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Juegos Olímpicos Hugo González: una bestia precoz dentro del agua

A sus 17 años, el balear es el más joven del equipo español de natación en Río: «He perdido el respeto a los mayores»

El nadador Hugo González, en una salida de espalda en una competición
El nadador Hugo González, en una salida de espalda en una competición - FMN

A Hugo González es fácil reconocerle en el agua. Su piel es más morena que la del resto, lleva genes de su madre, la brasileña Nadia de Oliveira. Mide 192 centímetros, pesa 82 kilogramos y tiene una envergadura de 2’04 centímetros; unas cualidades excepcionales para ser rápido en el agua (la de Michael Phelps es de 2’08). Tiene 17 años, es mallorquín y también el nadador más joven del Equipo Nacional de natación de Río 2016. Allí se encuentra desde hace unos días, preparándose para competir en sus dos mejores pruebas: 100 y 200 metros espalda.

En marzo, González de Oliveira dio la sorpresa en un campeonato celebrado en Sabadell. A su edad, ni sus padres ni su entrenador esperaban que alcanzara una mínima olímpica; uno de los mayores éxitos para un nadador. Partía con el mejor tiempo de las clasificatorias y su meta era bajar su marca personal. Según Santi Veiga, su entrenador, ese era el objetivo principal del nadador esta temporada. Sabían que la mínima estaba cerca, pero no les obsesionaba ni cambiaba planes de entrenamiento.

Ese día, se tiró a la piscina sin conocer siquiera a quien tenía al lado. Cuando golpeó el marcador, en la pantalla frente a él marcaba 1:57:00. La mínima para los Juegos Olímpicos estaba en un tiempo de 1:58:22 en eliminatorias. La piscina entera gritaba.

Hugo González de Oliveira es el mayor de tres hermanos, Nadia y Rubén González de Oliveira, mellizos de 13 años. Los tres nadan en el Club Real Canoe de Madrid. Su hermana no olvida ese día, fue «uno de los mejores» de su vida. Nadia González recuerda cómo empezó ese momento, con el pitido irregular del árbitro, que indica a los nadadores que se tiren al agua.

En las pruebas de espalda se sale desde abajo, y no saltando desde el poyete como en el resto de los estilos. El árbitro vuelve a pitar, esta vez un pitido largo, para que los nadadores se preparen en posición de salida. Apoyan los pies en la pared y, con las caderas dentro del agua, flexionan las piernas para darse impulso. A continuación, el árbitro grita «¡Preparados!», y toda la piscina calla hasta escuchar el pitido que marca el comienzo de la carrera.

Su segunda piel

Para los 200 espalda, el nadador se había puesto sus mallas Speedo. Los modelos «Fastskin» de esta marca se convirtieron en sus bañadores favoritos desde el Campeonato del Mundo Júnior, en agosto de 2015. Además, Speedo patrocina actualmente al nadador.

En 2009, la FINA decidió prohibir ciertos modelos de trajes porque estaban hechos en su mayor parte con poliuretano. Esta decisión la tomó después de que, durante año y medio, se batieran más de 170 récords, algo nunca visto antes en la historia de este deporte. Pero, lo que motivó a la FINA a tomar esta decisión fueron los 42 récords del mundo batidos en los Campeonatos Mundiales de Natación celebrado en Roma en 2009.

Desde entonces, todos los trajes deben estar homologados por la FINA, y compuestos por materiales textiles (nailon, licra). Además, antes de la nueva regulación, estos podían ser piezas que cubriesen desde los hombros hasta los tobillos e incluso desde las muñecas. En cambio, ahora, a los hombres solo se les permite llevar mallas que les cubran hasta por encima de las rodillas; a las mujeres igual de largo, pero desde los hombros, como cualquier bañador.

Hugo González lleva su «Fastskin» de malla que le cubre desde la cadera hasta por encima de las rodillas: ningún «supertraje» al que achacarle sus 22 récords nacionales, ni los títulos de campeón del mundo y de Europa.

