Los planes de las tres presidentas
Aguirre, Cospedal y Rudi, el pasado lunes en la sede del PP en la calle Génova - JAIME GARCÍA

Los planes de las tres presidentas

Por primera vez, tres comunidades estarán dirigidas por mujeres. ABC las ha reunido antes de que afronten un duro mandato marcado por la crisis

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Hay políticas que dedican mucha de su actividad a hablar del poder de las mujeres, a promocionar el uso de las cuotas y a sacar adelante proyectos del feminismo radical como las leyes del aborto para todas o la igualdad impuesta. En los últimos años, las caras visibles de este prototipo han tenido y aún tienen los nombres de Leire Pajín, Trinidad Jiménez o Bibiana Aído.

Pero en la política de este país cada vez hay más mujeres dedicadas a manejar los recursos públicos que demuestran día a día que utilizan el poder que obtienen en las urnas sin consideraciones sexistas; quizás porque el problema de la discriminación ha sido superado ya por la sociedad española. O puede que porque desempeñar un cargo importante sin descuidar a marido, hijos y demás familia exige tanto esfuerzo, que apenas si les queda tiempo libre en el que plantearse esas cuestiones.

Tres posibles prototipos de este tipo de mujer poderosa fueron tres de las ganadoras de las elecciones del pasado 22 de mayo, con lo que por primera vez tres de las diecisiete comunidades autónomas estarán regidas por mujeres, las tres del Partido Popular, las tres con amplia experiencia; las tres, mujeres de carácter fuerte, maneras suaves, trabajadoras incansables, talante liberal y grandes dosis de pragmatismo: Esperanza Aguirre, que por tercera vez accede a la presidencia de la Comunidad de Madrid avalada por una mayoría absoluta; María Dolores de Cospedal, nueva presidenta de Castilla-La Mancha tras una mayoría absoluta obtenida en dura batalla, y Luisa Fernanda Rudi, que alcanzará la presidencia de Aragón cuando concluyan sus negociaciones con su necesario socio, el Partido Aragonés (PAR).

Con las tres ha hablado ABC. Ninguna de las tres se quiere detener un momento en debatir sobre el papel de la mujer en política, ni muchos menos en las cuotas para repartir el poder entre hombres y mujeres.

—«¿En qué se diferencia una política del PSOE de una política del PP?», pregunta la periodista.

—«En lo mismo que un político del PSOE de un político del PP», contesta rauda Luisa Fernanda Rudi. Aclarado lo cual, se lanza a disertar sobre «el intervencionismo de los socialistas, que tanto hemos padecido en los últimos años y que tanto contrasta por el respeto a la libertad que constituye la base del modelo que el PP propone para la sociedad».

«No estamos para coartar»

La principal abanderada del liberalismo en la política española, Esperanza Aguirre, lo explica con más detalle: «Los poderes públicos no estamos para coartar la libertad, sino para proteger, preservar y acrecentar los derechos y libertades de la gente». Lo cual explica su oposición a la ley que prohibe fumar en público o al decreto que limita la velocidad a 110 kilómetros por hora y su frecuente contraposición en público de las políticas intervencionistas de Zapatero con las que ella practica en la Comunidad de Madrid.

Después de un fin de semana de descanso tras una larga campaña electoral, las tres políticas han dedicado los últimos días a perfilar el programa con el que a finales de este mes se presentarán en las respectivas sesiones de investidura de sus comunidades. Por convicción y por necesidades de un guión austero que marcan la crisis y el recorte del déficit, mucho de ese programa estará dedicado a meter tijera al número de altos cargo y los gastos más prescindibles.

Precisamente por esa falta de dinero, Aguirre anuncia que la prioridad de su tercera legislatura ya no va a centrarse en las grandes obras, como las del Metro (90 kilómetros, 80 estaciones) de su primera legislatura o los nuevos hospitales (nueve) de su segunda. «Esta va a ser la legislatura de la Educación, Educación y Educación», anuncia. «Sin descuidar —matiza— la Sanidad y todos los servicios sociales».

Mejorar la Educación es uno de sus proyectos estrella que lleva años poniendo en práctica y que ya se visualiza en que una de cada tres escuelas públicas de la Comunidad de Madrid es de enseñanza bilingüe en castellano e inglés, en ese Instituto de Excelencia creado para recoger a los alumnos más dotados e impedir que se pierdan entre niveles más bajos de estudiantes o en la decisión de permitir que los padres elijan el centro en que quiere que se eduquen sus hijos independientemente de a qué distancia se encuentre la escuela del hogar familiar.

María Dolores de Cospedal tiene también muy definido el objetivo real que en pocas palabras condensa todo lo que quiere hacer: «Que cada castellano-manchego tenga las mismas oportunidades que los habitantes del resto de España». «Esta gente —se queja de los socialistas que durante treinta años han gobernado la región— nos han hundido y nos han hecho perder muchos puestos en los capítulos en los que se mide la calidad de vida de los ciudadanos de las diversas comunidades españolas».

