BIOGRAFÍA DEL CANDIDATO DEL PP

Rajoy, el hombre que no perdió la «confianza»

El 20-N es la tercera oportunidad para un fiel de Cambó que preconiza el diálogo sobre la elocuencia como arma política. En este volumen hace concesiones a su vida íntima y repasa su holgada trayectoria. Resume los años de Zapatero con la fábula del explorador y el león

MADRID Actualizado:

El libro autobiográfico de puño y letra de Mariano Rajoy, que ve la luz este septiembre después de que tomase la decisión de escribirlo en julio de 2010 y haya «arañado» horas desde entonces, estaba en el mercado hacía solo unos días. Su principal contrincante en la carrera hacia La Moncloa, Alfredo Pérez Rubalcaba, acudía a La 1 de la televisión pública, al programa «59 segundos» y allí le preguntaban si ya había leído «En confianza, de Mariano Rajoy» (editado por Planeta). «No, no lo he leído, pero no creo que haya ninguna sorpresa», contestaba con desidia el candidato socialista. La primera sorpresa que quizás le reserve alguna de las 255 páginas del libro es que, precisamente, haya una sola referencia a Rubalcaba con nombres y apellidos, a cuenta del 13 de marzo de 2004 por aquellas diez palabras memorables, pronunciadas en plena jornada de reflexión: «Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta».

También se puede interpretar en otro momento un guiño de Rajoy a quien ocupó, cuatro años después que él, la cartera más complicada del Gobierno: Interior. Y, si no, lean lo que comenta el presidente nacional del PP en la página 161: «Interior es un departamento en el que se corre el peligro de quedar abrumado por la información de la que se dispone. Bromeando solía decir a mis colaboradores más cercanos que de tanta información se podía perder de vista saber lo que de verdad estaba pasando en España». El periodo en el que Rajoy dirige este Ministerio es el de un «zarpazo» continuo de la banda terrorista ETA contra ediles de todos los colores, pero su acusación de la «pérdida de vista de lo que sucede en el país» se aplica al instante a la negación de la crisis económica que hizo el Gobierno de Rodríguez Zapatero en el que Rubalcaba era responsable de Interior.

El dirigente casi se olvida de Rubalcaba, excepto por sus palabras del 13- M

En cualquier caso, sí expresa en el libro de forma rotunda su aversión por lo que hizo el ahora rival a la Presidencia del Gobierno en la noche del 13-M, unas horas antes de los comicios generales de 2004. «La intervención de Pérez Rubalcaba en televisión pasará a los anales de la historia por hacer un uso muy poco acorde con las normas básicas de la convivencia y con el respeto al adversario político». Rajoy se ha olvidado de su rival hasta la página 214. Al día siguiente el PP perdió las elecciones, y como revela Rajoy, las encuestas internas del partido no apuntaban días antes que la crisis de Irak fuese a tener una incidencia negativa en el ánimo de los ciudadanos, pero el 11-M «sucedió lo impensable» y volteó el curso de las estadísticas. Quizás por ello el gallego opina y lo deja como anticipo de su actuación el próximo 20 de noviembre: «Jamás hay que confiar excesivamente en las encuestas (...). Mi experiencia es que cualquier batalla electoral exige esfuerzos hasta el último momento».

Puede servir también como precedente para la próxima campaña que Rajoy ejemplifique los comicios del año 2000, cuando José María Aznar (al que, por cierto, el autor reserva una gran cantidad de adulaciones, alabando su «determinación y coraje») revalidó su triunfo y el PP desarrolló una campaña «sin entrar en las trampas del adversario, sin juego sucio y llevando constantemente la iniciativa».

