Pedro Sánchez, durante el debate en el Congreso - ÁNGEL DE ANTONIO

El Congreso hunde la candidatura de Sánchez y su pacto con Ciudadanos

El candidato socialista solo obtiene 130 votos a favor, de su partido y del de Albert Rivera, frente a 219 en contra y una sola abstención

MadridActualizado:

Pedro Sánchez era un hombre vencido desde el primer minuto de su debate de investidura. Lo sabía él, que en su discurso inicial ya admitió que no tenía mayoría suficiente, ni con Ciudadanos ni con la izquierda, para poder formar Gobierno, y lo confirmaron por la tarde la inmensa mayoría de los diputados, que rechazaron la candidatura del secretario general del PSOE.Solo 130 diputados votaron que «sí», los 90 socialistas más los 40 de Ciudadanos, frente a los 219 que votaron que «no» y una abstención, de Coalición Canaria. Nunca antes un candidato obtuvo tan pocos votos a favor en su debate de investidura. Sánchez tendrá una segunda oportunidad, el viernes a las 19.45 horas. Entonces solo necesitará mayoría simple, más «síes que «noes», pero a la vista de las posiciones férreas de cada uno, todos dieron ayer la investidura por fallida.

Esta primera derrota de Sánchez probablemente no fue ayer lo peor para él. Lo más negativo para el PSOE es que Podemos, el partido en el que confiaban para alcanzar la mayoría suficiente, rompió todos los puentes con los socialistas, con un ataque directo al corazón del partido del puño y la rosa, con alusiones a los tiempos de Felipe González y la cal viva de los GAL, que hizo saltar de sus asientos a todos los diputados del PSOE. «Ha sido salvaje», comentaron algunos diputados en los pasillos, tras la intervención de Pablo Iglesias, dirigida a tomar por asalto, esta vez sí, el espacio de la izquierda ocupado por el PSOE. Su tono de superioridad moral trató de aplastar a los socialistas, y Sánchez solo acertó a pedir respeto, a mostrar su orgullo por Felipe González, y a volver a tender la mano hacia esta formación de extrema izquierda.

El primer «no» del día lo dio Mariano Rajoy, que abrió ayer el debate con un golpe directo al acuerdo de Gobierno firmado por el PSOE y Ciudadanos. Rajoy se sintió cómodo en la tribuna, y utilizó toda la sorna e ironía que le caracterizan para ridiculizar un acuerdo «solo comparable al Pacto de los Toros de Guisando», y que le ha hecho revivir, según reconoció, aquella conjunción interplanetaria de la que habló Leire Pajín, cuando iban a reunirse Zapatero y Obama.

Rajoy caricaturizó el pacto y confirmó que el PP votaría «no» a Sánchez, porque pretende derogar las reformas que han sacado a España de la crisis, porque, según dijo, su programa es malo para España y porque el PSOE, que perdió las elecciones, ha buscado la exclusión del PP. El presidente en funciones acusó al PSOE y a Ciudadanos de engañar a los ciudadanos, porque no suman y han hecho creer que su acuerdo era un paso histórico. Su conclusión: la candidatura de Sánchez es un «bluf».

«La pedagogía a veces es muy dura», explicó su jefe de gabinete, sobre el discurso de Rajoy. El líder del PP tenía preparada una contundente respuesta sobre la corrupción, en el caso de que Sánchez le sacara a relucir este asunto. Pero no le hizo falta, porque no fue el candidato socialista, sino Rivera, y solo al final, quien utilizó la corrupción para tratar de atacar al PP. «Rivera se ha convertido en el portavoz de Sánchez», comentaron después fuentes de Moncloa.

En los pasillos, Rajoy y los suyos se mostraron muy satisfechos con el debate. En declaraciones a ABC, el presidente en funciones comentó que estaba contento con su discurso y que todo había salido según lo previsto. Rajoy no cree que las relaciones con el resto de los grupos se haya dañado más todavía por la dureza del combate parlamentario. «No estamos peor», señaló. En su equipo dieron por hecho que la candidatura de Rajoy se mantiene firme: «Tanto Sánchez como Rivera quieren la cabeza de Rajoy. Pues no la van a tener. Por supuesto que sigue adelante», subrayaron fuentes próximas al presidente. Eso sí, quieren ir paso a paso. «Ahora es el momento de Sánchez. Hay que esperar. Si es una investidura fallida, tomaremos la iniciativa», advierten en Moncloa.

En el hemiciclo, tanto Sánchez como Rivera pidieron, efectivamente, la cabeza del líder del PP. Sánchez se expresó así: «Para que se produzca la verdadera regeneración democrática en nuestro país es necesario que se produzca la renovación de liderazgo del Partido Popular, y eso solamente se puede producir en la oposición». Su conclusión es que Rajoy es un «tapón» para la renovación del PP. A Rajoy le gustó poco este comentario y se lo devolvió: «El tapón es usted», al no dejar que gobierne el partido más votado en España, y al no aceptar esa coalición propuesta por Rajoy.

Rivera también dio por amortizado al líder del PP: «Creo que usted no es creíble para encabezar la nueva etapa política» en España. Podía parecer que la relación de Ciudadanos y PP se rompía en mil pedazos. Pues no. En el PP, sobre todo los veteranos, quitan importancia a estos choques parlamentarios, y ven perfectamente posible que la semana que viene estén reunidos para buscar nuevos acuerdos.

El mitin de Iglesias

Las intervenciones de Pablo Iglesias, y sus marcas de Cataluña y Galicia, fueron un mitin electoral, sin disimulo alguno. Iglesias «actuó» en la tribuna, se dirigió a «la gente» que le veía por televisión, y no tanto a los diputados, hizo un discurso repleto de consignas populistas, con ocurrencias divertidas como llamar «naranja mecánica» a Ciudadanos, que hizo gracia hasta a Rivera, y acabó, cómo no, con el puño en alto, y dando besos y abrazos a diestro y siniestro entre los suyos. Cargó con furia contra este PSOE de Sánchez, pero al mismo tiempo le tendió la mano para volver a intentarlo a partir de la próxima semana, eso sí, con una advertencia clara, con una cita del subcomandante Marcos incluido: «En el engaño nada florece, en la verdad todo es posible. No vuelvan a tratar de engañarnos». Iglesias incendió las filas socialistas con sus alusiones a Felipe González y la cal viva, y logró lo que buscaba, que Patxi López le retirara la palabra, porque había sobrepasado su tiempo.

El resto de los portavoces fue una letanía de rechazos a Pedro Sánchez. Desde ERC, Joan Tardà anunció que la independencia de Cataluña está en marcha, y la proclamación de la república, a punto. Por Democracia y Libertad, Francesc Homs confirmó su «no» al candidato socialista, y le riñó por decir que en Cataluña hay una crisis de convivencia, lo que descolocó a Sánchez. El líder socialista descartó de nuevo el referéndum en Cataluña, pero se mostró dispuesto a «hablar de todo» si los secesionistas renunciaban a esa consulta.

Sánchez acabó con menos votos de los que tenía antes de empezar el debate. Coalición Canaria se echó atrás y pasó del «si» a la abstención, y el PNV confirmó que no podía apoyarle.