En esa mañana de competición en Sabadell, el padre del nadador mallorquín, Juan Miguel González, había ido con él para verle competir. Su hijo menor, Rubén González, hermano mellizo de Nadia y el pequeño de los dos chicos, tenía la liga territorial en Madrid, por lo que su mujer quedó con él. «Yo me desplacé a Sabadell presionado por mi mujer; siempre que nuestros hijos compiten fuera dice lo mismo: “estaría más tranquila si estuvieras allí...”», recuerda el padre.

El momento desde la grada

Allí vivió en directo el instante en el que su hijo conseguía la marca mínima esa mañana: «Suelo estar de pie atrás en las gradas, no me gusta sentarme. Grabé la prueba como siempre, y en esta ocasión fue difícil mantener la calma. El ambiente contagiaba, era como si todos estuvieran empujando al nadador y participaran de su carrera. Fue increíble. Finalmente vi un 1:57, y en ese instante pensé: “Lo ha hecho, ¡qué barbaridad, qué bestia!”».

Mientras los que le habían visto llegar a la pared saltaban emocionados e incluso lloraban de alegría como su hermana Nadia, Hugo González estaba tranquilo. Cuando un nadador consigue mínima olímpica hace algún gesto de emoción, alegría o ilusión. Unos golpean el agua, otros se suben a la corchera alzando el puño al aire… El mallorquín, sin embargo, no hizo nada de esto. «Hugo miró a la grada y sacó una bonita sonrisa. Nada más», explica su hermana.

A los dos minutos de que el cronómetro de la piscina se parara, el padre del joven envió un whatsapp a su mujer, Nadia de Oliveira, con la noticias: «Si la llamaba en ese momento sabía que se echaría a llorar y no hablaría (ya me ha pasado en otras competiciones), aunque luego me enteré de que otros padres se lo habían comunicado, ¡y por supuesto se echó a llorar!».

Nadia de Oliveira es la madre del joven olímpico. Es de Salvador de Bahía (Brasil), por ello a la familia del nadador le hace especial ilusión que los Juegos Olímpicos se celebren en Río de Janeiro. Sin embargo, su padre admite que preferiría que fueran en Madrid. Los abuelos y tíos maternos del nadador viven en Brasil, por lo que no suele ver a esta parte de la familia, incluso, los chicos tienen primos que no conocen.

El padre del balear recuerda los primeros pasos de su hijo en la natación: «Teníamos una piscina pequeña en la casa de Murcia, donde vivieron un tiempo, y Hugo, con unos tres añitos, me seguía a todas partes». Como dice su madre, «fue sorprendente» lo que pasó en la piscina: ella lo echó al agua con dos manguitos; a la semana, sin que esta lo supiera, padre e hijo practicaron con un manguito. El pequeño llamó a su madre para que lo viera. Al día siguiente, se propusieron quitarle el manguito que quedaba. Y así fue: «¡Fuera manguito….!», recuerda Juan Miguel González. «Empezó a nadar… y Hugo volvió a llamar a su madre, que no podía creérselo, al mismo tiempo que yo recibía la merecida amonestación (bromea). Ese día se me ocurrió hacer un volteo de crol, y quiso aprender… ¡No tardó nada! Una tarde, asombroso».

Juan Miguel González admite que su interés era que su hijo jugara a baloncesto y que practicara cuantos más deportes. Lo intentó hasta el último momento en que, con siete años para ocho, ya en Madrid, le apuntó a la escuela de la piscina del Centro de Tecnificación Deportiva Mundial 86 (M86). «A día de hoy todavía no ha salido», comenta con una sonrisa.

Nadador polivalente

Hugo González destaca en absolutamente todo. Aunque se considera espaldista, el nadador compite en las pruebas en las que le necesita el club para sumar más puntos en las competiciones. Según su entrenador, tiene que mejorar en casi en todo y en todos los estilos todavía. Pero es joven y su carrera no ha hecho más que empezar.

En su segundo año de infantil (16 años), consiguió el oro en 200 metros espalda en el Campeonato Mundial Júnior, celebrado en agosto de 2015 en Singapur. También se hizo con el bronce en los 400 metros estilos, con varios récords del campeonato y, aunque llegó el segundo en 200 metros estilos, fue descalificado.