EL LECTOR, ÁVIDO DE MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL ATENTADO DE AZNAR O EL «PRESTIGE»:

El lector de la biografía se queda con ganas de más cuando Mariano Rajoy reproduce algunos episodios de su dilatada trayectoria política. Tras el atentado que sufrió Aznar, por ejemplo, en abril de 1995 a manos de los etarras, él fue uno de los primeros en acudir al lugar donde el entonces líder de la oposición digería lo que le había sucedido: «Aznar había llegado por su pie, sin creerse del todo que pudiera seguir con vida después de aquello. Mariano, esto es increíble...», se limita a recordar su sucesor en Génova. Ocurre algo similar cuando evidencia que hubo tres episodios dramáticos en el último periodo de gobierno: la crisis de la isla de Perejil, el «Prestige» e Irak. En relación al naufragio del petrolero, concede que fue un «duro golpe» para él teniendo en cuenta su «amor a Galicia, a sus costas y mareas» y reconoce que este capítulo negro para su tierra natal le llegó «bien hondo», pero pasa de puntillas por la gestión del hundimiento o las consecuencias del mismo para su Ejecutivo. Sí habla del Plan Galicia aprobado por Aznar para revitalizar la zona y que el siguiente gobierno se negó a ejecutar. Hasta ahí.

«La historia se repite y pone a cada uno en su lugar» es la película de los ocho años de Zapatero

Y, allá por la página 192, después de haber incluido las «armas de destrucción masiva como una de las amenazas coetáneas», en otro momento de la publicación, el líder de los populares asume: «No fuimos capaces de explicar convenientemente a la sociedad española las razones por las cuales pensábamos que teníamos que estar del lado de EE.UU. en esa crisis». Argumentos de peso como que el reputadísimo y curtido militar ColinPowell, otrora secretario de Estado de Norteamérica, mostró al Gobierno Aznar «su infinidad de datos sobre Sadam». A continuación, Rajoy mantiene que la alianza con Estados Unidos sigue siendo necesaria, pese a haber tenido la Casa Blanca cerrada a cal y canto para Zapatero cuatro años por su sarta de «errores», como la llamada al resto de países a que emulasen su gesto de retirar las tropas de Irak nada más recalar en el palacio presidencial.

Se explaya Rajoy en las que serán las líneas básicas en las que asiente la política exterior de su Gobierno, en caso de ganar el 20-N, un escenario que dibuja en varias ocasiones durante su relato. En la página 55, por primera vez, habla de «cuando llegue a la Presidencia del Gobierno» y en otros fragmentos recopila, traigamos al caso, que «el respeto a la dignidad humana y a los derechos de todos y las obligaciones de solidaridad con los inmigrantes formarán parte de cualquier gobierno que presida» (apuntilla respecto a los vectores que dirijan su política migratoria).

LEVANTA EL CERCO A SU INTIMIDAD: «NO PUDE DEJAR DE MIRAR A VIRI EN TODA LA CEREMONIA»:

Y tal vez a Rubalcaba no le sorprendan tampoco los detalles que, esta vez sí, deja impresos Rajoy sobre su vida personal, si bien son cesiones que agradece el lector, acostumbrado como está a chocar con el muro de la intimidad personal de sus dirigentes. A su mujer Elvira –«Viri», como la llaman «en casa»- ya la menciona desde las primeras líneas y «en confianza» cuenta cómo se casaron en la capilla de las Conchas de su estimada isla de La Toja un 28 de noviembre –«no pude dejar de mirar a Viri en toda la ceremonia», se abre-, el destino de su viaje de novios (República Dominicana), la admiración que sentía por su madre (la primera mujer conductora que hubo en León) cuya muerte a los 61 años fue el mayor impacto en la vida del presidente del PP, los partidos de fútbol a los que asiste para comprobar las virtudes al balón de su hijo Mariano y cómo toman algo después con los padres de los niños, las cenas de los amigos de la Facultad para comer «capones de Vilalba» que él mismo promueve los días finales de cada año, su apego a las islas Canarias, donde entre sus cuatro hermanos compraron un bungalow para el retiro de su padre de 89 años, o las concesiones que hace a su infancia, cuando menciona aquel instituto jesuita de León en el que años después estudiaría José Luis Rodríguez Zapatero. «Mismo colegio, resultados distintos», bromeó recientemente el líder de la oposición en la presentación de su escrito.

Hasta habla de que consentiría que sus hijos se dedicasen a la política, aunque siempre manteniendo el ejemplo de su padre que respetó la libertad decisoria de sus vástagos. Rajoy reconoce que, después de la experiencia de un abuelo político galleguista ( Enrique Rajoy Leloup), a su progenitor no le hizo gracia que eligiese el mismo camino. El presidente nacional del PP no lo hizo contra su voluntad, pero sí «contra su consejo».

