Imagen del Tanatorio de la Fuensanta en Alcolea (Córdoba) - ROLDÁN SERRANO

Muerte de BlesaEl refugio donde el banquero buscaba paz

Villanueva del Rey, en el Valle del Guadiato cordobés, se despertó ayer sorprendida por la muerte de Blesa, que intentó siempre pasar desapercibido en el pueblo

VILLANUEVA DEL REY Actualizado: Guardar
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No es temporada de caza en Villanueva del Rey. El apelativo «del Rey» se lo concedió Alfonso XI, el monarca que en el siglo XIV encargó el «Libro de la Montería», donde se describen los mejores bosques hispanos para la práctica de la caza. Era entonces el pasatiempo preferido de la realeza, al igual que hoy lo es de los banqueros y poderosos. Como Miguel Blesa, hallado muerto el pasado miércoles en este pequeño pueblo cordobés en el corazón del Valle del Guadiato, que ya se conocía en el siglo XIV como un buen sitio para cazar osos. Los osos desaparecieron hace tiempo, pero la caza ha seguido existiendo y es una buena fuente de ingresos en la comarca.

Los villorros -así es su gentilicio- se despertaron ayer sorprendidos por la muerte de su ilustre visitante, al que le gustaba pasar desapercibido. El alcalde, Pedro Barba, asegura que «Blesa solo venía a divertirse. Mantenía una relación superficial y discreta con el resto del pueblo». El banquero llevaba acudiendo a Villanueva del Rey desde hace «cinco o seis años» y nunca hablaba de su vida privada ni mucho menos de sus problemas con la justicia. «No me interesaba nada de eso», afirma el regidor, que recuerda que «hablábamos del municipio y nos decía lo bonito que lo teníamos».

Uno de los vecinos que mejor conocía al expresidente de Caja Madrid es Ángel, el dueño del único restaurante del pueblo, el Café Español, que Blesa solía frecuentar. Le gustaban las setas, aunque ahora no es temporada. Ángel, visiblemente afectado, lo recuerda como «una excelente persona» y «un buen cliente» que solía ir acompañado al restaurante. Entonces, «lo primero que hacía era darme un abrazo», afirma el propietario del Café Español.

En uno de los bares de la localidad, El Coto, los parroquianos no tenían otro tema de conversación. «Llevamos toda la mañana hablando de lo mismo», asegura un cliente. Antes de su muerte, Blesa no despertaba ningún interés entre los habitantes de un pueblo acostumbrado a la tranquilidad. «Era un hombre normal», sostienen quienes solían verlo en sus visitas, que intentaba -y al parecer lo consiguió- pasar desapercibido. Ni siquiera tras aparecer en la prensa y los informativos llamó la atención en Villanueva del Rey. El dueño de El Coto, que prefiere permanecer en el anonimato, le espeta a uno de sus clientes: «Éste no venía con un Porsche Cayenne como sí hacían otros». Buscaba paz, y la encontró en este tranquilo pueblo del Guadiato.