Hay muchísimos detalles que los nadadores deben respetar para competir, por lo que estos, cuando entrenan, no solo recorren kilómetros en el agua. Practican la técnica, los virajes, las salidas, los volteos... Cada mañana, Hugo González se levanta a las 6.15 para estar entrenando a las 7 junto al resto de su equipo del club. Vive, junto a su familia, en una casa en Rivas, a media hora de Madrid. Sus padres madrugan con él.

Hugo González, en el momento de una salida de espalda
Hugo González, en el momento de una salida de espalda- FMN

Una hora de entrenamiento físico precede al entrenamiento en el agua. Circuito de pesas, máquinas de gimnasio, ejercicios de abdominales, sentadillas y flexiones un día; correr o bicicleta al otro. Y 7.000 metros de nado en cada sesión de agua: una de mañana y otra de tarde de lunes a viernes excepto los miércoles, que «solo» entrenan por la mañana.

Al igual que muchos de sus compañeros deportistas de élite, Hugo González tiene adaptado el horario de estudios al de entrenamiento. Entra a clase a las 10.30 y tiene una pausa a mediodía para comer. Sale a las 16.30, y se va directamente a entrenar de nuevo. Entre semana no hay distracciones ni otras aficiones, hay deberes de clase y un rato de móvil y redes sociales por la noche, antes de ir a dormir. Los fines de semana, cuando no compite, entrena los sábados y a veces sale a comer por ahí.

Rock para competir

Como casi todo deportista, el mallorquín tiene sus manías antes de competir: dormir es una de ellas. Ante una competición, debe haber dormido mínimo nueve horas. Es así hasta el punto de levantarse más pronto el día anterior para tener sueño temprano por la noche. «Cuando llegas fundido a un entreno, se nota; no lo vuelves a repetir. He llegado a estar cansado por tener que estudiar o acostarme tarde, o por entretenerme con el móvil», admite el nadador.

Escucha música antes de tirarse al agua en una carrera, una costumbre muy extendida entre los nadadores, al igual que desvestirse en determinado orden frente al poyete antes de tirarse a competir. Iron Maiden, ACDC o Loquillo están en la lista de reproducción de González. Además, crea una playlist especial para cada competición, incluso, si escucha una canción que le ha gustado, no la oye más y la deja para motivarse con ella el día de la competición.

Pero, si hay algo que especialmente le caracteriza, es la braga que viste su cuello durante las competiciones, haga frío o calor. Casi siempre que cae enfermo es por la garganta, y en invierno siempre la llevaba. Con el tiempo, se ha convertido en una manía hasta el punto de que en unos Campeonatos de España el año pasado saltó al agua a la posición de salida de espalda con ella. «Nos reímos muchísimo, toda la grada le chillaba para que se diese cuenta, y al final se la quitó antes de que el árbitro avisara de la salida. Todavía hoy se la recordamos y se ríe», confiesa Francisco Arévalo, nadador que entrena con él y contra el que también compite.

El entrenador Santi Veiga, izquierda, junto a Hugo González, en una competición con la selección
El entrenador Santi Veiga, izquierda, junto a Hugo González, en una competición con la selección- TWITTER

Desde que llegó a Madrid, ha estado entrenando en la M86, un centro en el que nadadores de diferentes clubes entrenan bajo las órdenes de los dos entrenadores de la Federación Madrileña de Natación: Santi Veiga y Paloma García. Con Veiga repite año por segunda vez; García es una de las entrenadoras que tuvo cuando tenía 11 años.

«Apuntaba maneras»

«Ya apuntaba maneras. Era de los mejores de su categoría y empezaba a tener mejores marcas nacionales», recuerda la entrenadora de la FMN. «Se podía pensar que podía llegar a ser olímpico, pero en estas edades hay muchos chavales que parece que van a serlo y luego por circunstancias no llegan a ese nivel. Había que ser cautos con Hugo». García destaca las cualidades que desde pequeño tenía el mallorquín, al que entrenó durante tres temporadas: era más alto que cualquier compañero de equipo y, sobre todo, tenía coordinación y facilidad para aprender y ejecutar movimientos.