DOS DÉCADAS EN EL FRENTE POLÍTICO

El dirigente nacido en Santiago y criado políticamente entre Galicia y Madrid desvela las dificultades intrínsecas a los cargos políticos que ha ido ocupando: desde edil del Ayuntamiento santiagués en 1983 a la Xunta gallega, la Diputación pontevedresa y los Ministerios en primera línea nacional. También trasluce las alegrías derivadas de esos puestos, como la que le supuso llevar la luz a varias parroquias en la linde con Portugal cuando estuvo al frente de la Diputación de Pontevedra. Rajoy traza, al hilo del recorrido por su biografía personal, los anhelos que ha ido tejiendo respecto a la educación, la inmigración, la política exterior, la justicia y el funcionamiento de las administraciones. «Cuando fui presidente de la Diputación de Pontevedra, no contraté a personal de confianza. Hoy se dan situaciones excesivas». ¿Es o no es una declaración de futuro? Porque si hay algo que Rajoy dice no soportar es la falta de austeridad, transparencia y eficacia de las administraciones, la duplicidad de tareas y competencias, el «drama» de las ventanillas en la administración y la poca satisfacción que acarrea ese servicio a la ciudadanía que es, además, la que sostiene el erario público. Sus vivencias en un Ayuntamiento, un ente provincial, como vicepresidente de la Xunta o siendo titular de Administraciones Públicas bien valen estas enseñanzas.

Repasa los momentos más convulsos de esa larga trayectoria y da fe de su carácter sosegado, que apuesta por «el diálogo, la perseverancia y la tenacidad» en sus propósitos. No en vano, sigue lemas como el acuñado por Cambó, síntesis de aquello en lo que quiere convertir su quehacer diario: «En las luchas políticas la habilidad, la amabilidad y la seducción pueden ser armas de mucha más eficacia que la audiencia o la elocuencia». ¿Puede ser un tercer guiño a la habilidad oratoria de Rubalcaba? Quizás. Lo que es seguro es que el dirigente popular se siente orgulloso de haber trazado, casi en la sombra del partido, las bases necesarias para el pacto del Majestic con CiU –que dio lugar a una de las etapas «más brillantes de la reciente historia contemporánea española», asegura-, así como la reformulación del partido que le encargó Aznar cuando se trasladó de Pontevedra a Madrid.

VARIAS DIMISIONES SOBRE LA MESA

De todos los obstáculos hallados en su carrera, Rajoy descubre que estuvo a punto de abandonar la política (en cuyo caso, se hubiera dedicado a la docencia) tras las derrotas de 2004 y 2008, así como desechó en una ocasión anterior la Portavocía del Gobierno de la era Aznar que acabó desempeñando durante un año. Es más, habla de cómo tras el Congreso de Valencia cuando fue ratificado como sucesor del dirigente castellano, hubo personas que siguieron dudando de su capacidad de liderazgo, se duele. También fueron necesarias -apostilla- «rupturas dolorosas» con gente de las siglas, como Ángel Acebes, que «tenía que ser reemplazado porque hacía falta dar entrada a personas nuevas».

Evoca el modelo de Manuel Fraga cuando dejó Alianza Popular a favor de Antonio Hernández Mancha y luego, en enero de 1989, cómo hubo de regresar a la formación. «Ese periodo de transición fue uno de los más tensos en la historia del partido», asegura. Del veteranísimo político gallego habla con gracia Rajoy. La extenuante puntualidad de Don Manuel (que se presentaba a las citas «incluso antes de la hora, para ser el primero, lo que ocasionaba que otros llegaran tarde y recibieran la correspondiente admonición», delata) llevó a los dirigentes del PP a convocar los encuentros una hora antes para «facilitar las cosas» (página 67). Retranca al margen, Rajoy ensalza: «Me parece evidente que la contribución de Manuel Fraga a la creación y consolidación de un gran partido democrático de centro derecha en España está fuera de toda duday que la historia se lo reconocerá con creces».

Rajoy también relata que el día después de las elecciones de 1993 Aznar planteó en una reunión la posibilidad de que todos tiraran la toalla. El equipo le convenció para que continuase. Sus victorias llegaron tras «la legislatura perdida» de 1993 a 1996.

