China clava su bandera en la cara oculta de la Luna
China clava su bandera en la cara oculta de la Luna - JOSÉ JUAN GÁMEZ KINDELAN

La próxima revolución económica está en el espacio

El menor coste de los satélites impulsa la visión comercial del espacio, un nuevo mercado que promete crecer exponencialmente en los próximos años

MadridActualizado:

El 4 de octubre de 1957 el lanzamiento del Sputnik 1 marcó el comienzo de la conquista del espacio. El primer satélite artificial puesto en órbita por el hombre tenía un tamaño poco mayor que una pelota, un peso de 83 kilos y supuso, además de que Rusia tomara la delantera a Estados Unidos en su carrera espacial, el pistoletazo de salida a medio siglo de lanzamientos de satélites cada vez más grandes, más caros y más resistentes. Era la época del llamado «old space», en la que el espacio estaba reservado a grandes presupuestos; tan grandes que sólo algunos gobiernos podían permitirse soñar con él.

Pero aquella época quedó definitivamente atrás y una nueva revolución, de dimensiones e impacto similares a lo que ha supuesto en nuestras vidas la llegada de Internet, comienza a gestarse. La nueva ola de colonización del espacio se apoya en la rebaja del coste de la tecnología, que ha logrado derribar una de las principales barreras de entradas a este nuevo mercado. Ahora, cientos de empresas, también en España, se afanan en desarrollar sistemas pequeños, baratos y rápidos que permiten a nuevas empresas formar parte del juego espacial. Es el llamado «new space», el nuevo espacio.

Esta tendencia, que ha ido ganando intensidad en los últimos años, está llevando a un fuerte crecimiento en el número de lanzamientos, que está previsto puedan pasar de los entorno a 300 realizados en 2017 hasta los cerca de 500 para 2022, según datos del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI). Y en este punto, los protagonistas indiscutibles son los llamados nanosatélites, pues pueden fabricarse de manera rápida y barata. Frente a los más de 80 kilos del primer Sputnik, un nanosatélite pesa entre 1 y 10 kilos, y se desarrolla en menos de ocho meses, cuando un satélite mediano o grande necesita entre 5 y 15 años.

Pero más allá de los cambios en la fabricación, el gran cambio que han introducido los nanosatélites es su finalidad. Y es que ahora se mira al cielo con un objetivo comercial. «No sólo se está propiciando la presencia de más nanosatélites en órbita, sino que se está favoreciendo su uso con fines comerciales. Mientras que entre 2013 y 2017 casi la mitad de los nanosatélites lanzados cumplía misiones militares y civiles, y la otra mitad tenía funciones comerciales, el pronóstico para los próximos años es muy diferente. Se espera que para 2022 hasta el 75% de las operaciones de nanosatélites en órbita tengan un objetivo de ‘space business’», aseguran desde Alén Space, una startup gallega especializada en estos satélites.

Las repercusiones de esta incipiente revolución no han tardado en llegar a las principales casas de análisis. «Estamos entrando en una era emocionante en lo que se refiere al espacio, donde esperamos más avances en las próximas décadas que a lo largo de toda la historia de la humanidad», asegura el banco de inversión Merril Lynch-Bank of America. Porque a medida que el coste de acceso cae en picado, aumenta el número de firmas interesadas en la industria extraterrestre. Así tanto Merril Lynch como Morgan Stanley valoran este mercado en torno a 350.000 millones de dólares. Pero quizá lo más relevante está en las perpectivas de evolución pues, según el banco estadounidense pasará de los 350.000 millones a 2,7 billones de dólares en 2045. Nunca antes el sector había manejado cifras de esta magnitud y la sensación de estar viviendo un momento histórico, el comienzo de una era, es palpable.

España, por fortuna, no se ha quedado atrás en esta democratización de espacio, aunque la demanda de un mayor apoyo institucional es una constante en el sector. «En España contamos con actores relevantes en los diferentes elementos de la cadena: micro-lanzadores, satélites e instrumentos de observación de la Tierra, sistemas adaptados al concepto nuevo espacio, nuevas formas de industrialización (industria 4.0) y desarrollo de nuevos equipos, aplicaciones, productos y servicios basados en sistemas espaciales», explican desde el CDTI.

Porque aunque el ejemplo por excelencia de empresa privada a la conquista del espacio suele ser el de SpaceX, fundada por el excéntrico Elon Musk, lo cierto es que no hace falta recurrir a un magnate mediático para encontrar grandes proyectos espaciales. De hecho, el pasado mes de noviembre se celebró en Vigo el Congreso New Space España que, bajo el título «Oportunidades de negocio fuera de la Tierra», reunió por primera vez en nuestro país a todas estas empresas del sector.

«A pesar de que la política industrial española no tiene un foco muy claro en el espacio lo cierto es que contamos con un sustrato muy interesante», asegura Guillermo Lamelas, consejero delegado de Alén Space, un proyecto que nació en el área de nanosatélites de la Universidad de Vigo y que, además de colaborar con la Agencia Espacial Europea y la NASA, recientemente ha sido catalogada como una de las cien mejores del mundo.

«Europa está apostando mucho por este sector. En España el esfuerzo es más difuso, aunque sí que percibimos interés. Las compañías que nacemos en torno al nuevo espacio tenemos que hacer mucho con poco», explica Lamelas. La posibilidad de crear una Agencia Espacial Española, o una entidad que centralice la apuesta espacial, es una reclamación tradicional en el sector. «En estos momentos los esfuerzos y responsabilidades están divididos entre diferentes ministerios y entidades para los que el apoyo al desarrollo del sector espacial es sólo una de sus muchísimas responsabilidades. Creemos que un órgano que coordinase los ingentes esfuerzos que se están realizando para fortalecer la competitividad de nuestro sector espacial, sería muy positivo», asevera Lamelas.

Desde el CDTI explican, sin embargo, que ellos son el organismo de la administración pública que gestiona, aproximadamente, el 80% de la participación española en programas espaciales civiles, tanto nacionales como internacionales. «Además, gestionamos convenios de colaboración con otros actores públicos y privados en virtud de los cuales las empresas españolas tienen la oportunidad de acceder a contratos en Europa. El CDTI actúa por tanto como oficina de gestión espacial en España», aseveran.