Dos posturas en la crisis: la rígida escuela alemana frente a la flexibilidad anglosajona
Mario Draghi, presidente del BCE, un banco central hecho a imagen y semejanza del Bundesbank alemán - reuters

Dos posturas en la crisis: la rígida escuela alemana frente a la flexibilidad anglosajona

Rajoy ha instado a sus socios europeos a dar más competencias al BCE para emprender medidas de estímulo económico

Actualizado:

No parece haber receta mágica para solventar una crisis que sigue dando terribles coletazos, pero el marasmo financiero generado desde 2008 ha encontrado dos respuestas contrapuestas, la flexible anglosajona y la ortodoxa y rigida germana. España parece decidida ahora a pedir a Berlín que abra un poco la mano para poder probar los efectos sobre el crecimiento de la expansiva medicina anglosajona. En su reciente encuentro con David Cameron, Mariano Rajoy lanzó el guante a Merkel de que ha llegado el momento de que el BCE deje ser un mero y atento vigilante de la inflacción para convertirse en un agente estimulador de la economía, al modo de la Reserva Federal estadounidense.

Y es que la doctrina alemana se ha basado fundamentalmente en una amarga receta de política fiscal estricta y poca laxitud monetaria. Otra buena parte del iderario abrazado por Merkel ha sido que la deuda se procese siempre vía «default» en el balance de los bancos y que los deudores paguen la mayor parte de la crisis. Son las líneas maestras de la escuela continental, y que Berlín ha impuesto no solo a sus socios sino también a las instituciones comunitarias, como el BCE, que ya estaba hecho a imagen y semajanza del Bundesbank alemán.

En el otro extremo de la balanza, las políticas de la escuela anglosajona, que tiene en la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco de Inglaterra a sus máximos representantes., se caracterizan por una política fiscal laxa, una política monetaria «superlaxa», programas de expansión crediticia -los ya populares «quantitative easing» (QE)-, monetización de la deuda pública y privada -sin por ello rechazar a los «default»- y que sean los acreedores los que sufraguen la crisis.

Desde 2007 la Reserva Federal ha inyectado más de dos billones de dólares a la economía estadounidense. Sus compras de deuda pública y otros activos crece ahora en 85.000 millones al mes, y ya avisó de que no parará de «imprimir» dinero hasta que mejore el paro. Ha dejado los tipos en su mínimo histórico, entre el 0% y el 0,25% al menos hasta 2015.

Mientras, el BCE parece vivir a la sombra de Berlín. Entre otras facilidades, el BCE mantiene los tipos en su mínimo histórico del 0,5%, ha comprado deuda de Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España y prestó un billón de euros a la banca. Ha dicho que hará «todo lo necesario» para salvar el euro, pero en no pocas ocasiones Alemania le ha pedido que se ocupe de su única tarea: vigilar la inflación.

Mientras, Japón e Inglaterra se han colocado claramente al rebufo de EE.UU. El Banco de Japón ha dado un giro radical al anunciar inyecciones por 1,2 billones de euros en dos años, siguiendo el ejemplo de la Fed. Y el Banco de Inglaterra es incluso más agresivo que la Reserva Federal: su actual programa incluye compras por casi medio billón de euros, y su balance ha crecido desde 2007 un 394% (el de la Fed un 254%). ¿Ha llegado por fin la hora de que Euopa también eche mano de la cartera? Pese a la alargada sombra del austero modelo germánico, España y muchos otros países de la eurozona creen que sí.