Como todavía no sabe cómo de vacías se va a encontrar las arcas de la suya, aunque se teme lo peor, el obstáculo principal para lograr su objetivo será el de hacerse cargo de un gobierno que ha consumido la mayor parte de su presupuesto para este año antes de que se celebraran las elecciones y que sufre del mayor déficit per cápita de todas las regiones españolas.

Para colmo, nada más ganar Cospedal ya ha tenido que enfrentarse a las acusaciones vertidas por los socialistas contra los populares de Castilla-La Mancha por «gamberismo político» o «antipatriotismo» al denunciar que se están sacando y destruyendo documentos oficiales de diversas consejerías que se transportan en sacos con destino a la sede de la Presidencia de la Junta. «Esa decisión que anunciaron de que suspendían una transferencia de poderes que no habían comenzado nunca ratifica que no nos van a dar ni un solo papel», se queja. Por ello no quiere reunirse con su antecesor, José María Barreda, sin haber recibido antes los documentos que su partido reclama.

Luisa Fernanda Rudi se une a las quejas de sus compañeras y las hace extensibles a otros momentos: «Debe de ser fantástico —dice— gobernar en época de abundancia, pero a los del PP siempre nos toca afrontar una herencia llena de obstáculos».

Rudi está pendiente de firmar un pacto con el PAR que tiene al alcance de la mano después de que se hayan concretado acuerdos similares entre las dos fuerzas políticas en varios ayuntamientos de esa Comunidad ya constituidos. Y aunque prosigue sus negociaciones y aún no sabe si firmará con los regionalistas un acuerdo de gobernabilidad o estos entrarán en el gobierno, enumera ya sus ojetivos como quien sabe que será la presidenta aragonesa como muy tarde en la primera semana de julio: «Llevaré a cabo un proyecto como el del PP cuando gobernó la Nación», establece como su objetivo. ¿Los medios?: «Lo primero, llevar a cabo una auditoría, para ver dónde estamos. Y, después, simplificar la Administración, eliminar los viceconsejeros, prescindir de todo gasto superfluo. En una palabra: ahorrar».

Con la gente a todas horas

Ya dijo Margaret Thatcher que «quien está capacitada para llevar un hogar está preparada para solucionar los problemas de un país». Así que es posible que en esta época de vacas flacas y descenso de recaudación de las autonomías, las mujeres, más pragmáticas y ahorradoras, están mejor dotadas para gobernar contando cada euro. Y también para mejorar la mala imagen que de los políticos en general tiene a día de hoy el español de a pié.

Basta seguir a Esperanza Aguirre caminando por cualquier lugar de su comunidad para observar la gran cantidad de tiempo que emplea a saludar a cada persona que se le acerca, a escuchar sus problemas. Sus escoltas suspiran con resignación hasta cuando la presidenta madrileña visita un tanatorio para dar el pésame a algún conocido. Lo normal en ese caso es que Aguirre termine entrando en cada una de las salas del tanatorio para hablar de uno en uno con cada familiar de cada fallecido. Sus compañeras hacen lo propio: «Dedico más tiempo a hablar con la gente que a despachar», confiesa Cospedal, a pesar de simultanear los cargos de secretaria general del PP y presidenta regional de esa formación.

Siendo, como son, mujeres, las tres admiten que las largas horas de trabajo exigen un esmero especial para dedicar tiempo a sus familias. «Hay que estar muy atenta a la pareja, a la familia y a los amigos, porque al final es lo que queda, la política es temporal», admite Esperanza Aguirre, casada, madre de dos hijos, abuela por segunda vez desde esta misma semana.

«Tenemos la ventaja de que sabemos organizar nuestros horarios mejor que los hombres», reconoce Rudi, que, excepto en campaña electoral, dedica al menos uno de los dos días del fin de semana a su marido. «Hay que cuidar de las cosas esenciales de la vida y nunca perder el norte», reconoce Cospedal, con un hijo de cinco años y un marido desde hace tres.

Para no perder su norte, María Dolores recorre cada noche los kilómetros que haga falta. «Siempre duermo donde está mi hijo», reconoce. «Así me aseguro de que voy a desayunar con él». El niño ya sabe lo dura que puede ser la política con su madre; siendo ella Consejera de Transportes de la Comunidad de Madrid y él un bebé de diez días, Cospedal le llevó a un Consejo de Gobierno y dejó al niño en su capacho al cuidado de la secretaria de Esperanza Aguirre, a mano para salir del Consejo a darle de comer.

Y, por último, los maridos. «Lo más importante del mío, que no pone dificultades», ríe Rudi. «El mío me ayuda mucho y lo entiende, que no es poco», agrega Cospedal. Aguirre hizo llorar al suyo cuando, en su última toma de posesión, le agradeció públicamente sus desvelos. Los tres son empresarios de éxito en sus respectivos campos y conocen aún mejor que los madrileños, los castellanomanchegos y los aragoneses de qué pasta están hechas las mujeres a las que acaban de elegir.