacionales, se reconoce que «el Gobierno Sánchez ha dado un tímido paso adelante, escenificado en el comunicado conjunto de Pedralbes del 20 de diciembre (de 2018), en el que se apuesta por una propuesta política que cuente con un amplio apoyo de la sociedad catalana, en el marco de la seguridad jurídica», pero «no ha hecho ningún gesto de rebajar la represión –como pone en evidencia el mantenimiento de las acusaciones de sedición por parte de la Abogacía del Estado (en el juicio en el TS)–ni ningún reconocimiento del derecho de autodeterminación».

En esta línea, citando algunas de las iniciativas que la ANC pretende impulsar durante este 2019 y el próximo año, destacan, por un lado, la elaboración de «un censo del pueblo catalán, que permita hacer consultas a la ciudadanía y facilite los procesos electorales», que podría convertirse en una lista de buenos y malos catalanes; y, por otro, la puesta en marcha de «un mercado republicano» que «priorice las relaciones comerciales y se convierta en una fuente de financiación para la República catalana, mientras esta no sea efectiva», que acabaría actuando al modo de impuesto revolucionario en favor de la causa nacionalista.

Cataluña independentista

Finalmente, la ANC apuesta por extender su control a todo tipo de ámbitos sociales. Tras mencionar, casi de pasada, la necesidad de crear una Constitución catalana, la entidad señala que el independentismo tiene que estar presente en cada rincón de Cataluña, ya sea del espacio público como del privado. La ANC asume, así, la intención del llamado «Programa 2.000» de Jordi Pujol de los años noventa, cuya finalidad era la de penetrar el nacionalismo en el día a día de los catalanes.

«Queremos y podemos hacer que los independentistas gobiernen los colegios profesionales, las federaciones sociales, culturales y deportivas, los órganos universitarios, las cámaras de comercio y las patronales. (...) La ANC ayudará a fortalecer los sindicatos nacionales sin vinculaciones con los sindicatos estatales. (...) Hemos de hacer nuestras las plataformas y los movimientos contra el cambio climático, la contaminación y la acumulación de residuos, y hemos de involucrarnos”.

Países Catalanes

Y no solo de Cataluña habla la ANC: «Somos conscientes que el conjunto de la nación catalana va más allá del Principado. Estamos seguros que la consecución del Estado catalán será un revulsivo para la emancipación del resto de los Países Catalanes (...). Damos apoyo a las aspiraciones legítimas de soberanía de cada uno de los diferentes territorios de la nación catalana (...)».

Así es la nueva hoja de ruta de la entidad catalana que empujó a los dirigentes autonómicos a la aventura del procés. Estos son sus objetivos; y su conclusión: «La obtención de estos objetivos ha de ayudar a generar el momentum para hacer efectiva la República proclamada el 27 de octubre». Torra ya tiene sobre la mesa de trabajo la teoría del próximo «embate» independentista.

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