Un campeón lo es, además de por vencer al resto, por su mentalidad, su esfuerzo y constancia. El entrenador de Hugo González asegura que su pupilo cumple con esta descripción. Cuando un aspecto técnico se le resistía un poco, como la patada de braza o la salida de espalda, después del entrenamiento se quedaba para mejorar y perfeccionarlo.

Durante la infancia y adolescencia de los nadadores, los padres son un pilar básico: son los que madrugan con ellos para ir a entrenar, a competir, y sacrifican tiempo y dinero para que sus hijos practiquen este deporte. Nadia de Oliveira y Juan Miguel González apoyan a sus tres hijos a la vez que intentan inculcarles que los estudios son una prioridad sobre el deporte ahora mismo.

«Por extraño que parezca, los éxitos deportivos, incluidos este último (la mínima olímpica), y los momentos de bajo rendimiento deportivo, Hugo los ha asimilado como algo natural en el deportista, y aparentemente no le afecta emocionalmente. Cosa muy distinta son los estudios, donde nos da tranquilidad su grado de responsabilidad: en época de exámenes está más tenso; cuando acaba se libera hasta el punto de que creo rinde mejor deportivamente», explica el padre.

Respeto a los mayores

Lo que más sorprende a los nadadores que compiten con González es su edad. Desde esta temporada 2015-2016 el mallorquín comparte piscinas con deportistas mucho más mayores que él. Algo que, confiesa el nadador, le imponía al principio. «Cuando te tiras al agua nadas solo, los demás no te influyen para nada. He perdido el respeto a los mayores, en el sentido de que ya no me afectan negativamente», asegura el joven.

Su entrenador, incluso, le «pica» cuando compite con nadadores de categoría absoluta (a partir de dos años más que él). «En una competición me dijo: “Que no te gane este, ¡que tiene 25 tacos!” Hace unos años me ganó uno en 200 mariposa, y Santi me dijo: “¡Pero cómo te ha ganado este, que es del setenta y pico!”». El nadador ríe recordando las palabras de Veiga.

La natación es un deporte individual. Aunque hay pruebas de relevos con cuatro integrantes, su esencia es individual. Cuando entrena, un nadador pasa muchas horas consigo mismo, a solas con su mente. González unas veces canta canciones, cuenta brazadas, se fija en el ritmo que lleva o en la técnica de su estilo. Otras, se organiza el día. Piensa en los exámenes de la semana, en las clases o en los deberes que le esperan cuando llegue a casa. «La natación es exigente y pone a prueba las capacidades de organización de uno mismo, lo que puede ser un beneficio a lo largo de su vida», consideran sus padres.

Desde que el mayor de los hermanos González consiguió la mínima para Río, sus padres han afrontado la situación con normalidad, aunque admiten que da vértigo pensar que su hijo es olímpico. Les ayuda que no tengan apenas tiempo para recrearse en ello y, sobre todo, que su hijo lo haya encajado como un premio al esfuerzo. Ambos creen que, desde entonces, la mínima le ha dado un plus de tranquilidad deportiva, de motivación.

Los padres del nadador advierten la repercusión mediática que la noticia de la mínima olímpica tiene. Algo a lo que «lógicamente» no están acostumbrados y que, según explican, podría ser contraproducente a esas edades. Sin embargo, Juan Miguel González valora que, cuando se hace algo extraordinario, hay que darlo a conocer. Cree que la noticia beneficia a la natación, pues son muchos los nadadores que practican este deporte tan exigente y realizan los mismos sacrificios que sus hijos para poder disfrutarlo.

A veces, cuando Hugo González piensa en los Juegos Olímpicos, se acuerda de Cristina Prieto, la primera entrenadora que tuvo: «Cuando empecé aquí tenía una entrenadora que fumaba. A mí, como era muy pequeño, me molestaba. Y le dije: ¿Cuándo vas a dejar de fumar? Ella me contestó: “¡Cuando vayas a unos JJ.OO.!” Y… ¡ha dejado de fumar!».

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