La banca extranjera no cuaja en España

La banca extranjera no cuaja en España

Citi y Barclays van camino de engrosar la larga lista de entidades foráneas que han fracasado en su intento de consolidarse en el negocio de banca minorista en nuestro país

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Citi, que ultima la venta de su negocio minorista y de tarjetas de crédito a Banco Popular, y Barclays, nuevamente en proceso oficioso de venta, van camino de cerrar la énesima desinversión de grupos financieros extranjeros en nuestro país. Los intentos de bancos foráneos por alcanzar una cuota de mercado significativa en banca comercial en España se cuentan por fracasos. Los británico Natwest, Abbey y Lloyds, el italiano San Paolo y el francés Crédit Lyonnais son solo algunos de los muchos ejemplos de entidades que acabaron tirando la toalla, vendiendo todo su negocio a un banco nacional o centrándose en exclusiva en el segmento de las rentas más altas.

Y eso que intentos de consolidación los hubo. Desde que en 1979 el Consejo de Ministros autorizase por primera vez la apertura de sucursales de entidades extranjeras en España, y luego con la creación del mercado único europeo, el Gobierno y el Banco de España han concedido decenas de licencias a grupos bancarios internacionales para operar en España. «Ya en los años 80 todo el mundo decía que por fin iban a irrumpir con fuerza y consolidarse, y no sucedió; se volvió a pensar en los 90 y tampoco ocurrió». Así relatan desde del sector financiero cómo esa vieja aspiración nunca ha llegado a cuajar.

La competencia nacional, un obstáculo

Los motivos de ese reiterado fracaso son varios, pero fundamentalmente la elevada competencia de las entidades nacionales en el negocio de particulares y pymes, con jugadores de la talla de Banco Santander, BBVA, Caixabank, el Sabadell y el Popular y otrora también de las cajas de ahorros, con mucho arraigo entre los pequeños ahorradores. Todos ellos cuentan con una implantación generalizada muy fuerte en todo el territorio y un elevado conocimiento del cliente nacional.

«Para competir en el segmento minorista el tamaño importa, y los bancos extranjeros nunca lo alcanzaron», señalan desde una de esos cinco grandes grupos. Efectivamente, ninguna filial en España de un grupo extranjero ha llegado a tener una red bancaria lo suficientemente extensa como para adquirir cierta notoriedad. Y por tanto han carecido siempre de masa crítica —número de clientes— para ser rentables. Y para triunfar en un nicho como ese, la cercanía a los ahorradores y a las empresas es fundamental. Hay que conocerlos personalmente, suelen explicar los banqueros.

«Parece haber cierto rechazo de la ciudadanía hacia la banca extranjera», señalan desde un banco español. De hecho, las firmas extranjeras han justificado en ocasiones su escaso tirón entre los ahorradores a que quizá transmitían cierta imagen de banca exclusiva y poco accesible. «Es una excusa, no hay ningún tipo de aversión», señalan desde otra entidad.

Compras erróneas y exposición al ladrillo

Barclays, que lleva en España cuatro décadas, llegó a rozar las 600 sucursales tras la compra de Banco Zaragozano en 2003. Pero esa operación, cerrada por 1.143 millones de euros, acabó suponiendo un gran revés para la firma británica, por la exposición al negocio inmobiliario de la entidad aragonesa.

Los errores de gestión y decisiones desacertadas de los bancos extranjeros ha sido otro de las razones de su escaso éxito en España. Su apetito por el ladrillo y el mercado hipotecario fue una de ellas, lo que ha obligado a la mayoría a realizar fuertes provisiones y digerir, pese a su tamaño, millonarias pérdidas. Entidades como Barclays y Deutsche Bank, por ejemplo, llegaron a desvelar una morosidad inmobiliaria superior al 40% y voluminosas carteras de activos adjudicados.

Ante esa dificultad de penetrar en el negocio minorista y la escasa rentabilidad que han obtenido cuando lo han intentado, casi todos —los que no han abandonado— han acabado por dedicar todos sus esfuerzos a la banca de inversión o la banca más exclusiva, centrada únicamente en rentas altas y grandes patrimonios, que aporta rápidamente una rentabilidad —vía comisiones— mayor. Aunque también en este segmento, y a raíz de la crisis de consumo de los últimos años, los bancos nacionales han empezado a poner el ojo.