Un inmigrante pasea por las calles de la Raval
Un inmigrante pasea por las calles de la Raval - Inés Baucells

17-A: La comunidad islámica«Da miedo salir en las noticias todos los días»

Los musulmanes del Raval piden paz, respeto y convivencia al relatar cómo vivieron los días posteriores al atentado

BarcelonaActualizado:

Son las cuatro de la tarde y decenas de niños se amontonan en el caluroso local del Centro Cultural de Bangladesh en el barrio del Raval de Barcelona. A unos pocos metros, otro espacio de la comunidad musulmana acoge a más hijos de inmigrantes llegados de Bangladesh, Pakistán o Marruecos, que gritan sin parar. Al abrirse la puerta de esta pequeña escuela, en la que las alfombras sustituyen las mesas y las sillas, todos callan de inmediato.

Los mayores callan y evitan pronunciarse sobre cómo vivió su comunidad los tensos días posteriores al atentado yihadista del que hoy se cumple un año, perpetrado a escasos metros de este barrio poblado por una nutrida comunidad árabe. No hay que olvidar que en Barcelona residen 328.840 de los más de 500.000 musulmanes que viven actualmente en Cataluña, según datos de la Unión de Comunidades Islámicas de España.

Desde ese fatídico 17-A, la vida transcurre aquí bajo una aparente normalidad. Afortunadamente, han sido pocos los casos de violencia racista. El verdadero problema del barrio son los «narcopisos». Sin embargo, hablar con vecinos y comerciantes sobre cómo se sintieron tras el ataque sigue siendo hoy tan difícil como lo era hace un año. No obstante, alguno sí está dispuestos a explicar cómo se vivió desde dentro de la comunidad uno de los momentos más tristes de la historia reciente de la capital catalana. Nural, un afable bangladesí, pone el semblante serio y abandona su castellano de supervivencia para expresarse en un inglés que le hace sentirse más cómodo cuando es preguntado por los atentados.

«Cualquier musulmán, hindú o sij es solo eso, una persona, no representa a nadie», afirma antes de reconocer que los días posteriores al atentado el ambiente en el barrio era tenso, una sensación que se concentraba especialmente en las mezquitas y lugares de culto de la zona, que sirven a su vez de lugar de encuentro y debate para los vecinos que acuden varias veces al día para los rezos.

Silencio en la mezquita

«Todos nos sentíamos tristes, derrotados, muy mal. Por suerte, la gente, los locales, siguen siendo amables con nosotros, aunque también han habido episodios más difíciles», explica, evitando dar detalles de los casos de acoso o ataques a la comunidad musulmana. «Los días después del ataque se habló poco en la mezquita. No me da miedo que los vecinos del Raval ataquen nuestros negocios y locales, quienes hacen violencia son siempre venidos de fuera movidos por la manipulación, que es muy peligrosa», relata Alí, un melillense que regenta una tienda de ropa de segunda mano en otra calle de este mismo barrio. «Cuando pasa una cosa así cualquier árabe tiene miedo, incluso si ni siquiera es musulmán. Da miedo salir en las noticias todos los días y pensar en lo que puede pasar», relata.

En el Raval, donde se ubican cinco de las 32 mezquitas que hay repartidas por toda la ciudad -en Cataluña, el número de centros de culto asciende a 311, según datos del Observatorio de Pluralismo Religioso-, el primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils coincide con el día de oración. Una conmemoración para que las mezquitas españolas no han preparado nada especial ya que, como explicó ayer el presidente de la Comisión Islámica de España, Riay Tatary, «todos los viernes» las mezquitas españolas oran por la paz. «Lo hacemos de forma contante», subrayó Tatary.