Tribuna

Crisis en Emergentes y empresas españolas

El economista Carmelo Tajadura afirma que «no es de esperar que la situación afecte seriamente a España, pero sí a las compañías con presencia en los mercados más golpeados»

MadridActualizado:

Estamos asistiendo de nuevo a una crisis protagonizada por las divisas y activos financieros de países emergentes tras las subidas de tipos en la economía norteamericana. Tanto los cortos, donde la FED ha subido ya 1,5 puntos, como los largos, donde el tipo a 10 años ha llegado a tocar el máximo de siete años. Ello invierte el flujo de fondos, que era hacia emergentes en los últimos años cuando el dinero huía en busca de remuneración, y vuelve ahora hacia el dólar que se aprecia con fuerza.

Pero, aunque el origen sea externo, la causa real de lo que ocurre en los emergentes estriba en las debilidades de algunas de esas economías. Es relativamente similar a lo que pasó en los países sur-europeos en la reciente crisis: el detonante fue exterior, pero sufrieron más quienes habían hecho mayores excesos, como España. Ahora ocurre igual: aunque los retrocesos sean generalizados, la depreciación de las divisas muestra muy diferentes grados de intensidad. Incluso hay países, como Chile, que experimentan una especie de «huida hacia la calidad entre emergentes». Mientras tanto, los que menos reformas y ajustes han hecho durante las vacas gordas tienen los mayores desplomes. En la crisis actual, Argentina y Turquía lideran el triste ranking de damnificados (siempre dejando aparte a Venezuela en el que influyen otros factores) y sus divisas se encuentran en mínimos históricos. Están exhibiendo récords de depreciación frente al dólar en 2018 (34 y 25% respectivamente), mucho más que otras monedas como el real o algunas asiáticas.

Los gobiernos de estos países siempre buscan chivos expiatorios. Así, por ejemplo, en Turquía hablan de conjura internacional, con Erdogan haciendo pintorescas propuestas económicas. Y en Argentina el villano solía ser el FMI, aunque ahora culpan con alguna razón al gobierno Kirchner. Pero, si hubieran hecho sus deberes, no sufrirían tanto. Claro, que reducir los déficits públicos, implementar reformas, o atajar otros desequilibrios económicos suele costar votos y los populistas no quieren poner en peligro sus puestos, ni dar «chance» a la oposición.

No es de esperar que esta crisis de emergentes impacte seriamente a España como país, al tener como divisa el euro y beneficiarse del paraguas del BCE. Pero sí nos afecta de manera indirecta por la fuerte presencia de las empresas españolas, que tienen importantes filiales en algunos de los países más golpeados. Es el caso del Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola, Repsol… En una de estas empresas, incluso, la estrategia de su presidente le ha llevado a estar presente en los tres países cuya divisa se ha hundido: Venezuela, Turquía y Argentina. Ha hecho pleno.

El impacto de la crisis en nuestras empresas se puede dar por múltiples vías. Por un lado, el flujo de resultados obtenidos en esos países puede verse afectado por un menor crecimiento incluso en moneda local; por otro, se ve menoscabado al expresarlo en euros; y, además, el valor de la inversión realizada en su momento por la matriz española es un stock que también se deprecia con el tipo de cambio.

Para disimular el impacto, las presentaciones que nos hacen estas multinacionales españolas se suelen centrar cada vez más en el análisis de los resultados a «tipo de cambio constante», como si ésta no fuera una variable de negocio a gestionar. O como si el dividendo se pagase con los resultados ex tipo de cambio….Y olvidando que, cuando se decidió la inversión, tuvo que incluirse el factor cambiario en la tasa de exigencia, por lo que no vale ahora excluirlo, salvo para ofrecer una información complementaria marginal.

Y tampoco nos suelen recordar que las inversiones realizadas valen menos con la caída de las divisas. Pasan así desapercibidas las diferencias de cambio que se cargan contra el patrimonio consolidado y no contra resultados, foco de los analistas. Y el colmo es que, al ser menor el denominador, se aproveche para presentar una mayor rentabilidad sobre fondos propios (ROE)...

Carmelo TajaduraCarmelo Tajadura