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Los líderes separatistas veían a Trapero «imprescindible» para su plan rupturista

El «número dos» de la Guardia Civil para la investigación otorga a los Jordis un «papel fundamental» en la trama

Policías heridos el 1-O dicen que los votantes les lanzaron piedras y vallas, y les llamaron «perros» y «asesinos»

MadridActualizado:

Trapero no se sienta en el banquillo del Tribunal Supremo –lo hará en el de la Audiencia Nacional–, pero su sombra ha vuelto a planear en el juicio contra los líderes del «procés». El mayor de los Mossos, máximo responsable de la policía autonómica el 1-O, trató de desvincularse hace un mes en su testifical del plan separatista del Govern de Carles Puigdemont; pero hoy lunes, el «número dos» de la Guardia Civil en la investigación de la causa lo ha involucrado en el proceso. Según ha detallado como testigo, el Govern tenía a Josep Lluís Trapero por un «imprescindible» para su estrategia rupturista.

Para sacar estas conclusiones, este mando policial –imputado pero absuelto por torturas en otra causa– se basa, entre otros indicios, en el escrutinio de los correos electrónicos intercambiados por los responsables políticos de la policía catalana. En uno de ellos, el entonces secretario general de la Consejería de Interior, César Puig, advirtió en vísperas del referéndum al responsable de este departamento, Joaquim Forn, de la importancia de proteger a Trapero para no «perderlo».

Fue en un «mail» enviado la noche del 23 de septiembre: Puig avisaba de que, si el mayor se encontraba con el fiscal superior catalán en las reuniones para diseñar el operativo para impedir el referéndum, debía prometerle hacerle caso. Y en las reuniones en la que no asistiera el fiscal, pero sí estuviera presente el coronel Diego Pérez de los Cobos –coordinador del dispositivo de Mossos, Policía Nacional, y Guardia Civil–, la actitud habría de ser la misma con el fin de evitar ser denunciado. De lo que no hay dudas es que, por las razones que fueran, Trapero dejó de asistir a esas reuniones, pasando el testigo a su entonces «número dos», Ferran López.

Otro indicio desgranado hoy lunes por este mando de la Guardia Civil que apunta a la conexión entre el Govern del ahora fugado Puigdemont y Trapero es que, en las mismas fechas, el máximo responsable de los Mossos remitió a Forn el contenido de las instrucciones para impedir el referéndum que había recibido de la Fiscalía. Para este investigador, el suministro de información «secreta» a la cúpula política era una «anomalía», pues los Mossos actuaban como policía judicial. Nada tenía que saber Forn de esas diligencias, según su interpretación.

En definitiva, según el testigo, querían «preservar» la imagen del mayor. En el mismo contexto se entiende que Trapero recibiese un informe interno que le avisaba de la «percepción negativa» que de él podría tener el mundo independentista de haber tenido que detener a algún alcalde.

Otro indicio que apuntalaría esta tesis es que el 20 de octubre –pasado el referéndum y a una semana de la declaración de independencia– Puigdemont envió a su secretaria un borrador de carta para agradecer a Trapero su actuación el 1-O.

La versión de este mando de la Guardia Civil choca con los intentos de Trapero de distanciarse, en su testifical, de los líderes políticos. En aquel alegato exculpatorio, el mayor dijo que llegó a advertir a Puigdemont; a su vicepresidente, Oriol Junqueras, y al mismo Forn, de que de seguir con el plan del referéndum habría un altísimo riesgo de graves disturbios en las calles catalanas.

Los Mossos incluso habían diseñado un plan para detener a los miembros del Govern secesionista si así se les ordenaba la Fiscalía o algún tribunal. De todas formas, que los secesionistas contemplasen a Trapero como «imprescindible» para consumar su plan, no implica que, en la práctica, el mayor fuese finalmente esa pieza clave que ellos esperaban.

El papel de los Jordis

Clave es también el papel que la Guardia Civil otorga los líderes de las entidades secesionistas, Jordi Sànchez (ANC) y Jordi Cuixart (Òmnium Cultural), más allá de meros agitadores populares. Este «número dos» de la Guardia Civil para las pesquisas del 1-O ha situado a ambos en una reunión el 7 de enero de 2016 en la que, según él, se perfiló la investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat tras el veto de la CUPa Artur Mas.

Se hizo efectiva tres días después, y, a partir de ahí, el presidente ahora fugado puso la directa hacia la secesión. El lugar de celebración de ese encuentro no es cosa menor. Fue en la sede de la Assemblea Nacional Catalana. En definitiva, Jordi Sànchez era el anfitrión de una reunión bautizada como la del «último intento».

Acudieron a esa cita diferentes líderes independentistas, según desveló la agenda Moleskine que los agentes incautaron en los registros al que era «número dos» de Junqueras en la Consejería de Economía, Josep Maria Jové. Además de los Jordis estaban presentes el propio Junqueras; la secretaria general de Esquerra, la fugada Marta Rovira; y el exconsejero de Presidencia Jordi Turull, según aseguró el testigo. Para los investigadores, en esta reunión (y en otra al día siguiente en un hotel de Barcelona), se decidió la formación del que sería próximo Govern.

La participación de los Jordi en esas citas les concedería un «papel fundamental» en las tomas de decisión del plan rupturista. Sin embargo, la seguridad con la que, a preguntas de la Fiscalía y la Abogacía del Estado, este mando policial ha implicado a Sànchez y Cuixart en esos encuentros, se ha tambaleado cuando ha tenido que responder a las defensas. «¿Cómo sabe que acudió Junqueras? ¿Cómo sabe que se propuso a Puigdemont? ¿ Cómo sabe que se repartieron distintas consejerías?», han bombardeado los abogados. Y el investigador se escudado en que así lo recogía la agenda de Jové, admitiendo que puede que Junqueras no estuviese allí.

Han declarado hoy lunes también como testigos antidisturbios de la Policía Nacional que el 1-O resultaron heridos. Han señalado que en algunos colegios los votantes les lanzaron vallas, adoquines y piedras, y les llamaron «perros» y «asesinos». Uno ha explicado también que, cuando ellos llegaron a una de las escuelas, los mossos se escondieron detrás «unos setos», mientras la masa los insultaba. «Los cánticos no eran rumbas catalanas, sino frases de odio», ha remachado.