El número uno de Cs en el Parlamento Europeo, durante la noche electoral
El número uno de Cs en el Parlamento Europeo, durante la noche electoral - Europa Press

Garicano se suma a Valls y apunta que «se puede» elegir a Colau como mal menor ante el separatismo

El número uno de Ciudadanos en el Parlamento Europeo sugiere que su partido vote a favor de la investidura de la actual alcaldesa en Barcelona para evitar que ERC controle la capital de Cataluña

MadridActualizado:

Elegante y sin bajar al barro, Luis Garicano ha vuelto a posicionarse contra el criterio del Comité Ejecutivo de su partido, órgano al que él mismo pertenece. El responsable económico de Ciudadanos (Cs) y número uno de la formación en el Parlamento Europeo se ha desmarcado del argumentario oficial y ha defendido las mismas tesis que Manuel Valls en Barcelona.

El ex primer ministro francés, auspiciado por Cs en la ciudad condal, está marcando un perfil propio en las negociaciones postelectorales e ignora ostensiblemente a la formación que le cedió sus estructuras en Barcelona para hacer una candidatura absolutamente personalizada en él. Valls, molesto con la posibilidad de que Cs pacte con «la ultraderecha» en algunos lugares de España, entiende también que, con los resultados del 26 de mayo en la mano, es su deber impedir que el independentismo pueda controlar la capital catalana.

Ernest Maragall (ERC) ganó las elecciones en Barcelona, aunque empata en número de concejales con la líder de los comunes, la alcaldesa en funciones, Ada Colau. El miércoles Valls le ofreció su apoyo gratis a Colau y al PSC para facilitar una investidura de la primera si estas dos formaciones alcanzan un acuerdo previo. Su objetivo, poner un cerco al nacionalismo.

La reacción de Cs, sin embargo, no tardó en llegar. Ese mismo miércoles el partido emitió un comunicado en el que garantizaba que no dará apoyo alguno a ninguna candidatura «populista ni independentista». La única alternativa que se plantean los liberales es la de facilitar la investidura del socialista Jaume Collboni, aunque para ello tendría que ceder Colau sus once concejales al PSC, que quedó por detrás en los comicios.

Ahora, Garicano ha publicado un tuit mucho más cercano a los postulados de Valls que a los defendidos por su propia dirección. «¿Se puede votar a una opción mala? ¿Se puede votar a Colau aunque a uno le parezca malísima alcaldesa? Claro que se puede si es para evitar un resultado aún peor, quizás catastrófico: que los independentistas instrumentalicen y destrocen Barcelona».

Esta no es la primera vez que Garicano se distancia de la línea oficial designada desde la sede nacional del partido, en la madrileña calle de Alcalá. En la reunión del Comité Ejecutivo en la que se aprobó oficialmente el veto a Pedro Sánchez, la suya fue una de las pocas voces que se pronunció en contra de esta decisión —aunque después votó a favor para no romper la unanimidad—. También es mucho más duro que la mayoría de sus compañeros de filas con Vox, una formación a la que tacha de «populista» y «peligrosa» para el proyecto de la Unión Europea.

Pero sin duda el mayor enfrentamiento entre Garicano y el aparato de Cs fue en las primarias de Castilla y León. Albert Rivera y José Manuel Villegas apostaron por la expopular Silvia Clemente, que dejó la Presidencia de las Cortes regionales para unirse a los liberales, pero él entendió el fichaje como un error de bulto. Apoyó la candidatura de Francisco Igea, diputado nacional y líder del área de Sanidad del partido, que dio un paso adelante y se convirtió en el primer integrante con responsabilidad en el partido que se atrevió a postularse contra un candidato oficialista.

El tiempo dio la razón a Garicano y a Igea, aunque antes tuvieron que sobreponerse a un pucherazo que actualmente investiga la Fiscalía de Valladolid, y el pucelano terminó imponiéndose en las primarias. Ahora, Igea tiene la llave del ejecutivo autonómico y con sus votos puede mantener en el gobierno al PP tras 32 años encabezándolo, o dárselo a Luis Tudanca, un destacado sanchista.

El de Barcelona no es sino uno más de los rompecabezas que debe resolver Cs después del 26-M. Ha habido incluso amenazas cruzadas entre Valls y Cs con «romper» la plataforma bajo la que se presentaron —Barcelona pel Canvi-Cs—, y que terminen votando por distintas investiduras los tres independientes que obtuvieron asiento en el Ayuntamiento y los tres concejales de Cs que lograron lo propio. El panorama se complica al tratarse de un escenario municipal, ya que si no se alcanza acuerdo para construir una mayoría alternativa, automáticamente gobierna la lista más votada. Mientras Colau coquetea con el independentismo buscando otras opciones, corre el riesgo de que gobierne ERC por «decreto».