Neuer encaja el polémico gol que no subió al marcador - AP
Alemania4901Inglaterra
OCTAVOS

Un baile de escándalo

Alemania desnuda a la Inglaterra de Capello en un duelo marcado por un error arbitral imperdonable en el siglo XXI

IGNACIO TYLKO
BLOEMFONTEIN Actualizado:

Han pasado 44 años pero las normas del fútbol no evolucionan, quizá para que la polémica retroalimente el negocio. Entonces, Alemania perdió en Wembley una final del Mundial porque Gottfried Dienst, un árbitro suizo, concedió un gol ilegal del inglés Hurst. El balón se estrelló en el larguero, botó y no entró, pero el juez de línea soviético se equivocó. La televisión en blanco y negro, era tecnología punta. Este domingo, en Bloemfontein, se produjo la venganza.

El duelo se cerró con una danza alemana, con un 4-1 inapelable para una selección con pinta de poder luchar por el título, pero una acción marcó su desenlace. Un trío arbitral uruguayo lío la mundial en octavos. Era el empate a dos, un golazo de Lampard. Su balón bombeado dio en el travesaño, botó unos dos palmos dentro, volvió a pegar en el larguero y lo recogió el portero Neuer, alucinado. Todos aceptaban las tablas provisionales menos el charrúa Jorge Larrionda y sus secuaces.

Un error de campeonato, mucho más grave que aquél. Porque la jugada fue mucho más clara y, sobre todo, porque en esta ocasión el partido se ofrece hasta por los videomarcadores del estadio. No conceder ese tanto en pleno siglo XXI y en un Mundial tendría que ser un delito de cárcel. Peso así está montado el circo de la FIFA, al margen de las más elementales normas de la lógica.

La vieja máxima

El caso es que se cumplió la vieja máxima de que el fútbol siempre ofrece una segunda oportunidad. Para desgracia de los ingleses, indignación de Fabio Capello, que ya había festejado el gol desde el banquillo, y estupefacción de David Beckham, que apareció en el banquillo con un traje gris de jugador de ‘snooker’.

Esa acción, indigna en un deporte moderno, no debería empañar un partido colosal de Alemania, que desnudó el sistema de Capello, primero con un arranque demoledor y luego con un contragolpe extraordinario. Otra vez, el turco Özil y el emergente Müller hicieron las delicias de los aficionados imparciales, entregados a la ofensiva teutona, a un Joachim Löw que alinea a delanteros y a un enganche. Y de nuevo, los porteros ingleses dieron que hablar. Green erró como un alevín ante Estados Unidos y James, su sustituto, se comió dos balones por su poste en el primer partido a vida o muerte. Dos calamidades.

El comienzo fue digno de unos tricampeones con un apetito voraz, un físico superlativo y una moral a prueba de bombas. Con una combinación excelente de dinamismo, plasticidad y practicidad, los de Löw pasaron por encima de los ingleses en la mejor primera media hora del Mundial.

Özil, extraordinario entre líneas y cayendo a la banda derecha, y Müller, con esa zancada de atleta característica, profundizaron entre las líneas enemigas. Ashley Cole, lateral de largo recorrido que con frecuencia mide mal los tiempos, se veía muy solo. Lógico, ya que el centrocampista tirado a esa banda era Gerrard, que ahí ataca mal y defiende peor.

Klose puede con todos

Alemania disfrutó de otro futbolista magnífico. Había echado en falta a Klose contra Ghana pero le recuperó en su mejor versión. Mantuvo el balón, se peleó con todos, se vino a banda, se revolvió como un enano en el área pequeña y anotó su gol, como siempre. Resulta extraño que el ariete de origen polaco sea suplente del croata Olic en el Bayern.

El primer gol ridiculizó a la retaguardia inglesa. Un saque largo a balón parado del portero, una porfía en la que Klose gana a Upson y un remate de un ‘9’ perseverante, no de esos que se tiran al recibir el primer contacto. Podía haber pedido agarrón y expulsión pero marcó cayéndose, con ambición y cabezonería alemanas. El segundo fue extraordinario. Klose vio el agujero inglés, se vino a la cal, combinó con Müller, éste con Podolski y el otro ‘polaco’ de Alemania se aprovechó del hueco dejado por James.

Con todo perdido, los ingleses se olvidaron de tácticas ‘capellianas’ y se pusieron a jugar a todo trapo, como si fuera un partido de la ‘Premier’. Sin pamplinas, al todo o nada, al muero o mato. Y en un ratito se metieron de lleno en la ‘final’. Neuer, el discutido portero del Schalcke, abortó una llegada de Lampard, pero luego salió de pena y permitió el cabezazo de Upson, que se resarcía de su error en el gol de apertura. Poco después, el medio del Chelsea protagonizó esa jugada para la historia.

Lo mejor del caso es que los ingleses casi no protestaron, algo impensable en cualquier otro país con una filosofía diferente del deporte. Orgullosos, intentaron desmelenarse en la reanudación pero firmaron su rendición. Dos contragolpes impensables para un equipo de Capello que atacaba con todo. Demasiada ventaja para Müller y sus socios. Otra batalla histórica que dejará consecuencias. Los primeros ‘muertos’ serán uruguayos. No pitarán más en Sudáfrica y pasarán a la antología del disparate.