Un agente custodia la zona en la que se halló el cuerpo de Laura Luelmo - EP

Laura LuelmoBernardo Montoya mostró una «tranquilidad insólita» en una confesión plagada de mentiras

El asesino confeso de Laura Luelmo admitió que «se encaprichó» de la joven, pero no que la violó y mató en su casa

MadridActualizado:

Bernardo Montoya fue detenido el martes alrededor del mediodía, cuando intentaba fugarse, y nueve horas después ya estaba contando a la Guardia Civil cómo atacó a la profesora Laura Luelmo. Una confesión que, como están demostrando las evidencias científicas recogidas, había elaborado para adaptarla a lo que le conviene. Empezó a responder a las preguntas de los investigadores de la UCO, en el cuartel onubense de Valverde del Camino, alrededor de las nueve de la noche y siguió haciéndolo durante las cuatro horas siguientes. Mostró una «tranquilidad insólita», muy acorde con su abultado historial delictivo y penitenciario, según fuentes consultadas por ABC, contestando a casi todas las preguntas.

El ambiente era tenso, propio de la gravedad de los hechos, pero el arrestado no era la primera vez que se enfrentaba a uno similar y mantuvo la calma. Los agentes sabían ya a esas horas que les estaba mintiendo en los elementos clave del relato.

Limpieza con lejía

«Me encapriché de ella», admitió y a partir de ahí enhebró un relato que no se corresponde con lo que se ha encontrado en distintos lugares. Su casa de la calle Córdoba en El Campillo seguía oliendo a lejía cuando empezaron a aplicar la luz forense los especialistas del Equipo de Inspecciones Oculares. Los restos de sangre de Laura Luelmo aparecieron por toda la vivienda, situada justo enfrente de la casa recién alquilada por la profesora zamorana. Bernardo Montoya fregó con lejía, tanto esa sangre como la propia ropa que vestía.

Los investigadores sospechan, con esas evidencias, que el agresor metió a la fuerza a la víctima en la casucha inhóspita y sucia, la agredió sexualmente y luego la golpeó con saña. Por tanto, los agentes sitúan toda la secuencia -incompleta y falsa que él relató- en ese escenario, al que ayer volvieron por segunda vez en busca de más vestigios para desmontar sus palabras. La inspección ocular de nuevo se prolongó varias horas.

La autopsia ha certificado que Laura Luelmo fue violada y que pereció de un fuerte golpe en la frente (él dijo que la estrelló contra el capó de su Alfa Romeo en un callejón al que la condujo con engaño), pero su cuerpo presentaba muchos más golpes, además de restos biológicos del agresor.

Los móviles

Los investigadores cuentan con otro dato crucial: tanto el teléfono de Luelmo como el de Montoya les posicionaron en esa vivienda en la tarde del miércoles.

Supuestamente, tras la agresión, no se sabe aún si Laura seguía con vida o no -las primeras pruebas forenses indican que la muerte se produjo entre 48 horas y 72 horas después de la desaparición-, Montoya introdujo a Laura en el maletero de su coche, envuelta en una manta, y condujo hasta el paraje de Las Mimbreras. Allí fue encontrado el cuerpo, a unos cuatro kilómetros de El Campillo. Tampoco se conoce aún con certeza en qué momento se produjo ese traslado. El teléfono de la víctima posicionó antes de las nueve de la noche a más de ocho kilómetros, en dirección contraria. El móvil no se ha encontrado todavía y, por tanto, no se puede precisar si se deshizo de él antes o después de abandonar el cuerpo de la joven profesora.

En su confesión, el sospechoso aseguró que la dejó «inconsciente» y la tapó con ramas. No se descarta que la data de la muerte pueda ser anterior a esas 48 horas, que ha fijado la autopsia preliminar, dado que el cadáver estuvo entre cuatro y cinco días al aire libre, por lo que habrá que esperar los resultados de más pruebas forenses.

El detenido conduce hasta una bolsa con el monedero de Laura y las llaves de su casa y coche

La casa de los Montoya es el escenario principal para la UCO, pero no el único. Los investigadores siguieron ayer recabando pruebas antes de poner a disposición judicial al detenido durante esta mañana. Los agentes, que volvieron a realizar varias inspecciones oculares, hallaron en las últimas horas una bolsa de plástico con el monedero de la víctima, las llaves de su casa y su coche y algún objeto de higiene personal, según fuentes próximas a la investigación.

Fue el propio arrestado quien condujo a los investigadores hasta estas pertenencias de la joven profesora. La bolsa se encontró en un contenedor situado en un camino junto al cementerio de El Campillo (Huelva), el lugar que les había marcado. La Guardia Civil también ha encontrado la manta con la que él dijo que había envuelto el cuerpo de Laura. Este objeto estaba en las inmediaciones del punto kilométrico 167 de la carretera N-435, al lado de donde apareció el cadáver, y en ella había restos de sangre.

Por el momento, no se ha encontrado el teléfono móvil de la profesora, del que también se deshizo Montoya, según sus propias declaraciones. «Me fui corriendo. Llevaba en el coche las zapatillas de la chica y el teléfono. De regreso a casa tiré el teléfono en un contenedor y unos minutos después las zapatillas en otro». Luego se fue a dormir, aunque dice que no pudo. Ni siquiera eso se lo creen quienes le han interrogado que apuran las horas para encontrar los objetos que faltan.