La pasión por Cataluña

Pérez-Llorca difícilmente podría resistir la envidia que le rodeaba

Darío Valcárcel
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Encontré a José Pedro Pérez-Llorca por primera vez en otoño de 1959, en el breve jardín que mediaba entre las facultades de Derecho y Filosofía, ciudad universitaria de Madrid. Teníamos la misma edad. Él venía de Cádiz. Compartimos clases de don Ursicino Álvarez, don Juan Iglesias, don Alfonso García Gallo... Después, en segundo curso, llegaría el temido don Federico de Castro, con su Derecho Civil de color rojo.

En Derecho, años después, José Pedro ganaría el premio extraordinario de fin de carrera, y después la oposición diplomática y la de letrado de las Cortes. Todo esto es sabido. Lo que se conoce peor es la calidad del hombre inteligente, ultrarrápido, astuto, buena persona y,

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