Una incómoda normalidad

Pese al llamamiento de los CDR para paralizar Cataluña, la ciudadanía vive la resaca del 1-O con resignación y distancia

BarcelonaActualizado:

Cataluña no se paralizó. Pero con el control de la enseñanza y las universidades, y un buen puñado de activistas, ayer fue otro día amargo para los catalanes. «Somos pocos pero iremos hasta el final, hasta la república», dijo uno de los activistas a las puertas del colegio Ramon Llull (Barcelona), escenario de enfrentamientos hace un año.

Las expectativas de los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR): bloquear Cataluña, empezar una «huelga de país» y, como si no hubiera posibilidad de romper esta continuidad, convertir la región en un nuevo país independiente y reconocido por la comunidad internacional. Nada de esto sucedió. Cataluña funcionó. Sin embargo, los cortes en algunas carreteras, el bloqueo de las vías del AVE, el acoso a los edificios del Gobierno de España y una huelga seguida en institutos y universidades trajeron a las retinas de los ciudadanos los peores días del mes de octubre de 2017.

Tres horas sin AVE

Desde primera hora de la mañana, antes de las siete -hora a la que estaban llamados los CDR de Cataluña para llevar a cabo sus actos-, varias decenas de personas cortaron las vías del AVE en Gerona. Miembros del CDR local accedieron a la estación del tren por la fuerza y bloquearon las salidas y llegadas de los trenes rápidos durante tres horas. Ocho servicios se vieron afectados. Al poco rato, también por la fuerza, los CDR asaltaron la delegación de la Generalitat en Gerona. Retiraron la bandera de España y colgaron una estelada y la bandera negra -cuyo significado no deja lugar a la duda: no hay rendición que valga, guerra sin cuartel-. En consonancia, la alcaldesa de la ciudad, Marta Madrenas (PDECat), retiró la bandera de España del Ayuntamiento.

También a primera hora, poco antes de las ocho de la mañana, la autopista AP-7 quedó cortada a la altura de Vandellós y Hospitalet del Infant (Tarragona). No se restableció la circulación hasta pasadas las tres de la tarde y el corte provocó largas colas en la autopista durante todo el día.

Otro puñado de manifestantes impidió el correcto funcionamiento de la Central Integrada de Mercancías (CIM) del Vallés, en Santa Perpetua de la Mogoda (Barcelona). Como en el caso de la AP-7, no fue hasta el mediodía cuando se restableció el acceso al CIM.

En la línea de la revolución permanente que propugnan los CDR, en Lérida se rodeó el edificio de la Subdelegación del Gobierno, fuertemente protegido por efectivos de los Mossos d’Esquadra para evitar su asalto.

Por su parte, la movilización de los universitarios se centró desde la madrugada del domingo al lunes en reivindicar la «validez» del resultado del referéndum ilegal del 1-O. Algunos estudiantes se encerraron el domingo en varios campus para dar el pistoletazo de salida a la jornada reivindicativa. En la Universidad de Lérida (UdL) el encierro se saldó con algunos destrozos en las instalaciones. Un grupo de estudiantes volcó las máquinas de bebidas para bloquear los accesos y tuvieron que intervenir los Mossos d’Esquadra, según precisaron a ABC fuentes próximas a la universidad.

A su vez, la portavoz de Universitats per la República, sindicato convocante, Marta Rosique, explicó que los policías entraron en el campus sobre las 9.30 horas «sin autorización» e identificaron a un estudiante. Otros miembros de la plataforma pasaron la noche en el campus de Bellaterra de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), y en los de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), en Barcelona.

Huelga desigual

Tras los encierros, manifestación por Barcelona. A partir de entonces, universitarios y CDR se mezclaron en las calles. Los estudiantes cortaron la avenida Diagonal a la altura de la Facultad de Ingeniería y también la Gran Vía, causando importantes retenciones. La manifestación matutina finalizó en la plaza San Jaime. Quim Torra salió a saludarles y decirles que no decaigan. Antes, grupos radicales de estudiantes -a los que se habían sumado los de los institutos- arrojaron huevos contra la sede la Policía Nacional en Vía Layetana e intentaron quemar una bandera de España.

El seguimiento de la huelga fue desigual. En la UAB y la Universidad de Gerona el paro académico fue notable; en el resto de universidades, según las facultades. En los institutos, por su parte, los paros fueron casi residuales en Barcelona y Gerona -no llegaron al 25%- y mayoritarios en la zona de Tortosa y Tierras del Ebro -por encima del 80%-, según datos oficiales.

Nadie echó en falta los paros de cinco minutos a las puertas de los trabajos y las empresas a las 12.00 horas. El seguimiento fue nulo. Un año después, el 1-O es solo la triste normalidad de una Cataluña incómoda.