Valverde durante el partido en Anfield - AFP / Vídeo: Valverde asegura que no se plantea dimitir
Fútbol

Valverde valora abandonar el Barça

Desencantado por las críticas que ha recibido, al igual que el año pasado a pesar del doblete, el técnico medita irse. Ya lo hizo en el Espanyol en 2008

Griezmann, fichaje cuestionado en el Camp Nou

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El fútbol moderno avanza tan deprisa que no hay tiempo para disfrutar de los éxitos ni analizar las derrotas. El ayer ya no vale, aunque esté trufado de trofeos. Solo así se puede explicar que un entrenador que haya ganado dos dobletes consecutivos pueda salir por la puerta de atrás de un club que hace un par de décadas estaba escuálido de Ligas o de Copas. Es la realidad de un Barcelona que vive pendiente de lo que pueda pasar en la final del próximo 25 de mayo ante el Valencia para decidir qué hace con Ernesto Valverde.

El pasillo del Getafe les sabe a poco. La debacle de Liverpool marca el presente y el futuro de la entidad catalana. Solo una semana después de celebrar el título de Liga, el Barcelona vive en una profunda depresión que desembocará en la remodelación de una plantilla envejecida y agotada, exprimida, que lo ha ganado todo a nivel nacional pero que lleva cuatro temporadas estrellándose en Europa, objetivo prioritario en la hoja de ruta de Josep Maria Bartomeu.

El año pasado, desde la planta noble de Arístides Maillol, ya se puso en entredicho la continuidad de Valverde tras la humillación de Roma. Solo el doblete podía salvarle. El vestuario reaccionó arropando a su técnico y goleando al Sevilla en la final de Copa. Ahora, ni siquiera la final ante el Valencia asegura la continuidad de un técnico que se coronó campeón de Liga a falta de tres partidos para la finalización del campeonato y que, de momento, mantiene al segundo clasificado a once puntos y al Real Madrid a dieciocho.

Pero las dudas sobre la continuidad de Valverde son recíprocas. El entrenador está valorando la posibilidad de rescindir su contrato en cuanto se dispute el último partido oficial. A pesar del acuerdo al que ambas partes llegaron en febrero para hacer efectiva la cláusula de renovación hasta 2020, los últimos acontecimientos han generado dudas en los actores principales y cambios en el escenario.

Se siente encarcelado

«Me siento con fuerza, estoy bien. Con ganas de dar un paso al frente. No voy a esconderme debajo de una piedra», aseguraba Valverde antes de la disputa del partido ante el Getafe, el siguiente tras la contundente eliminación ante el Liverpool. No obstante, reconocía que «me siento como en ‘La gran evasión’. Como Steve McQueen. Cada vez que estoy a punto de lograrlo, vuelvo a la celda de castigo. Me acaban de coger y estoy en la celda de castigo». El desencanto que sintió tras sentirse cuestionado el año pasado ha regresado en forma de autocrítica. Ha recibido el respaldo de Josep Maria Bartomeu pero la vitola con la que debería cargar la próxima temporada tras las dos eliminaciones europeas sería una mochila demasiado pesada. Valverde no es un entrenador que se aferre al cargo. Es íntegro, sincero y siempre va de cara. No acaba de entender los motivos por los que se le cuestiona con un doblete en la vitrina y otro en camino, mas allá de la Supercopa que ganó este pasado verano.

Desde su entorno se deslizan todas las trabas contra las que ha tenido que pelear y que parece que no se valoran desde el entorno. Nada más firmar por el Barcelona se encontró con la fuga de Neymar, uno de los puntales del equipo, al PSG, la lesión de Dembélé, la marcha de Iniesta, el traspaso de Paulinho, fichajes que no pidió y salidas que no autorizó. Motivos suficientes como para que pida la cuenta a finales de mes si consigue alzar la Copa.

El precedente del Espanyol

No sería la primera vez que Valverde abandona el cargo teniendo contrato en vigor por no estar de acuerdo con la política de un club o por sentirse incómodo. En 2008 renunció a seguir en el Espanyol para no tener que soportar el enrarecido ambiente que vició el vestuario perico. No le importó renunciar al millón de euros de su contrato. Tras haber llevado a los blanquiazules a la final de la Europa League rehusó el año de contrato que le quedaba para marcharse a Grecia. Eso sí, hasta el último minuto estuvo trabajando para el equipo catalán, planificando su futuro, como ahora lo está haciendo en el Barcelona. Aunque no siga el próximo año.

El apoyo del vestuario

Respetado en Valencia, idolatrado en Olympiacos, apreciado en el Espanyol y adorado en Bilbao, solo le despidieron en el Villarreal (2009). No quiere que le pase lo mismo en el Camp Nou y prefiere abrir la puerta antes de que le inviten a salir. Valverde tiene el respeto y el aprecio del vestuario, que el año pasado se volcó con él cuando trascendió la posibilidad de que la directiva le destituyese. Su sintonía con Messi es aval suficiente. Tanto como para convencer al astro argentino de que descanse apaciguando cualquier movimiento sísmico.

La debacle ante el Liverpool no le ha restado apoyos. «Soy de los que piensa que tienes que valorar las cosas al final, por toda la trayectoria. Nosotros estamos unidos, entre los jugadores y con el staff. Desde el primer jugador hasta el último y en todos los partidos. Hay debates, pero estamos al margen», apunta Busquets. Y Jordi Alba se le suma: «Estamos muy contentos con Valverde. Espero que continúe, porque me ha dado la vida». Por si acaso, el club ya busca sustitutos para el próximo año.