Salah, en el duelo de la Champions League entre el Liverpool y la Roma
Salah, en el duelo de la Champions League entre el Liverpool y la Roma - Reuters
Patrocinado por:Santander
Premier League

Salah, goles en el nombre de Alá

Referente para los musulmanes e ídolo en Egipto, el jugador del Liverpool evita apariciones públicas y esconde sus afinidades políticas

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Cada vez que Mohamed Salah mete un gol, y este año ya ha marcado 43, diez de ellos en Champions League, repite dos cosas. Primero abraza a sus compañeros, segundo, se postra repitiendo el movimiento que todo musulmán realiza durante la oración (sujood, en árabe). Siempre tranquilo, sin grandes aspavientos, ni gritos. Una mesura alejada de la efusividad de otras estrellas, que ya empieza a tener un impacto directo entre sus seguidores como recogen los vídeos colgados por aficionados ingleses en las redes en los que los niños repiten el gesto piadoso de Salah tras marcar un gol. La afición del Liverpool ha captado perfectamente esta postración de agradecimiento a Alá y ha compuesto incluso una canción homenaje al delantero egipcio en la que los hinchas de la grada del mítico Anfield cantan: «Mo Sa-la-la-la-lah, Mo Sa-la-la-la-lah (…) Si metes más goles yo también me hare musulmán».

El dorsal 11 del Liverpool, que el martes deslumbró al mundo con sus dos goles y dos asistencias contra la Roma en el partido de semifinal de Champions League en el que su equipo se impuso por 5-2, ha sido elegido «Jugador del año», el primer egipcio que consigue este galardón en la historia de la Premier League y el segundo africano, después de que en 2016 el título recayera en el argelino del Leicester City, Riyad Mahrez. Salah se puso un traje negro, pajarita y camisa blanca para recibir el trofeo y acudió a la ceremonia con su pelo rizado alborotado y su inseparable barba, un look criticado por periodistas egipcios como Salah Montasser que pidieron a Salah un corte de pelo y, sobre todo, un afeitado. Como no se le puede criticar a nivel deportivo, algunas voces también le achacan su falta de compromiso con el país por no haber realizado el servicio militar obligatorio. El delantero sonrió y agradeció el premio, pero apenas habló con la prensa, como es habitual, y tampoco se le vio con su mujer, Magy Mohamed, en público.

El matrimonio tiene una hija, Makka (nombre en homenaje a la ciudad santa), y reside en Cheshire, donde tenía Cristiano Ronaldo su mansión cuando era jugador del Manchester United, pero apenas se conocen detalles de la vida privada de un futbolista que esta semana ha superado los 5 millones de seguidores en Twitter. Este perfil público tan bajo podría ser, según periodistas egipcios consultados, fruto de su carácter conservador y de los consejos del futbolista egipcio ya retirado Mohamed Abu Trika, por quien Salah no oculta su admiración, y quien le habría recomendado hablar solo en el campo y, sobre todo, no meterse en temas políticos relacionados con Egipto.

Ídolo nacional

Europa abre los ojos ante la explosión de un nuevo crack que disputa el trono de goleador en las ligas europeas a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pero en Egipto el delantero se ganó ya el título de ídolo o «faraón» en octubre, cuando marcó el penalti decisivo en el partido contra Congo que abrió las puertas del Mundial al país después de 28 años de ausencia. Nacido hace 25 años en la provincia de Gharbia, al norte del país, el paso por Suiza (Basilea), Italia (Fiorentina y Roma) e Inglaterra (Chelsea y Liverpool) no ha hecho que se olvide de unos orígenes muy humildes en aldea de Nagrig. Salah no ha escatimado a la hora de enviar dinero a este lugar para reparar el gimnasio o levantar un nuevo campo de fútbol, según destaca la prensa egipcia. El ahora futbolista del Liverpool quiere que los niños lo tengan más fácil que él, que cuando empezó a jugar se pasaba ocho horas cambiando de autobuses para poder ir y venir desde su pueblo al lugar de entrenamiento, según recoge un perfil publicado por la cadena BBC.

El extremo zurdo se ha convertido en una figura que une a los egipcios en una etapa política complicada después de la revolución de 2011, que acabó con tres décadas de dictadura de Hosni Mubarak. Sus actuaciones son aplaudidas tanto por el sector oficial del régimen, como por los simpatizantes de los Hermanos Musulmanes, pero siempre se ha mantenido alejado de cualquier expresión política. Su gran ídolo, Abu Trika, hizo campaña a favor de los Hermanos Musulmanes en 2012 y después del golpe de estado de Abdel Fatah Al Sisi tuvo que huir del país y buscar refugio en Catar. Ese efecto cohesionador se siente también a nivel de calle porque es un futbolista que no ha pasado ni por el Al Ahly ni por el Zamalek, los dos grandes clubes de El Cairo, por lo que genera una simpatía sin límites entre todos los aficionados al fútbol, sin excepciones.

El Arab Contractors (El Mokawloon), un equipo modesto de la mitad de la tabla, fue el primer club de un Salah que en 2012 dio el salto a Europa de la mano del Basilea, donde después de dos grandes temporadas fue traspasado al Chelsea. En Londres se encontró con un José Mourinho, que no le dio muchas oportunidades y fue cedido a la Fiorentina y Roma, club que decidió ficharle gracias a sus buenos números. El verano pasado llegó al Liverpool a cambio de 42 millones de euros, fue el fichaje más caro de la historia delos Reds, pero ese fue solo el primero de los récords que ha roto desde que su zurda comenzara a dar lecciones magistrales en Anfield.