Un hombre sin hogar duerme en las calles de Córdoba
Un hombre sin hogar duerme en las calles de Córdoba - Jesús Spínola

Aporofobia, cuando odiar al pobre es delito

Las agresiones que tienen un componente discriminatorio por razón económica pasan a engrosar la lista de delitos de odio del ministerio del Interior

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El 23 de agosto de 2009 cinco jóvenes propinaron una paliza a un mendigo que dormía en un fotomatón de Moncloa. Le dejaron en coma. Los brutales golpes de sus agresores (acusados de ser neonazis) le causaron un traumatismo craneoencefálico que le dejó secuelas de por vida. En el juicio celebrado cuatro años después, el abogado de los jóvenes afirmó que los «mendigos no son personas humanas» sino «cánceres de la sociedad que deberían ser extirpados». El odio exacerbado que desprendieron sus palabras hacia personas con pocos recursos tiene un nombre: «aporofobia», y es considerado uno de los denominados «delitos de odio» junto a la homofobia, el racismo o el antisemitismo.

La aporofobia es el «odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos y el desamparado» que cuando se manifiesta en agresiones o vejaciones pasa a engrosar la cifra de «delitos de odio» que recoge el ministerio de Interior.

Las infracciones registradas en este informe son residuales. Solo constan cuatro episodios de aporofobia en 2013: dos lesiones, un hurto y unos malos tratos sin lesión. Sin embargo, el principal problema de esta discriminación es la falta de datos: es probable que muchas agresiones no se denuncien.

Sin embargo, el principal problema suele ser la dificultad de contabilizar y encuadrar las agresiones que sufren las personas que viven en la calle con un componente discriminatorio. Además del informe de Interior, pocos son los registros a los que se puede acudir. «Tenemos datos más generales que pueden indicarnos algunas tendencias, pero hay pocos registros de aporofobia como delito de odio. El 51% de las personas sin hogar han sido agredidos, según las estadísticas del INE», asegura Luis Perea, director de Movilización de RAIS Fundación.

Tampoco hay una cifra única para contabilizar a las personas sin recursos. El Instituto Nacional de Estadística arrojó en 2012 una cifra de 23.000 personas sin hogar. Sin embargo, Rais Fundación eleva los cálculos a 40.000 ciudadanos viviendo en la calle.

Este discurso del odio contra el pobre también exacerba otras intolerancias. Según Perea, grupos como los neonazis se aprovechan de la situación de «vulneración» de las personas sin hogar para agredirles y «descargar con ellos».

Un concepto nuevo

La «aporofobia» como delito de odio no está concretada en el Código Penal, por lo que las agresiones con un componente de intolerancia se mezclan con otras de diferente índole. De hecho, el término «aporofobia» es relativamente nuevo. Aunque aparezca en los registros del ministerio del Interior, esta palabra aún no ha sido incluida en el diccionario de la RAE y fue popularizada en España por la filósofa y catedrática Adela Cortina.

Los expertos temen que la crisis haya podido agudizar la intolerancia hacia los «sin recursos», aunque no hay cifras que permitan comprobarlo. «La pobreza molesta porque pone de manifiesto el fracaso de la sociedad. Las personas sin recursos que no son consumidores parecen molestar a políticos y empresarios. Cuando uno no tiene capacidad de consumo parece que pierde los derechos como ciudadano», afirma Perea.

Aunque no se manifieste en conductas delictivas, Perea afirma que esta intolerancia reside «en el imaginario colectivo»: «Nos molesta la inmigración que viene a España por motivos económicos, pero no la acomodada, cuando son los ricos los que vienen a nuestro país lo vemos como multiculturalidad». Según esta ONG, la discriminación se extiende hasta el diseño del urbanismo de muchas ciudades en las que se instalan «polletes con pinchos o bancos partidos para que no puedan tumbarse los sin hogar», matiza el experto.