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Josep Borrell

Las cosas como son

«Todos los cambios de embajadores pueden ser objeto de críticas. Pero éstas se deben basar en datos ciertos»

MadridActualizado:

El pasado 25 julio, este periódico publicaba el artículo «La noche de los cuchillos largos de Josep Borrell» en el que su autor, Ramón Pérez-Maura, afirmaba que «El equipo de Borrell ha laminado la carrera de medio centenar de diplomáticos que llevan entre una año y año y medio en sus destinos», se sorprendía de que tales cosas pudiesen ocurrir con un ministro tan experimentado y advertía del peligro que el Servicio Exterior de España corría en esta nueva etapa de Gobierno.

Obviamente, todos los cambios de embajadores, que se suelen producir cuando hay un cambio de Gobierno, pueden ser objeto de críticas. Pero éstas se deben basar en datos ciertos, de lo contrario, el ciudadano/lector no puede hacerse un juicio cabalde las decisiones políticas que se le comentan. Sintiéndome directamente interpelado, y como creo que hay que responder cuando los datos que se utilizan no se corresponden con la realidad, debo señalar que no es cierto que se haya «laminado la carrera de medio centenar de diplomáticos que llevan entre un año y año y medio en sus destinos». Permítanme explicarlo con detalle.

Antes del cambio de Gobierno provocado inesperadamente por la moción de censura, el ministro Alfonso Dastis había previsto proceder a nombrar cuarenta y seis embajadores o embajadoras. Seis de ellos ya habían sido nombrados y estaban en puesto cuando el nuevo Gobierno entró en funciones. De los cuarenta restantes, a veinte de ellos se les han mantenido las mismas asignaciones de Embajadas previstas por el anterior equipo; a nueve se les han asignado otras Embajadas o se les ha nombrado directores generales en el nuevo equipo del Ministerio; dos candidatos renunciaron a sus puestos voluntariamente; y únicamente a nueve no se les ha asignado un puesto de embajador en este año, por haber sido modificada la asignación prevista por el anterior equipo, sin perjuicio de que puedan ser nombrados jefes de misión en las siguientes oportunidades. En total, pues, únicamente se ha dejado de nombrar a nueve de los cuarenta y seis candidatos propuestos por el anterior equipo.

Respecto a los ceses de embajadores a raíz del cambio de Gobierno sin haber llegado al término habitual de sus mandatos, su número no es de medio centenar sino de doce. Además, dos de ellos, el Sr. Wert ante la OCDE y el Sr. Morenés en EE.UU., al que tengo que agradecer de nuevo su ejemplar actitud ante los ataques a España del Sr. Torra en Washington , embajadores «políticos» que no pertenecían a la carrera diplomática, tuvieron la elegancia de presentar su dimisión de forma inmediata tras el cambio de Gobierno.

Así pues, solo son diez, y no medio centenar, las Embajadas en las que se han producido cambios antes del final normal del periodo de ejercicio de las funciones de un embajador, en parte, porque se han considerado Embajadas de especial relevancia política para el nuevo Gobierno, o porque se ha nombrado en su lugar a altos cargos salientes, como ha sido el caso de Italia o Brasil. Pero no se ha procedido, como en otras ocasiones, a cambios mucho más extensos y expeditivos en la representación exterior puesto que no se ha cambiado a los jefes de misión en puestos de relevancia como, por ejemplo, Francia, Unión Europea, Reino Unido y Argentina.

«Se han nombrado embajadores, o se ha procedido a pedir el preceptivo placet, en países relevantes a prácticamente todos los altos cargos salientes»

Se ha procedido a efectuar solo tres nombramientos de embajadores que no pertenecen a la carrera diplomática, en la OCDE, Andorra y Unesco. Y, además, se han nombrado embajadores, o se ha procedido a pedir el preceptivo placet, en países relevantes a prácticamente todos los altos cargos salientes, lo que no creo que haya ocurrido en anteriores «noches de cuchillos largos», como el ministro Alfonso Dastis en Italia, los tres secretarios de Estado en Japón, Irlanda y Brasil, la subsecretaria en Bélgica, el director del Departamento de Asuntos Internacionales de Gabinete de la Presidencia del Gobierno en Luxemburgo, el director de la AECID en Finlandia y el director de la Escuela Diplomática en Egipto. Se le ha asignado, también, la Embajada en Filipinas al anterior secretario de Estado de Presidencia del Gobierno, Jorge Moragas, que había sido muy recientemente nombrado embajador en la ONU. Los directores generales salientes, altos cargos del anterior equipo, también están siendo propuestos para jefes de misión, como, por ejemplo, el director de Organismos Internacionales en Corea.

Creo que raras veces, por no decir nunca, se ha procedido de esta manera con el equipo saliente, y, a la vista de las cifras y casos citados, tampoco es cierto que todo el equipo del anterior ministro García-Margallo haya sido «laminado», aunque ciertamente se han producido algunos cambios. Pero hay que poner las cosas en su justa dimensión, y con las cifras y las razones que he explicado, ¿se puede realmente mantener la acusación de «haber laminado la carrera de medio centenar de diplomáticos que llevan menos de un año y medio en sus destinos»? Parece que no es lo mismo una escasa decena que medio centenar…

Ello no quita que habrá que buscar la mejor forma de utilizar la capacidad profesional de todos los miembros del cuerpo diplomático, hayan sido cesados en una embajada o estén en la legitima expectativa de ser nombrados, o en los servicios centrales del Ministerio, donde su experiencia y conocimientos serán muy útiles y donde muchos servicios están muy escasos de personal. Y, por supuesto, es necesario y urgente, definir un procedimiento reglamentario y, también, un sistema de evaluación del desempeño que permita valorar de la manera más objetiva posible los méritos de cada candidato a las distintas jefaturas de misión, para que todos los Gobiernos puedan ejercer de la forma más eficiente posible su capacidad de nombramiento. Ojalá que pueda contribuir a ello.

Josep Borrell
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