El rescate que España ha evitado
De Guindos con Juncker y el ministro francés de finanzas, Jan Kees de Jager - AFP

El rescate que España ha evitado

Las ayudas financieras que la Comisión Europea, el BCE y el FMI concedieron a Grecia, Irlanda y Portugal fueron acompañadas por un exigente plan de ajustes

ATENAS/LONDRES/LISBOA Actualizado:

Grecia, al límite, 340.000 millones después

Todo comenzó con una farsa estadística (las cuentas maquilladas que Atenas envió a Bruselas) y acabó en tragedia macroeconómica y social. El primer rescate griego, aprobado en mayo de 2010, se elevó hasta los 110.000 millones, que se debían repartir en tres años a cambio de un duro programa de ajustes. Pero el Gobierno heleno no destacó como un alumno ejemplar en materia de disciplina fiscal. A duras penas se implementaron algunas medidas, como una progresiva reforma de la ley de pensiones, la rebaja de los salarios públicos o el aumento del IVA.

Pero la reducción del sector público apenas se activó. Solo 9.000 funcionarios pasaron a la «reserva laboral», una suerte de despido temporal. Mientras, la economía griega seguía sin dar señales vitales: el déficit alcanzaba un 10,6% en 2010 y el 9,1% en 2011, el paro se disparaba por encima del 20%, el capital huía del país, la recaudación de impuestos caía en picado, la financiación en los mercados seguía siendo una misión imposible...

Incapaz de asumir el coste social de las reformas, el socialista Yorgos Papandreu salió por la puerta de atrás en noviembre de 2011, dando paso a un gobierno de concentración encabezado por el tecnócrata Lukas Papadimos. El segundo paquete de salvamento, por 130.000 millones, llegó en marzo de este año y vino acompañado de una histórica quita por valor de otros 100.000 millones. Grecia esquivó la quiebra desordenada, pero las exigencias y la vigilancia de los técnicos de la troika se han redoblado: debe acelerar su reforma fiscal, rebajar más salarios y pensiones, adelgazar la maquinaria administrativa y despedir a 150.000 funcionarios hasta 2015. Pero el fiasco de las elecciones generales ha vuelto a poner en entredicho la capacidad de Atenas para cumplir sus compromisos. Con pie y medio fuera de Europa, Grecia se la juega, una vez más, en la cita con las urnas del próximo domingo.

La banca provocó la intervención de Irlanda

Irlanda lo había intentado todo desde que la explosión financiera de 2008 provocó una implosión inmobiliaria en el pasivo de sus bancos. En enero de 2009 nacionalizó un banco. Un mes después otros dos. Creó un «banco malo» para separar los activos inmobiliarios tóxicos de hasta seis entidades financieras. En dos años, el gobierno del histórico Fianna Fáil aplicó recortes equivalentes a 15.000 millones de euros. Pero la presión sobre la deuda soberana y las dudas de los inversores fueron insostenibles. En noviembre de 2010, el Gobierno seguía manteniendo que no habría rescate. En diciembre de aquel año, Irlanda firmaba un memorando de entendimiento con duras condiciones para recibir un rescate de 85.000 millones de la UE y el FMI.

Irlanda se comprometía a un recorte de otros 15.000 millones en 4 años y a reducir un déficit presupuestario del 12% al 3% al final de 2014. El IVA subió al 23%. Se cerraron comisarías y eliminaron numerosos subsidios. No fue suficiente. En diciembre de 2011 el FMI concedió un nuevo crédito de 3.900 millones al malherido «tigre celta». Entre medias, el Gobierno del Fianna Fáil había sido borrado del mapa electoral. Y en julio de 2011, el nuevo primer ministro, Enda Kenny, pidió sopitas. Y se las dieron. La troika aceptó ampliar el plazo de pago del crédito de 7 a 15 años. Bajaron el tipo de interés del 6% a 3,5 o 4%. Y concedieron a Irlanda un año más para cumplir su objetivo de déficit.

Un año y medio después de ser intervenido, el paro está en el 13,8%, y sigue subiendo, mientras el país crecerá a un magro 0,5% en 2012. Numerosos economistas consultados destacan las diferencias entre Irlanda y España. Los créditos inmobiliarios corroían el equivalente al 73% del PIB irlandés, frente al 29% en España que estima Deutsche Bank. Y los más de 64.000 millones que Irlanda ha inyectado ya en sus bancos equivale al 40% de su PIB. En España, se da por hecho que la ayuda tendrá una equivalencia de un solo dígito del PIB.

Portugal cumple, pero la recuperación no llega

El Gobierno portugués emitió oficialmente el pedido de ayuda financiera el 6 de abril de 2011. Por entonces era primer ministro José Sócrates. Quince días antes había presentado su dimisión porque el Parlamento había rechazado el IV plan de medidas para reducir el déficit. A pesar de todos los esfuerzos por evitar el rescate, Sócrates se vio presionado en un momento en el que Portugal no conseguía acceder a la financiación en los mercados. El Estado no tenía dinero para pagar a los funcionarios y los bancos estaban sin liquidez. La tasa del paro del 10,7%, la deuda del 83,1%del PIB, la inflación del 0,9% y sobre todo la inestabilidad política complicaban todavía más el difícil escenario económico.

Con elecciones anticipadas previstas para el 5 de junio de 2011, el Ejecutivo socialista en funciones firmó el Memorándum de Entendimiento con el FMI, el BCE y la Comisión Europea (la popular troika) que se dio a conocer el 3 de mayo. La ayuda ofrecida fue de 78.000 millones, de los que 12.000 eran para la banca. Las elecciones legislativas trajeron cambio de Gobierno (de coalición de centro derecha) a quien tocó poner en marcha un severo plan de ajustes. Funcionarios y jubilados se quedaron sin pagas de verano hasta 2018, el despido se abarató hasta los 20 días por año trabajado, se suprimieron cuatro días festivos, se endureció el copago sanitario, el IVA del gas, la electricidad y muchos alimentos se disparó del 6 al 23%...

Un año después Portugal, a primera vista, está peor, con 15% de paro, una deuda pública del 100% del PIB y en recesión. El Gobierno de Pedro Passos Coelho ha ido más allá de lo acordado con el FMI para poder llegar a final de 2012 con un déficit de 4,5%. De momento ya han pasado con nota positiva los cuatro exámenes que la «troika». Portugal está cumpliendo los deberes pero aún no se atisba el inicio de la recuperación.