BBVA, el banco que no ahorra en ideas
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BBVA, el banco que no ahorra en ideas

La entidad, que introdujo en España la tarjeta de crédito, sigue fiel a la innovación

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Combinar las ideas frescas con el negocio de la banca tradicional puede parecer a primera vista algo así como mezclar el agua con el aceite. Pero basta con hacer un repaso de nuestro día a día para entender que la innovación y las entidades financieras, si van de la mano, son dos ingredientes imprescindibles para el verdadero despegue de una sociedad y de su bienestar. ¿Porque seríamos capaces de imaginar hoy nuestra vida sin una tarjeta de crédito? ¿O sin la posibilidad de chequear las cuentas por internet, pagar las facturas sin esperar interminables colas o planificar los gastos mensuales frente al ordenador?

Un cambio tan profundo en el modo de vida no se consigue de un día para otro, sino que se cocina a fuego lento con el trabajo de varias décadas y el talento de miles de personas. Y esa es la receta que aplica el BBVA, una entidad que ha convertido la innnovación en una seña de identidad. De su mano, los españoles comenzamos a utilizar en 1971 las tarjetas de crédito. Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya, BBV, Banco Exterior, Caja Postal, Argentaria, las entidades integrantes del que hoy es el segundo banco del país, fueron pioneras en introducir el «dinero de plástico». Aunque para muchos era aún «un artefacto más» o «un invento americano», España se convirtió en uno de los primeros países en importar desde Nueva York una nueva forma de pagos que ha resultado ser una herramienta básica del modo de vida actual.

Poder «comprar sin dinero» trajo consigo importantes cambios que aún hoy conviven en la economía, como los primeros cajeros automáticos o la «bacaladera», pero también la evidencia de que la unión de la banca y las nuevas tecnologías puede hacer la vida más fácil a las personas.

La pasión de BBVA por la tecnología no es casual. La innovación forma parte de su ADN desde su nacimiento en 1857, pero Francisco González, actual presidente, ha trabajado para convertirla en una de sus máximas. Aquellos que más le conocen cuentan como al comienzo de su carrera profesional, en la década de los 60, trabajó en la tecnológica IBM como programador y tuvo acceso al procesador con mayor capacidad del mundo en esos momentos. Esta experiencia le hizo consciente del potencial de la tecnología, no sólo como palanca de negocio, sino como elemento disruptor en la industria. Y desde entonces ha trabajado para empapar a toda la organización de este afán innovador.

Expansión internacional

Si BBVA fue un paso por delante en el uso de la tecnología, también fue pionero en la expansión internacional de su negocio. En 1902, el Banco de Bilbao abrió una sucursal en París y en 1918 una oficina en Londres, adelantándose varias décadas al resto de la banca española. Había nacido medio siglo antes, en 1857, en Bilbao, gracias a una iniciativa de la Junta de Comercio que promovió la creación de un banco con poderes de emisión y descuento. Hasta la última década del siglo XIX, la entidad actuó casi en solitario en la plaza. Fue a partir del año 1995 cuando el banco comenzó su verdadera apuesta internacional, que le ha convertido después en uno de los grandes jugadores de la banca mundial y le ha servido de contrapeso a la dura crisis que azota España. Más de 53 millones de clientes, presencia en 32 países, 7.978 oficinas, 20.177 cajeros, y activos por 637.860 millones de euros conforman, casi dos décadas después del comienzo de aquella aventura, el balance de la apuesta por la diversificación, otro de los grandes principios del grupo.

Porque la tarta de resultados de BBVA no depende de ningún componente. Al fuerte posicionamiento en España (aporta el 30% del negocio), le complementan América del Sur (24%), México (25%) y la región del «Sunbelt» en EE.UU (11%), donde BBVA es además el único gran banco que tiene una plataforma tecnológica que permite operar en tiempo real. También cuenta con unapresencia relevante en Turquía (4%), China (3%) y el resto de Europa (3%). Un equilibrio casi perfecto entre el mundo desarrollado (aporta el 44% al grupo) y los países emergentes (56%).

Universal pero no exclusivo

El BBVA ha llevado así la marca España por todo el mundo y su resistencia durante la crisis ha llegado a ser uno de los pilares del propio país en los mercados internacionales. La política de patrocinios de la entidad ha conseguido vincular la imagen de una empresa española a los eventos deportivos más universales. Hace varios años que BBVA unió su nombre al del fútbol español con la «Liga BBVA» y la «Liga Adelante», y desde hace dos temporadas es el banco oficial de la NBA. Deportes que siguen millones de personas pero que no son exclusivos de las grandes estrellas. Porque BBVA solamente patrocina deportes de equipo accesibles para todos, como el fútbol y el baloncesto, a los que cualquier niño puede jugar con menos de 20 euros, lo que cuesta un balón. El mundo de la cultura también tiene su sitio: la Fundación BBVA ha hecho posible que El Prado viaje a EE.UU., y la Ruta Quetzal lleva décadas premiando a los mejores estudiantes del país. Ejemplos que definen el espíritu «global pero sencillo» de un grupo empeñado en poner a la banca al servicio de la sociedad, y no al revés.