El ciclista español Enric Mas, durante la decimoséptima etapa de la Vuelta a España
El ciclista español Enric Mas, durante la decimoséptima etapa de la Vuelta a España - EFE

Vuelta a EspañaEnric Mas quiere el oro

«Lucharé por la Vuelta», avisa el tercero en la general, que estuvo «a punto de abandonar» por enfermedad

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El Quick Step ha aparcado el último en Ejea de los Caballeros. Al fondo, un hilera de escolares aprovecha la mañana libre. La Vuelta les ha regalado unas horas de recreo extra. Esas cosas no se olvidan. Seguro que para siempre le tendrán cariño al ciclismo. Los niños, conducidos en racimo por sus maestras, posan en cada autobús. Fotos. Al llegar al último, al Quick Step, repiten. Ojos como platos. Tienen 8 años, 15 menos que Enric Mas, que tiene 15 menos que Alejandro Valverde. El mallorquín y el murciano le disputan esta Vuelta a Simon Yates. Mas saluda a la chavalería. Aún no le conocen. Uno de los críos le llama ‘Contador’. No se equivoca del todo. Algo de eso hay. Incluida la ambición, el hambre. Cuando a Mas le preguntan si firmaría el tercer puesto que ocupa en la general, coge aire para no precipitarse en la respuesta y salta: «Bueno, firmaría del tercero para arriba».

Luce buena dentadura. Depredador. Con 23 años no tiene nada que perder. «Mi techo está en Madrid», se atreve. Lleva días repitiendo que la tercera semana es la suya. La Vuelta le ha dado una segunda oportunidad tras ponerle contra las cuerdas hace unos días. Fue en la jornada de descanso de Salamanca. Un mal catarro, una gripe. Y fiebre. Pasó esa jornada sudando, con tembleque. El termómetro no bajó esa noche. Débil, se presentó en la Plaza Mayor de Salamanca para la salida de la décima etapa: 177 kilómetros hasta Bermillo de Sayago, donde iba a ganar su compañero de equipo Elia Viviani. Era un día para el sprint, casi llano. Y resultó una tortura para Mas. «Llegué a pensar en retirarme. Lo pasé muy mal», desvela. Superó ese mal día. Miguel Induráin decía que las grandes vueltas se ganan en los días malos, en cómo se salvan en silencio esas crisis. «Esa noche ya dormí bien y desde entonces he ido a más».

El sueño es un buen test para la recuperación de un organismo triturado a diario por horas de pedaleo. «Hoy -por ayer- también he dormido bien. Eso es que me he recuperado del esfuerzo en la subida a Oiz», apunta. El Balcón de Bizkaia asistió a su confirmación como candidato al podio. Mas fue el mejor de los aspirantes a la Vuelta. Entró tirando de Valverde y con 8 segundos de renta sobre Yates. López cedió unos metros más. Y Kruijswijk y Quintana se dejaron un minuto. En la general manda Yates, con 25 segundos sobre Valverde y 1.22 sobre Mas. López está a 1.36. Kruijswijk, a 1.48. Quintana, a 2.11. Y Ion Izagirre, a 4.09. Enric Mas ya no mira a los que le siguen, sino a los dos que le preceden. «Sé que lo mismo que puedo ir hacia arriba puedo ir hacia abajo, pero...». Pero busca su techo. Un lugar en el podio de Madrid. El más alto posible. Tímido por fuera; voraz por dentro. «Lucharé por la victoria en la Vuelta». Esa frase le resume.

En la cima de Oiz, Alberto Contador se acercó a saludarle. Se hicieron una fotografía juntos. El madrileño ve en Mas su propia imagen en el espejo. El ciclista del Quick Step estuvo en la Fundación Contador cuando era juvenil y sub’23. Compartió incluso una concentración con el equipo Tinkoff, encabezado entonces por el ganador del Tour. Contador le eligió. Algo vio en él. Pero semejante talento deslumbraba. Otros lo detectaron. Y fue Josean Fernández, ‘Matxin’, el que le tentó con una oferta: un puesto en el filial del Quick Step. Mas optó por ese camino.

Sigue en esa factoría belga, especializada en clásicas y en forjar ciclistas potentes. Mas es allí una excepción. Un escalador capaz de vencer en la cima de Arrate en la pasada Itzulia. Y es cada vez más completo. En la contrarreloj de Torrelavega mostró su evolución. Entre los que pelean por el podio, sólo Kruijswijk le superó. Buen síntoma. Esa tarde, todos los auxiliares del equipo belga le abrazaron. Si con ese perfil de escalador es capaz de rodar así... Cada vez se ajusta más a la silueta de Contador. Alcanzar su altura es un reto casi imposible. Mas, a su manera, lo intenta. «Aún me queda mucho por aprender, pero sí, me gusta cómo corría Alberto». Le pisa el rastro.