El comisario de los Mossos Ferran López, en el Tribunal Supremo
El comisario de los Mossos Ferran López, en el Tribunal Supremo - Europa Press

La cúpula de los Mossos «condena» a sus jefes políticos sin aclarar su pasividad el 1-O

Hasta cinco mandos aseguran que los líderes del «procés» estaban avisados de que habría violencia

MadridActualizado:

En cadena, como las fichas de un dominó, los testimonios de cinco jefes de los Mossos d’Esquadra han dejado a los pies de los caballos a los líderes secesionistas. Sea una estrategia para salvar al mayor Trapero o para defender el honor del Cuerpo, lo cierto es que es ahora, en el juicio al «procés», cuando la cúpula de la Policía catalana ha revelado públicamente que advirtieron en dos ocasiones al Govern de la previsible violencia el 1-O.

Aunque los mandos de los Mossos han tardado un año y medio en situarse en público al lado de la legalidad, a tenor de sus declaraciones los avisos sí llegaron a tiempo. Alertaron de los choques en sendas reuniones el 26 y el 28 de septiembre, a tres días de la votación ilegal. Estuvieron presentes el entonces presidente Carles Puigdemont, el vicepresidente, Oriol Junqueras, y el consejero de Interior, Joaquim Forn.

Los políticos secesionistas que rinden cuentas ante la Justicia sabían, por tanto, lo que había, y lo asumieron: si seguían adelante con el 1-O, habría enfrentamientos en las calles. La respuesta de los líderes del «procés» demostró su obcecación. Manuel Castellví, el antiguo jefe de la Comisaría de Información, abrió el camino y cambió el paso del juicio. Le siguió Emilio Quevedo, exresponsable de la Comisaría General Técnica de Planificación de los Mossos; y terminaron de rematarles el mayor Josep Lluís Trapero; su exnúmero dos, Ferrán López, y el comisario Juan Carlos Molinero, los dos últimos esta misma semana.

Los jefes de los Mossos han dejado en el aire preguntas sin resolver sobre su propio rol

A pesar de esta revelación conjunta —decisiva para avalar la tesis de la Fiscalía— los jefes de los Mossos han dejado en el aire preguntas sin responder sobre su propio rol, que será analizado en profundidad en la Audiencia Nacional. Su supuesta determinación para evitar el 1-O choca con la realidad: el escaso operativo desplegado, la infrautilización de los antidisturbios o los obstáculos colocados por algunos mossos contra los policías, a quienes llegaron incluso a enfrentarse. Estas son las principales lagunas que arrojan sus declaraciones en el juicio del «procés».

El binomio de los Mossos

Una de las cuestiones más controvertidas de la actuación de los Mossos los días previos al 1-O y la propia jornada del referéndum es si el plan diseñado permitía dar cumplimiento realmente al mandato judicial de impedirlo, y si lo que realmente se pretendía con este ineficaz e ineficiente dispositivo es que pudiera celebrarse la votación. Se cuestiona que la cúpula policial no pusiera a todos sus agentes en la calle, que hubiera menos incluso que en una jornada de votación «legal» –a pesar de que se esperaban incidentes violentos– y que apenas se destinara a una pareja de mossos a cada centro de votación. Mientras que los mandos superiores de la Policía Nacional y Guardia Civil aseguran que se enteraron el mismo 1-O por la mañana de este dispositivo, la cúpula de los Mossos sostiene que este binomio estuvo encima de la mesa desde el primer momento y que no era insuficiente porque formaba parte de un plan conjunto, en el que también intervenían las otras policías. Ese plan consistía, según los testigos de los Mossos, en que en una primera fase, estas parejas visitaran los colegios y cerraran los que estaban abiertos, y que si no conseguían hacerlo, intervendrían ya los 6.000 policías y guardias civiles que se enviaron desde Madrid.

Tanto Pérez de los Cobos como los máximos representantes de ambos cuerpos en Cataluña, Ángel Gozalo y Sebastián Trapote, respectivamente, lo niegan. Sostienen que lo acordado en las reuniones de coordinación era una intervención exclusiva de los Mossos, y solo si era necesario, se pediría auxilio a los otros cuerpos. A primera hora de la mañana, al ver que los Mossos no actuaban, se dieron cuenta del «engaño» y fue entonces cuando los guardias civiles y policías nacionales empezaron a entrar en los colegios en cumplimiento del mandato judicial.

