Clamor en el Parlament: «Levanten el sitio y dejen morir a la Fiesta en paz»

Clamor en el Parlament: «Levanten el sitio y dejen morir a la Fiesta en paz»

Crispación en la Cámara catalana por la comparación entre la ablación y el espectáculo taurino efectuada por los abolicionistas

MARÍA JESÚS CAÑIZARES | BARCELONA
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El ritual parlamentario exige oír la voz de los expertos. Otra cosa es que sirva de algo. Porque es improbable que el testimonio de los defensores y detractores de las corridas, un total de 14, que ayer acudieron en la Cámara catalana, puedan cambiar la opinión de los diputados catalanes que deben decidir si la Fiesta debe desaparecer, tal como pretende la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) presentada por una asociación abolicionista. Hubo argumentos de todo tipo: científicos, éticos, culturales... Y también momentos de tensión ante las enconadas posturas. Pero, sobre todo, mucha expectación respecto al desfile de comparecientes en la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento catalán, forzado por las prisas de un Gobierno tripartito por legislar a pocos meses de las elecciones autonómicas.

Abrió el debate un contundente Salvador Boix, apoderado del torero José Tomás, quien cuestionó la «voluntad aniquiladora» de las instituciones catalanas y el «animalismo de salón». «Les pido que levanten el acoso y nos dejen morir en paz», dijo Boix, quien también cuestionó la labor de los medios públicos catalanes, por silenciar la tauromaquia en favor de otras actividades más «catalanas».

El torero y ganadero José Miguel Arroyo «Joselito» aseguró que las corridas son un espectáculo de «vida, muerte, respeto y entrega» basado en «valores perdidos en esta sociedad». Asimismo, comparó las corridas «con el primer amor, en el que también hay crueldad y sufrimiento, pero no por eso se suprime». Arroyo no tuvo capacidad de réplica a las preguntas de los diputados, ya que las intervenciones se realizaron en su mayoría en catalán, idioma que, obviamente -es madrileño-, no conoce.

«¿Esto no duele?»

Por parte de los antitaurinos, el científico Jorge Wagensberg dio el golpe de efecto al exhibir en la sala unas banderillas y una espada. «¿Esto no duele?», preguntó a quienes defienden, como es el caso de la escritora Natàlia Molero, que el toro no sufre y que el dolor es un estímulo que enardece al animal. Molero rogó a los diputados que «no me obliguen a ir a Francia a ver los toros, tal como mis padres hacían para ver cine».

Asimismo, la doctora en Psicología por la Universidad Ramon Llull y vicepresidenta de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, Marilén Barceló, negó que el torero sea un individuo agresivo, sino un profesional que canaliza su personalidad a través de una actividad donde predomina «el esfuerzo y el respeto». Barceló dijo que los mismos criterios éticos que algunos antitaurinos aplican a las corridas podrían ser extensivos a los «castellers», donde niños pequeños escalan torres humanas con un gran riesgo para su vida.

Otra escritora, en este caso abolicionista, Espido Freire,calificó de «incomprensible» que alguien «disfrute con el dolor de una persona o un animal» e intentó rebatir la teoría sobre la condición artística de las corridas, pues distinguió entre el uso del amor, la muerte y la violencia con fines literarios, y la realidad del sufrimiento que se vive en la plaza.

Polémica intervención

El ex torero y presidente del Colectivo Andaluz contra el Maltrato Animal, Antonio Vicente Moreno, habló de «tradición cruel y aberrante» y explicó que en su pasado taurino veía «arte donde hay sangre, cultura donde hay tortura, y esplendor cuando lo que hay es un ser vivo que acaban de matar».

La intervención más polémica fue la del filósofo y catedrático de la Universidad de Barcelona, Jesús Mosterín, quien comparó las corridas con la ablación del clítoris o los secuestros en Sicilia porque «todo es tradición», indignó al diputado del PP, Rafael Luna. «Usted no es nadie para darnos lecciones de moral», dijo el popular. Patricia Gomà (ERC) y Francesc Pané (ICV) intentaron centrar la discusión en el terreno ético, mientras que David Pérez (PSC) y Josep Rull (CiU) insistieron en negar el debate identitario. El diputado de Ciutadans, Albert Rivera, subrayó la contradicción que supone prohibir la Fiesta y blindar los «correbous» -toros embolados o ensogados-, tal como se acaba de hacer en el Parlamento autonómico.

Las comparecencias contínuarán hoy.