Sergio Ramos lleva 405 minutos con Luis Enrique - REUTERS
Selección española

Los cuatro pilares de Luis Enrique

Entre tanto cambio, De Gea, Ramos, Busquets y Rodrigo son los únicos titulares indiscutibles para el seleccionador

MadridActualizado:

Van desfilando los jugadores por la pasarela de Las Rozas, mezclados unos con otros porque la variedad permite que no se monten los habituales grupillos en función de afinidades. Manda Sergio Ramos, que aquí es más capitán que nunca, encantado y dispuesto a tener una foto que le falta. Tiene varias levantando la Champions con el Real Madrid una vez tomó el relevo de Íker Casillas en la casa blanca, pero precisamente le falta esa imagen con la selección en el podio, pues en la época de alegrías era el portero quien llevaba el brazalete de España. Con todo, Ramos es el líder incuestionable de este grupo y su relación con Luis Enrique es estupenda desde el primer saludo, mucho mejor de lo que cabía imaginar en un principio ya que se daba por hecho, con cierta lógica conociendo a ambos, que chocarían. De momento, todo flores y caricias, básico el central en un equipo por definir en el que, sin embargo, hay una columna vertebral muy estable.

De siempre, los entrenadores han tendido a buscar a un futbolista por línea para, a partir de ahí, desarrollar todo lo demás. Es cierto que Luis Enrique ya ha citado a 41 futbolistas si se cuenta a Fabián Ruiz (ayer se le iba a dar de alta después de confirmarse que sufre gripe A y que deja la concentración) y ha utilizado a 32, cogiendo de aquí y de allá para darle sentido a este equipo revolucionado. Pero esta selección ha contado con cuatro fieles en todos los partidos oficiales (doble choque ante Inglaterra y Croacia en la fase de clasificación para la final a cuatro de la Liga de las Naciones) y todo apunta a que no se van a mover del once para la cita del sábado ante Noruega. Se trata de David de Gea, del mencionado Ramos, de Sergio Busquets y de Rodrigo Moreno.

Nadie se atreve a cuestionar el protagonismo de los cuatro discípulos de Luis Enrique, pues han estado siempre más allá de las tertulias justificadas por actuaciones discutibles. De Gea, sin ir más lejos, mantiene un perfil bajo con la selección también en esta era, como si el cortocircuito del Mundial de Rusia fuera irreparable. Ídolo y héroe en el Manchester United, cuando está con España parece un flan y genera cierta sensación de inseguridad, pero Luis Enrique no duda.

Aterrizó en Las Rozas diciendo que tenía clarísimo quién debía proteger la cueva y siempre ha puesto a De Gea por las nubes, incluso después de alguna noche negra. Es más, están perfectamente definidos los roles ya que los suplentes han sido siempre Kepa y Pau López, la única línea que no ha admitido cambios. Con Luis Enrique, De Gea lleva 405 minutos.

Ramos y el récord

Exactamente los mismos acumula Sergio Ramos, disparado hacia la exclusividad que le concederá el superar a Casillas, no a mucho tardar, en internacionalidades (lleva 161 por 167 del guardameta). Ramos manda dentro y fuera del campo y ha establecido un vínculo muy cercano con Luis Enrique, así que ya solo falta encontrarle una pareja estable en el eje de la zaga. Es esa una posición problemática porque no abundan centrales, y también hay que tener en cuenta que el andaluz va sumando años (cumple 33 el día 30 de este mes). De momento, es la referencia, el principal estandarte de este equipo.

El segundo capitán es Busquets (111 tardes con la selección), al que todavía le queda algo de cuerda por muy inquietante que sea la presencia de un calco como Rodri. Busquets no es el que más minutos suma con Luis Enrique (328), pero el técnico, como sus antecesores, necesita al centrocampista en plenitud.

Puede que la apuesta más llamativa del asturiano esté arriba. Ahora mismo, Rodrigo Moreno es el delantero indiscutible de España. Tanto es así que es el único al que ha utilizado en los seis encuentros que lleva al mando y ha sido titular en los cuatro duelos de competición, sumando dos goles. En el permanente debate del «9», Luis Enrique tampoco duda y se entrega a la velocidad, la lucha y al olfato del valencianista, el cuarto jinete de una base, hasta el momento, innegociable.