El Web Sumit, que se celebra en Lisboa cada año, ejerce como polo de atracción para el ecosistema digital global
El Web Sumit, que se celebra en Lisboa cada año, ejerce como polo de atracción para el ecosistema digital global - EFE

Portugal toma la delantera a España en la carrera por atraer el talento tecnológico

Incentivos fiscales, visados exprés, menos costes laborales y el tirón del Web Summit impulsan el país como referencia continental

Corresponsal en LisboaActualizado:

Portugal se está convirtiendo en la meca del sur de Europa en cuanto al empleo tecnológico, una tendencia impulsada por las grandes ventajas fiscales aplicadas a las startup y a los ciudadanos de otros países que se lanzan a residir e invertir en suelo luso. Un cúmulo de atractivos que hacen del país uno de los grandes destinos de los emprendedores.

Los gigantes de Silicon Valley, hasta ahora seducidos por las facilidades que otorga Dublín, giran la vista hacia Lisboa cada vez con más frecuencia, alrededor del buque insignia encarnado por el evento Web Summit (WS). La punta de vanguardia corresponde a la multinacional Google, que ya ha anunciado la apertura de un centro operativo que ofrecerá 1.300 puestos de trabajo de manera directa y activará otras oportunidades indirectas.

Una de las claves radica en la consolidación de la sintonía entre Paddy Cosgrave, cofundador y hombre fuerte del WS, y el impulso tecnológico con alicientes concretos del Gobierno socialista liderado por António Costa. Como resultado, no se ha dejado escapar la cumbre que cada año reúne a las mejores empresas del sector y Portugal se ha asegurado que el Web Summit se quede una década más (hasta 2028) en el Parque das Naçoes lisboeta, donde ha echado raíces entre el Altice Arena y el edificio que acoge las ferias. Un presupuesto global de 110 millones de euros ha terminado de convencer a los gurús irlandeses de que les convenía no moverse de la orilla del Océano Atlántico, en detrimento de las opciones de Madrid y Valencia, finalmente derrotadas.

Reactivación

El impacto de esta cita escapa a la semana de noviembre en que suele celebrarse, pues extiende sus alas de forma permanente. Así puede comprobarse con un simple recorrido por lugares emblemáticos de las nuevas tecnologías en Lisboa: desde el Village Underground, en Alcántara, hasta el Hub Creativo do Beato, ejemplo de cómo el distrito de Marvila está dejando de ser un lugar degradado para reciclar sus abandonados almacenes industriales en paraíso de las empresas del siglo XXI. Y lo mismo sucede en el área de Santos, próxima al renovado Cais do Sodré.

La melancólica capital Lisboa se ha puesto las pilas esta vez para engancharse a este tipo de empleo cualificado, beneficiándose de la ausencia de tensiones políticas, que no hacen sino poner piedras en el camino del World Mobile Congress de Barcelona. Y es que el Web Summit y las firmas que han aprovechado su tirón se libran en Portugal de las exigencias impuestas por los gobiernos autonómicos, sencillamente porque ese panorama no existe al otro lado de la frontera.

En Portugal hay consenso en el impulso institucional a la revolución digital

Pero, sobre todo, la sensibilidad tecnológica y la visión de futuro del Gobierno socialista luso le ha dado mil vueltas a las reticencias halladas en España. Aquí, tanto el Ejecutivo del PP como el del PSOE se han enzarzado en asuntos que arrinconan otras prioridades. Como último ejemplo, las negociaciones del Gobierno de Pedro Sánchez con los independentistas. Incluso, el Gobierno español ha puesto la maquinaria en marcha para sacar adelante una tasa Google, sin olvidar que fue el propio Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda con Mariano Rajoy, quien la puso sobre la mesa.

Ninguna de estas circunstancias concurre en tierras portuguesas, donde el primer ministro, António Costa, se da la mano con el presidente de la República, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, para encarar los retos tecnológicos y no dejar que el país vecino se quede atrás. Ambos se ponen de acuerdo para impulsar la revolución digital del país. Ahí está, para demostrarlo, el programa específico aprobado por el gobierno para incentivar esta clase de empleo, que desemboca en un fondo inicial de 300 millones de euros para la promoción de las startup lusas.

Residencia

No puede hablarse de una guerra directa entre España y Portugal para atraer el empleo tecnológico, pero sí está claro que el carácter emprendedor distingue al Gabinete de Costa mientras brilla por su ausencia a este lado de la frontera. Hasta el punto de que acaba de entrar en vigor un plan denominado «Tech Visa» para «facilitar la entrada de trabajadores cualificados que quieran trabajar en las áreas digital y tecnológica». Se trata de un visado especial de residencia para ciudadanos de otras nacionalidades que decidan instalarse en la cuna del fado.

Cierto que las desigualdades sociales se han incrementado en Portugal, pero las apuestas de futuro campan a sus anchas con el objetivo de atraer más inversiones, al hilo de que los costes de producción son más bajos en un país que acaba de subir el salario mínimo a los 600 euros mensuales.