LA VÁLIDA LECCIÓN DE QUE «LA HISTORIA SE REPITE»

Y es en ese periodo cuando Rajoy, que analiza los casos de corrupción y la gestión económica del Gobierno de Felipe González que condujo a cifras de paro «inaceptables», extrae lecciones que bien se pueden imponer al siguiente mandato socialista, el de Zapatero. El sexto capítulo del libro «En confianza» puede resumirse como el de «la historia se repite» y «pone a cada uno en su lugar». ¿Por qué? Valga un botón de muestra: un diputado en la Comisión de Administraciones Públicas llamado José Luis Rodríguez Zapatero tachó al entonces ministro Mariano Rajoy de inmisericorde con los funcionarios por un recorte en sus prestaciones y despotricó contra el «decretazo» hasta que un día de mayo de 2010 se vio obligado a hacer lo propio, en mayor medida, por la magnitud de una crisis que negó hasta el extremo.

Aznar planteó tras la derrota de 1993 que tirasen la toalla

Y más aprendizajes de futuro: «Se hablaba ya en 1996 de la Europa de las dos velocidades, de los PIGS con España entre ellos», lo mismo que ocurre recientemente cuando los socios comunitarios han sido testigos de «nuestra irrelevancia en el contexto comunitario» y han asistido «sorprendidos a los bandazos económicos» de nuestro país. «Hemos perdido gran parte del prestigio europeo que habíamos conseguido», bosqueja el líder popular para entregarse a la tarea de recuperarlo.

Rajoy, amante del deporte, halla en esta disciplina valores extrapolables al país

Para un amante confeso del deporte, se hallan en esta disciplina algunos de los ejemplos que quiere extrapolar al país: los deportistas de los que habla con soltura «no se andan con provincianismos», su vocación reporta al país «prestigio y reconocimiento» y «sus valores son suficientes para hacer ver que España puede salir de su situación actual, ya que –reafirma Rajoy- hemos sido capaces de hacerlo en otras situaciones nada fáciles».

Asimismo, proyecta mucho de lo aprendido en los gobiernos populares para trasladarlo a la época actual y denosta que «en 2004, el Gobierno pensó que tenía legitimidad y respaldo social para dilapidar la herencia popular». Suprimió la ley de calidad de la educación, pensó que podía negociar con ETA, apoyó la reforma del Estatuto catalán, se centró en las leyes de Memoria Historica o la de Libertad Religiosa ... «En la legislatura de 2004 se perdió mucho tiempo y energía en cuestiones no prioritarias», apostilla Rajoy, para añadir: «Desde la sesión de investidura, el nuevo Gobierno debe dejar claros sus objetivos esenciales, que no son otros que la recuperación económica y la creación de empleo».

LA FÁBULA DEL EMPRESARIO Y EL LEÓN, RESUMEN DEL BAGAJE ECONÓMICO

El resumen perfecto del modo de hacer económico de Zapatero lo encuentra en la fábula del empresario y el león (página 219): «Dos exploradores se encuentran en una situación muy apurada cuando oyen el rugido de un león. Uno de ellos se para y cambia sus botas por unas zapatillas deportivas. Su compañero le mira asombrado y le espeta: No entiendo por qué pierdes el tiempo en cambiarte de calzado si nunca vas a poder correr más que el león. El otro, emprendiendo la carrera, contesta: No pretendo correr más que el léon, pretendo correr mas que tú».«La crisis nos ha golpeado más fuerte que a los demás porque corríamos menos que el resto. Éramos menos competitivos», critica.

En su «epílogo» que es «un comienzo» (titular significativo para el último fragmento del libro), el presidente nacional del PP y candidato a dirigir el país sintetiza la crisis como «la gente no paga, los bancos no prestan», por lo que dice no estar dispuesto a aceptar que haya cinco millones de parados, quiere otra forma de hacer política «con la convicción de que las reformas son inaplazables», desea mejores y menos leyes y como todavía no había sido aprobada la reforma constitucional en el Congreso cuando ultima el libro, habla de la necesidad de fijar un techo de gasto en la Carta Magna para no derrochar el dinero de los ciudadanos.

«Es una gran tarea de todos a la que convoco a todos. No volvamos a caer en el regate corto, los excesos ideológicos y la demagogia». Y ahí lo deja, hasta el próximo 20 de noviembre.