WimbledonNadal-Federer, el partido soñado

Se han enfrentado en tres finales y desde el majestuoso duelo de 2008 que no coinciden en el torneo británico

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El planeta tenis celebra a lo grande que este viernes se celebra el capítulo 40 de la rivalidad más bonita que ha existido jamás, enloquecido el personal en Londres porque Rafael Nadal y Roger Federer vuelven a encontrarse en la hierba del All England Tennis Club. El español y el suizo llevan toda la vida desafiándose, y en Wimbledon han disputado encuentros muy especiales, nada comparable a la final de 2008 que encumbró al mallorquín. Fue, así se reconoció, el mejor partido de la historia del tenis, y desde entonces que no coincidían en el tercer Grand Slam de la temporada. Tres de los 39 precedentes fueron en el pasto británico, todos ellos en finales.

2006. Federer impone galones

Nadal ya le había tomado la medida a Roger Federer y unas semanas antes le había derrotado en la final de Roland Garros, un duro golpe para el suizo. Sin embargo, Londres era territorio del helvético, y ahí ajusto cuentas al imponerse en la lucha por el título por 6-0, 7-6 (5), 6-7 (2) y 6-3. Era la primera vez que Nadal aspiraba al éxito en la hierba de Wimbledon, y reconoció después que fue una de las derrotas más dolorosas, pues pensaba que pocas opciones tendría como aquella.

2007. Nadal se queda a un paso

Ya mucho más aclimatado a la hierba, Nadal volvió a alcanzar la final, con la lección aprendida del curso anterior. Llegaba después de haber vencido en Roland Garros, también ante Federer, y estaba a un nivel óptimo como para plantar cara al suizo. Lo hizo, y estuvo a un paso de alzar el trofeo, llegando incluso al quinto set. Ganó Federer (7-6 (7), 4-6, 7-6 (3), 2-6 y 6-2), pero comprobó en primera persona la evolución de su enemigo más íntimo. Estaba muy cerquita de discutirle la gloria dominical de Wimbledon.

2008. El mejor partido de la historia

Y llegó el día. Nadal, después de dos intentos fallidos, tocó el cielo de Londres al imponerse en el mejor partido que jamás se ha visto, eso dicen los expertos. Se proclamó campeón de Wimbledon y sació así un deseo que mantenía desde la infancia, pues su tío Toni siempre le inculcó la importancia de triunfar algún día en el jardín británico. Casi sin luz natural, y después de que se le escapara la victoria en el tercer set, el balear se lanzó al suelo para luego abrazarse al Rey Felipe y a la Reina Letizia, que vibraron en el palco. El 6-4, 6-4, 6-7 (5), 6-7 (8) y 9-7 de aquel día quedará para siempre.