Cuando los precios bajos son una amenaza
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el ipc fue un 1,4% el pasado mes

Cuando los precios bajos son una amenaza

En España, la inflación sin tener en cuenta el impacto del IVA registró un -0,6% en abril. Junto a Grecia y Portugal, nuestro país es el que tiene un mayor riesgo de deflación de la Eurozona, según Barclays

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Tres. Dos. Uno. Cero. Menos uno. El lento goteo de la devaluación interna prosigue su curso en negativo: si el tamaño de la economía española continúa contrayéndose a niveles de hace años, ahora le llega el turno a los precios. A menos consumo, menores compras. A menores compras, más bajan los precios. Pero llegado a un punto, cuanto más se reducen los precios, menos gastan los consumidores a la espera de que desciendan aún más y menos empleo hay en las empresas. Y a menos empleo, menos consumo: vuelta al punto de origen. Los precios siguen la estela descendente del bolsillo de los españoles y ahora este círculo endiablado amenaza con reproducirse como un bucle.

Así, en nuestro país la inflación, que mide el incremento de los precios al consumo, fue del 1,4% anual en abril, la más baja desde marzo de 2010 pero una décima por encima del dato de la zona euro. Sin embargo, en esta cifra aún pesa la reciente subida del IVA, que se hizo efectiva el pasado mes de septiembre. Al observar el IPC a impuestos constantes, que resta a la inflación total el impacto de los tributos que gravan el consumo, el dato se va al -0,6%: reducción de precios. Sin contar impuestos, hasta siete de los doce grupos en los que se divide el Índice de Precios al Consumo (IPC) fueron negativos (hostelería y restauración, ocio y cultura, comunicaciones, transporte, menaje, vestido y calzado así como vivienda).

Desde el Banco Central Europeo, el consejero luxemburgués, Yves Mersch, cifró en un 10% o 15% el riesgo de deflación en la Eurozona, entendida como una inflación negativa, es decir, bajada de precios. Sin embargo, desde la trinchera periférica el peligro es mayor. Un informe de Barclays publicado esta semana considera que España, Grecia y Portugal son los países europeos con un riesgo de deflación más elevado en la Eurozona. De hecho, Atenas cuenta ya con una deflación oficial del -0,6% mientras que en Portugal el dato es del 0,4%. La devaluación interna que sufren los países de la periferia europea se traduce en una bajada de los precios mayor a la de los países del centro de Europa con el objetivo de aumentar competitividad mediante reducción de sueldos. Este descenso de salarios se traslada a un menor consumo y, por tanto, a una bajada de precios o menor subida de los mismos.

El dilema es cuándo el aumento de competitividad de la economía española puede tornar en amenaza. El riesgo se llama deflación, una situación altamente dañina para la actividad porque la correspondiente bajada de la inflación puede deprimir aún más el consumo: en cierto momento, ante una expectativa de descenso de los precios, la población tiende a aplazar las compras, lo que se traduce en menores ventas para el comercio y un mayor desempleo.

Los expertos consultados coinciden en que nuestro país no corre un gran riesgo de deflación, sino que se encuentra en una dinámica positiva de reducción de su inflación sin llegar a niveles negativos. «Amenaza de deflación siempre hay, sobre todo en un contexto tan depresivo como en el que está ahora la economía española y la Eurozona. Sin embargo, la dinámica es de desinflación y con el aumento de confianza que hay entre las empresas e inversores es poco probable que torne en deflación», considera Santiago Carbó, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School, que remarca que la economía española está ganando competitividad frente a Europa.

No obstante, el profesor del IESE Business School, Javier Díaz-Giménez, afirma que el ajuste de precios respecto a Alemania aún es insuficiente: «Es muy improbable que vaya a haber deflación en España ya que el país siempre ha tenido una inflación mucho mayor respecto a la zona euro, aunque con la actual tendencia lograremos igualar e incluso reducir el diferencial. Sin embargo, respecto a Alemania los precios no están bajando».

Un bolsillo deprimido

Según Morgan Stanley, España debe devaluar su economía un 17% respecto a Alemania para poder ser competitiva. El peligro recae en que el ritmo de ajuste sea demasiado acelerado. «Los costes se están ajustando muy rápidamente, al pasar de una inflación del 2,8% de enero al 1,5% de abril, pero el hecho diferencial es que el consumo está hundido debido a la reducción de salarios. Como continúe así, la caída de la demanda interna puede acabar comiéndose todas las ventajas que genere el repunte de las exportaciones», avisa Carbó.

Por su parte, Díaz-Giménez alerta de que la devaluación interna a la que se está sometiendo a familias y empresas complica la devolución de las deudas, al reducir su capacidad financiera. «La subida del IRPF aprobada no va a ayudar en esta dirección y puede ser contraproducente para la recaudación ya que asfixia el consumo y aumenta el atractivo del fraude fiscal», apuntala Carbó.

Desde Barclays, advierten de que si el contexto internacional empeora, el BCE puede actuar: mientras el objetivo de Fráncfort es mantener una inflación del 2% en la Eurozona, en la actualidad es del 1,2%. «La inflación es injusta y la deflación inoportuna. Quizás la deflación es la peor de las dos si se hace abstracción de inflaciones extraordinarias como la de Alemania [durante los años treinta]», decía el economista John Maynard Keynes. Por el momento, el riesgo de deflación parece lejano en España pero todo queda a expensas de que la economía comience a crecer en los próximos meses.