2019: cambio de perspectiva

El año que termina ha sido aciago, pero un año en los mercados no es nada: la inversión no va de metas volantes, sino que es una carrera de fondo

MadridActualizado:

No estoy muy de acuerdo con la máxima que corre como la pólvora en el mundillo financiero de que lo mejor de 2018 es que ya se acaba. Creo que es una consecuencia de no entender cómo hay que plantearse las inversiones. Desde luego, el año que termina hoy ha sido aciago para los mercados financieros y ha dado lugar a muchos titulares grandilocuentes, sobre todo últimamente. El peor diciembre de los últimos cien años. La mayor caída desde no sé qué año. Ningún activo en positivo, circunstancia que no se daba desde hace...

Sin embargo, este planteamiento no hace sino evidenciar la cortedad de miras que tenemos a la hora de invertir. Un año en los mercados financieros no es nada. No significa nada. Y no debería importar nada. Es comprensible que se planteen los cortes por años naturales; sin embargo, delata lo mal que planteamos las inversiones.

Y no es por hacer de menos a lo sucedido los últimos doce meses. De hecho, es algo de lo que venimos hablando en esta página prácticamente todas las semanas. La conclusión sería que no comparto la locura generalizada en la que estamos inmersos y, aunque fastidiado, no estoy preocupado.

Sin embargo, creo que más allá de cuál haya sido el comportamiento de los distintos activos en 2018, la mejor enseñanza que deberíamos llevarnos es que tan solo se trata de una meta volante, y la inversión no va de metas volantes. Esto es una carrera de fondo y enredarse en el corto plazo nos hace perder la perspectiva necesaria para tomar las decisiones de forma correcta.

2019 será como sea. A mí me gustaría que volviera la cordura y que aflorase buena parte del valor que hay en la Bolsa española. Pero, de verdad, si no fuera así, no importa. Feliz Año Nuevo.

Vox y lo inesperado

La irrupción de Vox en el panorama político ha llegado al mercado: algunos analistas económicos de renombre han llegado a anticipar el desastre ante su posible llegada a las instituciones. Sin entrar en la lectura política -doctores tiene la Iglesia-, desde el punto de vista económico y su eventual influencia en los mercados, el programa económico del partido liderado por Santiago Abascal no supone un riesgo, todo lo contrario. Y más si tenemos en cuenta el peso real que va a tener en el proceso de toma de decisiones.

La lectura que deberían haber hecho los mercados, y que en algún momento harán, es que el resultado de las elecciones andaluzas parece anticipar un eventual vuelco político a todos los niveles de la Administración española, según dicen los que saben de esto. Este escenario resulta, sin lugar a dudas, muy positivo para la economía y para los mercados.

La posibilidad de gobiernos de centro-derecha en comunidades autónomas, municipios grandes y, cuando toque, en el Gobierno central constituye una situación mucho mejor que la que tenemos ahora. Así, en un futuro más o menos cercano podríamos ver políticas económicas de corte algo más liberal, concertadas a todos los niveles de la Administración, lo que no solo es bueno, sino que además resulta inesperado.

En cualquier caso, e independientemente de lo que acabe pasando y cuáles sean las políticas que resulten, la situación actual no tiene muy buena venta en el mercado, aunque aún no haya pasado factura: un gobierno socialista sin rumbo claro, hipotecado por la extrema izquierda e independentistas.

Desde luego que estos afamados economistas pueden hacer política, sólo faltaba. Pero quizá deberían guardar las formas y evitar caer en un análisis demagógico de brocha gorda que no hace más que cuestionar su criterio.

JOSÉ RAMÓN ITURRIAGAJOSÉ RAMÓN ITURRIAGA