John Hume en 2016
John Hume en 2016 - ZUMAPRESS

El PDECat propuso al Gobierno un negociador del Ulster como relator

John Hume dialogó en secreto en los 90 con el Sinn Fein, representante del terrorismo del IRA

Madrid - BarcelonaActualizado:

La razón por la que el gobierno de Pedro Sánchez decidió de forma abrupta el pasado 8 de febrero dar por roto el «diálogo» con los independentistas y por perdida toda posibilidad de ver aprobados los presupuestos, –lo que seis días más tarde desembocaría en la convocatoria de elecciones generales–, tiene nombre y apellidos: John Hume, el hombre que negoció en secreto en los 90 con representantes del terrorismo del IRA dentro del marco del proceso de paz en Irlanda del Norte y está reconocido internacionalmente como un experto en el ámbito de resolución de conflictos. El PDECat le propuso para ejercer la controvertida figura del «relator» que había sido poco antes aceptada por el Ejecutivo, en cuyas filas, según fuentes parlamentarias a las que ha tenido acceso este diario, se entendió que la participación del irlandés en una mesa en la que se hablara de Cataluña y España sería indefendible ante la opinión pública española y podría causar un daño irreparable al PSOE y al propio Sánchez.

No obstante, fuentes convergentes confirmaron que esta propuesta efectivamente se realizó por parte del partido de Carles Puigdemont como reacción al empeño que el gobierno demostró en «rebajar» el acuerdo sobre lo que primero se denominó «mediador», luego «facilitador», «notario», «coordinador» o «relator» a la condición de casi un mero escribano, pero que lo hicieron «con miedo a que el nombre saliera adelante». Miedo porque, ni con un «relator» tan políticamente significado, estaban seguros de que sus votantes más hiperventilados no tomaran como una «traición» a los presos y fugados que el PDECat terminara aprobando unos presupuestos del Estado.

De hecho, el nombre de Hume se improvisó a la desesperada, como medida de presión al Gobierno y como gesto de cara a la galería para contentar a los votantes más radicales. Tanto se apresuraron que no cayeron en la cuenta de que el irlandés acaba de cumplir 82 años y, según dijo su esposa al «Belfast Telegraph», padece demencia.

Considerado uno de los arquitectos principales de la paz en el Ulster por lo que en 1998 recibió el premio Nobel de Paz compartido, John Hume es un viejo conocido de la política en nuestro país. No en vano, no ha sido ajeno a las aspiraciones nacionalistas en el País Vasco en tiempos de ETA, a cuyas víctimas pidió que dejaran «atrás el pasado» para construir el futuro. Fue firmante junto a Nelson Mandela o Desmond Tutu de la llamada «Declaración de Bruselas» en la que en marzo de 2010 se instaba a la banda a un alto el fuego permanente, pero a su vez al Gobierno a entablar un diálogo para «resolver las diferencias», lo que fue entusiastamente aplaudido por el diario abertzale «Gara». Y es que, si por algo se distingue el irlandés, además de por su compromiso con la no violencia, es por su capacidad para internacionalizar «conflictos» y su proverbial habilidad para moverse entre Europa y Estados Unidos e influir en el discurso público. El sueño de los independentistas catalanes.

El deseo del PDECat de situar a este político de prestigio internacional como el pretendido «relator» cuyas funciones la vicepresidenta Carmen Calvo nunca supo explicar, desmontaba definitivamente todos los intentos del Gobierno de Sánchez por negar peso a ese papel. En rueda de prensa en La Moncloa el 5 de febrero, Calvo se esforzó en despojarle del rango de mediador, para definirlo como «quien convocaba, quien hacía un poco el trabajo de organización, de facilitar. Alguien tiene que hacerlo –resumió– no hay más».

En clara contradicción, y buscando la aprobación de los sectores más exagerados del independentismo –exactamente de lo que el Ejecutivo de Pedro Sánchez trataba de huir– los convergentes recurrían a un histórico del acuerdo de Viernes Santo, logrado tras sentar en la misma mesa a los gobiernos británico e irlandés y a partidos unionistas y nacionalistas una vez que el IRA declaró una tregua derivada de los contactos clandestinos que Hume mantuvo con Gerry Adams, entonces jefe del Sinn Fein.

A lo largo de la semana en que finalmente perdió la votación en el Congreso, el Gobierno dejó de ver aquel resultado como una derrota para pasar a verlo como una oportunidad. Muy pronto, el centro del relato dejó de ser que los presupuestos no se habían aprobado para convertirse en una demostración de patriotismo de Sánchez, que prefería arriesgarse a convocar elecciones a ceder al chantaje independentista. Se registró un repunte del PSOE en las encuestas, y las dos que se publicaron el domingo le daban como ganador y sugerían que podría gobernar pactando con Cs.

El independentismo empieza a considerar que fue una mala idea dejar que, de tanto tensarla, se rompiera la cuerda.