Blanca Fernández Ochoa, celebrando en el podio su bronce en Albertville 1992 - EFE

El vertiginoso descenso con el que Blanca Fernández Ochoa despertó al deporte español

La madrileña, en Albertville 92, se convirtió en la primera española en colgarse una medalla olímpica

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Blanca Fernández Ochoa, última hora en directo

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Blanca Fernández Ochoa, cuyo cuerpo sin vida ha aparecido este miércoles, es historia del deporte nacional porque fue la primera mujer española que ganó una medalla olímpica, un bronce en el eslalon de los Juegos de Albertville 92 (Francia), cuatro años después de que el podio se le hubiera escapado en Calgary por una desgraciada caída. Luchadora incansable, no arrojó la toalla y cuatro años después se colgó la medalla que tanto ansiaba.

Tras la decepción en Calgary (Canadá),Blanca Fernández Ochoa consiguió sacarse la espina en Albertville. Aquel jueves 20 de febrero de 1992 quedó para siempre en su memoria y también en la de todo un país porque la madrileña se convirtió ese día en la primera medallista olímpica española. Un hito que se le escapó en 1988, cuando parecía tener garantizada una plaza en el podio después de marcar el mejor tiempo en la primera manga de la prueba disputaba en Naniska, a unos 100 kilómetros de la sede olímpica. Un fatídico resbalón en el segundo descenso rompía el sueño que nunca dejó de perseguir y que por fin pudo celebrar cuatro años después en Francia.

Blanca y su hermano Paco
Blanca y su hermano Paco - EFE

Blanca creció vinculada a la estación madrileña de Navacerrada, en cuya Escuela de Esquí trabajaba su padre. Hermana de Paco Fernández Ochoa, comenzó a practicar esquí con seis años. En 1992, tras casi una década en la élite, aspirando siempre a lo máximo, la madrileña inauguró un gran año olímpico para el deporte español que tuvo continuidad meses después en Barcelona. En Francia, la esquiadora sabía que afrontaba su última oportunidad de colgarse la medalla que tanto anhelaba y se entregó para conseguir ver cumplido el sueño de su vida. Como cuatro años antes, en Canadá, Blanca, luciendo el dorsal número 8, firmó una gran primera manga y se jugó la presea en la segunda. No hubo nervios, solo concentración y corazón, mucho corazón. En un descenso vertiginoso, acabó celebrando el bronce por escasas cinco centésimas. Un tercer puesto que su familia celebró como un oro. El que consiguió su hermano Paco en los Juegos Olímpicos de Sapporo (Japón) en 1972 en el eslalon especial.

En aquel histórico descenso en Albertville, la española marcó un tiempo de 48,25 segundos en la primera manga, lo que le colocó en la segunda posición. La segunda manga no fue tan espectacular, pero le sirvió para colgarse el bronce con un tiempo acumulado de 1:33,35. Solo la austriaca Petra Kronberger y la neozelandesa Coberger fueron más rápidas que ella. Aquella medalla fue un pago a la persistencia, al sacrificio de Blanca Fernández Ochoa, que, además, brilló en la Copa del Mundo. Ganó el gigante de Vail (EEUU), en 1985 y se impuso en tres pruebas de eslalon: las de Sestriere'88 (Italia), Morzine'91 (Francia) y Lech'92 (Austria). En total, obtuvo 20 podios.

La de Blanca fue la segunda medalla en unos Juegos de Invierno, después del oro con el que había sorprendido al mundo entero su hermano, al ganar el eslalon de los Juegos de Sapporo (Japón), veinte años antes. El año pasado, en los Juegos de PyeongChang (Corea del Sur), el ceutí de la federación andaluza Regino Hernández fue bronce en el boardercross de snowboard; y el madrileño Javier Fernández capturó idéntica medalla en el patinaje artístico. Ambos elevaron a cuatro la exigua nómina de trofeos olímpicos del deporte invernal español. Del que Blanca, pionera entre las mujeres, será por siempre una de sus principales figuras.

Blanca Fernández Ochoa fue recibida en Cercedilla por sus vecinos tras la medalla
Blanca Fernández Ochoa fue recibida en Cercedilla por sus vecinos tras la medalla - EFE