Actitudes pasivas o cómplices

El comisario de los Mossos Juan Carlos Molinero declaró esta semana que los Mossos se implicaron en el cumplimiento del mandato judicial de cierre de los colegios de la misma forma que los agentes de los otros dos Cuerpos. Sin embargo, el hecho de que la cúpula de los Mossos apenas destinara antidisturbios a esta labor porque «los necesitaban en otros puntos de Barcelona» –con motivo de dos manifestaciones y un partido entre el FC Barcelona y Las Palmas (que se celebró a puerta cerrada)– es significativo. Durante el interrogatorio de Javier Zaragoza a Molinero, el fiscal dejó en evidencia la pasividad de la Policía autonómica. «¿El día 1 de octubre algún mosso resultó lesionado?» «Creo que no». «¿Contusionado?» «Creo que no». «¿Agredido?» «No me constan agresiones, tampoco puedo asegurar que no». «No hay más preguntas».

Al margen de las actuaciones pasivas de los mossos relatadas por distintos testigos (como la imagen de policías autonómicos mirando la intervención policial a metros de distancia), otros han referido comportamientos activos, cuando no de connivencia con los manifestantes. Es el caso de un agente que en un colegio electoral se interpuso con los brazos en cruz entre policías y manifestantes al grito de «¡Dejadles votar!»; de mossos que sujetaban en sus propias manos las urnas; de agentes que se enfrentaron a guardias civiles en la entrada al centro de votación, o de agentes que los días previos al 1-O eran despedidos con aplausos de los colegios por no cerrarlos. Tampoco supieron interpretar que las «actividades escolares» que mantuvieron los centros abiertos desde el viernes por la tarde (con chocolatadas o «fiestas de pijamas») buscaban burlar la prohibición judicial. «No intervinimos porque no había urnas ni papeletas dentro», se justificaba un mando de los Mossos.

Espionaje y seguimientos

Agentes de las Fuerzas de Seguridad desplegados en Cataluña han denunciado seguimientos y espionaje el 1-O por parte de los Mossos, que informaban a la central de sus movimientos y de los colegios de los que salían y a los que se dirigían. Para ello utilizaban la «clave 21», una señal para que esos datos sensibles no se transmitieran por el canal ordinario. «No hubo consignas, pero se produjeron conversaciones para solicitar la información sobre la situación de la Guardia Civil y la Policía Nacional», reveló el teniente coronel Daniel Baena, jefe de la investigación policial. «Se dio prioridad a este cometido frente a otros factores de aquella jornada del 1 de octubre».

La versión de la cúpula de los Mossos es muy distinta. Los comisarios López y Molinero no han negado que existieran esas comunicaciones, pero las enmarcan en la protección de los agentes. Sostienen que aquel día había previstas diversas concentraciones, «algunas con tractores y remolque para impedir movimientos policiales» y que los Mossos querían saber la posición de las otras policías para avisarles sobre la posible obstaculización de alguna vía.

Una postura ambigua

Un año y medio después del 1-O los Mossos dejan claro ahora tres cuestiones que habría resultado crucial saber entonces: la primera, su «firme voluntad» de cumplir el mandato judicial; la segunda, que advirtieron a los procesados de que el 1-O generaría episodios violentos. Y la tercera, que Trapero tenía un plan para detener a Puigdemont si así se lo ordenaba la autoridad judicial. Si la postura de los Mossos era tan clara, ¿por qué no informaron públicamente de su posición en un momento en el que su actuación estaba en tela de juicio tras los incidentes del 20-S? ¿Por qué no pusieron en conocimiento de la autoridad judicial que el Gobierno de la Generalitat seguía adelante con sus planes pese a tener constancia de la más que probable violencia a la que aludían los análisis de Información?

El jueves, el comisario Molinero aseguró bajo juramento que después de salir de la reunión del 28 de septiembre los mandos de los mossos valoraron convocar una rueda de prensa para exponer su postura en torno al 1-O. Pero lo cierto es que no lo hicieron. Y las explicaciones llegan tarde.