Gondo es un pueblo asolado por los aludes - Vídeo: Gondo renace con la minería del siglo XXI

Gondo, el pueblo fantasma suizo que volvió a la vida gracias a una criptomina

La zona, devastada por un alud en 2000 y que ya fue célebre por sus minas de oro, renace ahora con la «minería del siglo XXI»

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Los informáticos de la startup suiza de blockchain Alpine Mining tuvieron que huir de su sede en Saxon, en el cantón de Valais, ya que los vecinos hartos con el ruido que hacían los ordenadores comenzaron a arrojar tomates en las puertas de sus instalaciones. Ellos se lo perdieron: los cofundadores Ludovic Thomas y Christophe Lillo y sus colaboradores se mudaron con el proyecto empresarial fundado el año pasado no muy lejos de ahí, al pueblo de Gondo, en el valle alpino de Zwischbergen que literalmente significa entre montañas (unas cuyos picos alcanzan los 3500 metros). Poco hay en este pueblo suizo alemán y católico: unas casas centenarias y de nueva construcción conviven con una iglesia medieval, un hotel y un par de estaciones de servicio que abastecen los camiones en su paso a Italia ya que Milán está apenas a dos horas.

El alcalde del pueblo confesó que no tenía idea de qué le estaban hablando cuando Thomas y Lillo llegaron hasta él para solicitarle permiso para instalar la sede de Alpine Mining en Gondo. Comprendió eso sí que podría ser una oportunidad para sacar del hoyo a este pueblo caído en desgracia que desde hace siglos se ve afectado por aludes devastadores, el último de ellos en octubre del año 2000: un tercio de la aldea fue destruida, murieron trece personas y destruyó ocho edificios incluyendo la parte occidental de la torre Stockalper, que fue construida en 1650.

Despúes del último aluvión, muchos abandonaron el pueblo, algo que podría revertirse con la llegada de la esta joven empresa que entre sus razones para instalarse en Gondo se encuentra el bajo precio de la electricidad y el clima.

Precio más asequible

El precio de la electricidad es fundamental para el éxito de empresas como esta, de hecho un proyecto parecido en Linthal fracasó recientemente por el elevado coste de la energía eléctrica. Actualmente Alpine Mining consume ya un tercio de la electricidad del pueblo –un asunto que pone en entredicho la sostenibilidad de las empresas de blockchain– por lo que las autoridades ya planean la instalación de un segundo transformador. Las bajas temperaturas naturales de este pueblo alpino ayudan a disminuir los costes de enfriamiento necesario para el funcionamiento de los superordenadores, controlados por unos seis informáticos que se encargan de resolver ecuaciones matemáticas complejas para crear el protocolo blockchain ya que cuanto más potentes son las máquinas más rápidamente se generan criptomonedas.

En un local sin ventanas, unas 900 tarjetas gráficas –equivalente a 150 ordenadores– generan criptomonedas las 24 horas del día. A los informáticos abocados a esta tarea se les conoce como mineros, lo que calza perfectamente con el negocio de este pueblo hasta finales del siglo XIX: ya en tiempos de los romanos eran conocidas las minas de oro del valle y que fueron explotadas por empresas francesas antes de caer en bancarrota. La última de las minas de oro que hubo en Gondo dejó de funcionar en 1891; hoy, sus vestigios atraen algunos turistas, pero no a cazadores de fortunas o contrabandistas transfronterizos: «El ‘minado’ (creación de criptomonedas) se compara a menudo con el goldrush’ (la fiebre del oro). Pero ahora se trata del ‘cryptorush’, comenta Thomas, que tiene prisa por abrir otros centros en el cantón suizo del Valais.

Tecnología compleja

En el local, una quincena de grandes tubos expulsan el aire caliente producido por el material informático e introducen 30.000 m3 de aire por hora en la sala de 96 m2 para refrescar los centenares de tarjetas gráficas alineadas en filas de estantes metálicos y su incesante ruido. Todo para crear un blockchain que aunque tiene múltiples aplicaciones, la más conocida es la creación de criptomonedas. Alpine Mining no está de momento interesada en el bitcoin ya que el hardware que utiliza no es compatible con el requerido para «minar» otro tipo de divisas criptográficas. Con todo, los informáticos confían en facturar un millón de dólares al concluir el primer año de operaciones.