Qatar 2022: lujo, intrigas, agujeros negros y mucho calor
Operarios trabajan en la construcción de las sedes para el Mundial de Qatar 2022 - afp
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Qatar 2022: lujo, intrigas, agujeros negros y mucho calor

Qatar planta cara a las polémicas que rodean al Mundial y demuestra su fortaleza económica con el diseño de una cita cinco estrellas

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Qatar hace los deberes, cumple y paga. Los responsables del Comité Organizador del Mundial de Fútbol de 2022 están convencidos de que hasta ahí llegan sus responsabilidades. Se consideran al margen de los revuelos mediáticos a cuenta de las elevadas temperaturas, de las denuncias de soborno y de compra de votos para la elección de la sede, de las presiones e influencias políticas, de las eternas dudas sobre las fechas, de las sombras en el respeto de los derechos humanos y hasta de las sospechas de brutal explotación laboral de los miles de inmigrantes empleados en la construcción de las infraestructuras.

A pesar de ello, las revelaciones del diario «The Guardian» sobre la muerte de al menos 44 trabajadores empleados en obras para el Mundial por problemas de corazón o accidentes laborales han hecho mella. En Occidente han escuchado con enorme preocupación informaciones que apuntan a que los inmigrantes no tienen acceso al agua, que no cobran y que sus pasaportes permanecen confiscados. Hassan al-Thawadi, secretario general del Comité Supremo de Qatar 2022, se ha apresurado a desmentir las noticias: «El Mundial no se está construyendo sobre la sangre de los inocentes».

El punto fuerte de Qatar es su potencial económico. Este pequeño reino del Golfo Pérsico, con algo menos de dos millones de habitantes, quiere superar los obstáculos a base de dólares. Incluso pretende disminuir a límites asumibles los 50 grados de su insoportable verano, hasta ahora principal escollo de una candidatura que, por más puntos negros que presentó en 2010, se impuso a países como Estados Unidos, Australia, Japón y Corea del Sur, cuyas autoridades aún claman por la «injusticia».

No les importa que Barack Obama dijera que la FIFA se «equivocó» al elegir a Qatar. Y mucho menos que Australia se esté pensando reclamar una compensación de 25 millones de dólares por sentirse damnificada. Confían en sus posibilidades: tienen, además de mucho dinero, la certeza de que albergarán una competición que les situará definitivamente como punto destacado en el mapa de los grandes del deporte. «Oriente Medio merece ser anfitrión de un torneo importante», aseguró Al-Thawadi.

En su foro interno piensan que lograr la cuadratura del círculo para salir del laberinto en el que entró el Mundial de 2022 tras la elección de Qatar es cosa de otros, se celebre la competición en verano o en invierno. Entre ellos del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que ha reconocido que la candidatura qatarí se impuso porque «jefes de gobierno europeos aconsejaron a sus miembros que votaran a su favor» influenciados por «intereses económicos importantes con ese país». Ha llegado a declarar incluso que la elección fue un error, aunque después matizara sus palabras. En el centro de las sombras está Michel Platini, presidente de la UEFA, que días antes de las votaciones fue invitado a una cena privada con el entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy, y con el emir de Qatar, el Jeque hamd al Thani.

Una empresa titánica

El principal aval de Qatar son los 200.000 millones de dólares que ha puesto encima de la mesa, según un informe publicado por la Agencia Deloitte. Estarán destinados a infraestructuras que incluyen desde estadios con fachada de oro —Qatar University— y paredes recubiertas con pantallas que permitirán seguir los partidos desde todos los ángulos —Al-Rayyan—, a aeropuertos, carreteras, hoteles y redes de metro con diseños y tecnología del futuro.

Han anunciado siete sedes que contarán con 12 estadios, la mitad de ellos ubicados en Doha, capital del Estado. La mayor parte tendrá capacidad para unos 45.000 espectadores y sólo dos superarán los 65.000: Lusail Iconic, 86.250, y Khalifa Internacional, 70.000, ya construido. Cuatro estadios están en uso, de los cuales tres serán remodelados, y los demás se encuentran actualmente en construcción o pendientes de inicio. Queda tarea, pero hay dinero. Miles de millones de riyales. Y tiempo. Habrá estadios asentados en penínsulas artificiales. Con forma de barcos tradicionales, de tiendas árabes, de conchas marinas y de diamantes. Reproducciones de fortalezas y de oasis. Y otros tendrán techos móviles y solares. Todo ello en pro de un deporte, el fútbol, que a nivel local no despierta pasiones. El nivel de la mayoría de los equipos que juega su liga es de Tercera División. Y los mejores pueden alcanzar la Segunda B. No más.

Pero Qatar continúa a toda máquina su ruta hacia el que puede ser el primer Mundial de Fútbol disputado en invierno. Aún faltan nueve años para la cita y sus detractores no ceden. El antídoto que preparan en el país con mayor renta per capita del planeta —80.000 dólares— es un campeonato cinco estrellas.